Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: Barrancs

Aneto (3404 m)

Pico del Aneto  Situación: El Aneto es el pico más alto de los Pirineos. El macizo está en la cabecera del río Ésera en el municipio oscense de Benasque. Está íntegramente situado en España.
 Acceso: Todas las rutas parten desde la localidad de Benasque. Las rutas de su vertiente norte van recorriendo el valle de Barrancs o el de Paderna. El acceso por el sur es por el valle de Llosás y por el oeste es por el valle de Coronas. A decir verdad esta cumbre en verano tiene un acceso bastante complicado gracias a los graciosos gestores del Parque Natural Posets-Maladeta que tienen las entradas cerradas. Hay que usar un sistema de autobuses casi obligatoriamente que tiene unos horarios y servicio que deja mucho que desear.
 Fotos: Arriba vista del glaciar del Aneto fotografiado a mediados de julio de 1975. Si teneis ocasión de ver el glaciar ahora podreis comprobar fácilmente el “calentamiento” de la Tierra. Abajo una vista del macizo del Aneto desde la Tuca de las Culebras.
Pico del Aneto
 Curiosidad: En el año 1833 el Sr. Javier de Burgos hizo la actual y vigente división provincial española. El macizo del Aneto siempre se le ha atribuído un emplazamiento totalmente aragonés. La descripción de los lindes de las provincias hecha por el Sr. Burgos otorga, en esta zona, que los territorios que tributan al río Ésera son de Huesca y las aguas del río Garona son de Lleida. Resulta que se ha demostrado científicamente que las aguas del glaciar el Aneto van todas directas al Forau d’Aigüalluts y desde allí continuan al río Garona porque reaparecen en los Güells del Joeu. Gracias a este extraordinario fenómeno natural hay que atribuir geográficamente toda la vertiente norte del Aneto a la provincia catalana de Lleida y la sur a la aragonesa de Huesca. Visto así, el Aneto pasaría a ser la cumbre más alta de Catalunya en lugar de la actual Pica d’Estats.
 Fotos: Glaciar del Aneto visto desde la cresta de los portillones. La de arriba está hecha en el año 1985 y la de abajo en el año 1986.

Pico del Aneto
Pico del Aneto

  Foto: Otra para el recuerdo nostálgico del glaciar del Aneto donde podeis ver como las grietas llegaban a tener una profundidad de más de 50 metros …
Pico del Aneto
  Ruta normal: Cara noroeste (Glaciar del Aneto). PD inf (II). La ruta parte del refugio de La Renclusa (2110 m) y sube por el valle de Paderna por una ladera con bastantes placas de roca hasta llegar al pequeño collado del Portillón inferior (2745 m). En este punto se pasa al valle de Barrancs que está coronado por el gran glaciar del Aneto. En función de los años y de la nieve es posible encontrar el glaciar más o menos arriba. Caso de no haber mucha nieve hay un primer sector con unos grandes bloques de piedra con difícil transitabilidad. Una vez en el glaciar se prosigue la marcha hasta el collado de Coronas (3198 m) en el que algunos años hay el lago Coronado. Desde aquí queda un último repechón hasta llegar a la antecima del Aneto. De la antecima a la cumbre queda por superar el famoso Paso de Mahoma. Es de unos 50 a 100 metros, muy aéreo y de cierta dificultad técnica a la que hay que añadir las dificultades de tener que pasar junto con una gran cantidad de gente, cuerdas y todo tipo de personajes variopintos poco dados a ceder el paso. Hay unos 1300 metros de desnivel que se hacen en unas cinco o seis horas. Es una ruta de roca y glaciar. Hay peligro de grietas aunque suelen estar alineadas en el mismo sentido de la marcha.
Foto: Aspecto de las rimayas del glaciar del Aneto en la zona del collado del Medio.
 Otras rutas:
Vertiente norte (Aigüalluts). PD (II). Son unas ocho horas para los 2000 metros de desnivel desde el aparcamiento de La Besurta. Ruta poco transitada. Hay peligro de grietas porque nos las vamos a encontrar transversalmente con el sentido de la marcha y hay que pasar el Paso de Mahoma.
Vertiente suroeste (Coronas). PD (II+). Son unas siete horas para los 1400 metros de desnivel desde el puente de Coronas (1950 m). Ruta preciosa con muchos ibones. El acceso al collado de Coronas tiene peligro por la roca suelta y hay que pasar el Paso de Mahoma. Tiene un horario de autobuses bastante impresentable y la pista de acceso es bastante peligrosa por lo mal acondicionada que está. Ver la crónica “Campamento Taga XV: agua constantemente (I)“.
Arista este (Cresta de Salenques). D (IV). Desde el collado de Salenques (2810 m) hay unos dos kilómetros de cresta. Son unos 2000 metros de desnivel desde el aparcamiento de La Besurta. La gente dice que la hace rápido pero yo me tiré más de dos días. Escadada en roca. La zona de la brecha de Tempestades tiene la peor roca del itinerario al estar muy descompuesta. Ver la crónica ¿Quieres llegar a ser un divo? (Preliminares).
Arista sur (valle de Llosás). PD sup (II+). Son unas siete horas y unos 1400 metros desde el puente de Coronas (1950 m). Es una arista bonita, elegante y poco transitada. Ruta de roca y nieve.
Arista suroeste (Cresta de Llosás). D (IV). Son unas nueve horas y unos 1400 metros desde el puente de Coronas (1950 m). Es una arista clásica y poco transitada. Ruta de roca y nieve.
Cara Norte. AD (III). Son unas dos horas para unos 400 metros de desnivel desde el pie de la pared. Escadada en roca algo descompuesta y una rimaya complicada de cruzar.
Arista noreste (vía René Grange). AD (IV). Es una cresta larga y complicada que se puede hacer en unas tres horas para los 400 metros de desnivel desde el pie de la pared. Escalada en roca y una rimaya complicada de cruzar.
Arista noroeste (vía de los Descalzos). AD (III). Es la cresta que sale del collado de Coronas y va directamente a la cumbre pasando por el tresmil denominado Punta Arenas-Oliveras. Son unas dos horas para los 300 metros de desnivel desde el collado. Escalada en roca.
Canal oeste (vía Estasen). AD (III). Es una canal de nieve o hielo empinada y peligrosa. Hay una hora para los 200 metros de desnivel desde el pie de la canal. Escalada en hielo.
 Foto: Glaciar visto bajo una amenazadora tormenta que al final no tuvo lugar. Foto realizada en el verano de 1986.
Pico del Aneto
  Refugios: refugio de La Renclusa (2140 m) y refugio de pescadores (1950 m) situado en el aparcamiento de Vallhiverna. Son totalmente insuficientes para esta zona.
 Curiosidad: La cumbre del Aneto fue comprada por el Centre Excursionista de Catalunya para poner un refugio vivac en su cumbre que al final no se pudo construir.
 GPS (WGS84): 31T 308682 4722738.
dot MapasAneto y Maladeta editorial Alpina 1/25000 y Aneto-Posets-Maladeta IGN Rando 1/50000.
  Foto: Vista de la vertiente sur del macizo del Aneto desde el Tuc de La Castanesa. Foto realizada a finales del mes de junio del año 2.001.
Pico del Aneto
 Foto: Vista general del macizo del Aneto visto desde el Puerto de Benasque. Realizada a finales del mes de julio del año 1982.
Pico del Aneto

 

 

 

 

 

Campamento Taga XV: agua constantemente (I)

Una excursión realizada el 18 de julio de 1978.
A pesar de la oposición declarada al deporte del montañismo por grandes sectores de la población gerundense y del mismo colegio, más por ignorancia que por otra cosa, nuestra afición a la montaña no decae y las llamadas para organizar el campamento han sido más numerosas que nunca. Unos días en los que la gente desea pasar el calor submergiéndose casi desnuda en las azules aguas de nuestra Costa Brava sin pensar en las colas que habrá que hacer para poder llegar. Y es que cansarse por cansarse yo prefiero el Pirineo a las planícies. Menos mal que para neutralizar un poco la cosa nos han puesto un Governador civil que el campamento le debe agradecimiento por su jamón y otras delicias del mismo calibre.
PK está levantado desde las tres y todo el mundo llega puntual al lugar de reunión mostrando una cierta impaciencia para abandonar esta muy inmortal y a la vez muy contaminada ciudad de los cuatro ríos. Las ganas se acrecientan más si cabe cuando vemos llegar las cajas de melocotones un tercer domingo bastante caluroso de julio. Los coches se van llenando de cosas útiles y de gente. No encontramos ya respuesta a la pregunta de si falta algo más.
La despedida pasa por la desagradable aduana que es el río Guell rojo de sangre animal que nos empuja a salir cuanto antes a buscar las aguas puras del Pirineo. Antes de llegar a la fuente hemos de soportar el para y avanza de los barceloneses que van a tostarse la barriga a Castelldefels, los relieves suaves y huérfanos de vegetación de la zona de Cabra, el Segre a su paso por Lleida y su complejo piscinícola lleno a rebentar, el río Sosa totalmente seco pero con el recuerdo de una destrozadora crecida que hizo caer el puente que lo cruzaba, la alegre compañía de Pere F. y sus compañeros en Graus bajando del Aneto en un día precioso, la salida de la bajada del Ésera con piraguas, la dura prueba de ir detrás de un tractor cargado de paja a paso de pulga después de ir a velocidades vertiginosas, la compra de una docena de huevos y un pan de menos (compensadas con un bastoncito de más), las advertencias de PK en Benasque, y, finalmente, la cascada que hay llegando a la presa de Senarta que nos anuncia un buen remojón en el puente del Plan de Baños.
Recibidos los primeros encargos, y esquivando a los mosquitos, nos disponemos a poner las tiendas tarea difícil si tenemos en cuenta la gran cantidad de piedras y la inclinación del terreno, en el que nos hemos puesto por un mal entendido. Faena que no habrá más remedio que terminarla con la luz del butano. La cena tiene hoy un tanto de improvisación fruto de otro mal entendido. Pasamos con poca cosa pues tampoco es que hayamos gastado tantas energías a parte de los conductores. En la sobremesa se nota el sueño y otros factores psicológico-físicos por lo que en lugar de contar chistes salen encargos, historias pasadas y avisos para un futuro campamental mejor.
Lunes día 17 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las ocho. El agua helada del Ésera despierta nuestro físico. Un par de vasos de leche con chocolate deshecho, galletas y mermelada preparan nuestro estómago para la apretada mañana que nos espera a los acampados.
Los corazonistas han tenido el buen corazón de dejarnos el mástil y sólo hay que desplazarlo y clavarlo entre unas piedras que van de perilla. En la cocina se desarrolla una tarea de búsqueda de losas, limpieza de ortigas, cálculo de la situación del fuego y la instalación de un cordel para colgar los utensilios. Con más pena que gloria avanza la excavación de un hoyo para la basura y la fabricación de una mesa de tal forma que para la comida ya la podremos usar eso sí vigilando no te caiga el cubierto, vaso o catimplora entre el ramaje de su superficie.
Después del café la parábola del niño que rompía geranios saliendo enfadado del vestuario porque había perdido el partido y que fue invitado por el profesor a plantarlo de nuevo me hace pensar que es lo que deberían practicar muchos de los ecologistas vociferantes de hoy día. Los practicantes de la montaña no solemos ir a patadas pero sí podemos utilizar indebidamente el piolet, las manos o la palabra. Sea como sea, con estos pensamientos en la cabeza empezamos a preparar la ascensión al Aneto por el valle de Coronas.
Los que tienen la suerte de hacer el camino hasta Vallhiverna a pie gozan del largo encanto de ver la maravillosa colección de cascadas que cuelgan de los verticales relieves de este valle tan característico. Los que tenemos que sufrir la agobiante prueba de hacerlo en coche con el objeto de subir el material de acampada y las mochilas reciben, para no dormirse, pesadas lecciones de geografía pirenaica y geología lacustre adornadas de comparaciones tan burdas como las que se establece entre el Lago de Banyolas con los de Cregüeña y Llosás. También presenciamos el paso de un rebaño de 2800 ovejas conducidas por dos únicos pastores y dos perros que son realmente algo que pronto veremos extinguir. Prueba de ello son sus quejas hacia el Ayuntamiento de Benasque por dejar pasar vehículos por esta pista y que les hacen ir mal en sus tareas cotidianas.
Con pesadas mochilas y tiendas emprendemos el camino de Coronas a paso calmoso. Tendremos que sacarnos el pañuelo del bolsillo para secar el sudor que nos cubre el rostro. Las peladas y retorcidas montañas de Vallhivierna y Culebras ofrecen un contraste patente con la cascada que ruidosa baja entre la hierba y los matojos del primer ibón de Coronas y las afiladas losas manchadas de nieve de la cresta de Cregüeña.
Un trueno, modesto por su ruido pero funesto por lo que anuncia, es el toque de atención. Algunos se dan prisa para plantar las tiendas pero en realidad no les da tiempo ni a poner la primera. Con la misma destreza que habían utilizado para clavar los clavos se disponen a desclavarlos y salir a esconderse. La tienda bajo una piedra y los que la ponían en una cueva cercana que resultará apta para ver los destellos de los rayos aunque tengo un molestísimo goteo que me va justo a la oreja. Los que vienen detrás sólo han podido llegar a un pequeño montículo que da justo encima del ibón y no nienen mas remedio que tumbarse al suelo con la única protección de su mochila ante el gran viento y pedrizo que les cae. Con el desconcierto se dejan en el lugar piolets, crampones y algún anorak.
Nota del traductor: querría ampliar el dantesco espectáculo que tuvimos… Yo estaba al final de la comitiva. Ni siquiera habíamos llegado al montículo. Teníamos enfrente la cascada que cae del ibón. En el grupo íbamos casi diez personas. La gente estaba más que aterrorizada. Para muchos era su primera excursión a la alta montaña. Se vio clarísimamente cómo el viento llegaba a tener tanta fuerza que el agua de la cascada no llegaba a caer al suelo. El viento huracanado y encajado levantaba por completo todo el agua de la cascada y la subía un centenar de metros con una violencia increíble. Agua por doquier de la lluvia y de la cascada. Un pedrizo nunca visto. Un chaparrón de los que hace historia. A todo esto vociferando espoleaba a la gente para ir al refugio de la cueva. Pero… cuando veías los rostros de la gente se veía claramente la expresión del horror… no avanzamos ni un paso así… hubo que esperar a que amainara… Pero la aventura no acaba así… Continua el cronista.
Pasados los primeros espantos y remojones acabamos todos bajo la gran cueva y nos cambiamos la ropa los que podemos.
Nota del traductor: ¿todos? igual como lo del Astérix… ¿todos, todos? ¡No! Resulta que los ánimos van calmándose bajo la cueva poco a poco y la gente se empieza a organizar. Ha parado de llover. Yo en eso que un no sé porqué cuento a los que estamos allí… ¿y? Pues que me faltan dos. Vuelvo a contar… Sí me siguen faltando dos… Le digo a Robert que disimuladamente cuente él… Y llega a la misma conclusión que yo. Faltan dos. Decidimos Robert y yo no decir nada a nadie. A PK le decimos que nos vamos a mear. Empieza el rastreo… Nada por aquí. Un piolet por allá. Un peazo tienda en esa rama. Una bolsa de comida en unas piedras. Y… ¡Por fin! Nos encontramos a los dos que nos faltaban. Acurrucados. Abrazados. Llorando… ¡de miedo! ¡de terror! Se habían quedado allí inmóviles y allí se hubieran quedado estoy seguro de ello si nadie va a por ellos. Una vez tranquilizados regresamos con el grupo… Continua el cronista.
Cuando para de llover es pronto pero oscurece pronto. Nos disponemos a plantar de nuevo las tiendas cerca del ibón y cenar un poco. Una especie de espanto y sordera acaba adueñando a todo el mundo. Un “broncón” que se queda paradójicamente sin respuestas. Se empieza a trabajar en silencio. Sigue faltando más material. Objetos de valor como los piolets y los crampones son necesarios para poder mañana subir al Aneto. Por suerte dos voluntariosos se pasan parte de la noche rastreando las cercanías y acaban dando con todo lo que falta justo en la cumbre del montículo. Nos ponemos a dormir entre las doce y la una de la noche. Aparecen las estrellas en el firmamento y con ellas la calma que le sigue a toda tormenta.
Martes día 18 de julio de 1.978.
El más impaciente se levanta a las cuatro. Un viento frío te hace venir una piel de gallina. Cuatro estrellas hacen que alguien empiece a tocar un impertinente pito a estas horas tan inoportunas. Nadie hace mucho caso al toque de diana y la verdad es que hacen bien. Finalmente se decide a despertar al jefe con el infalible sistema de hacerle cosquillas y percusión aunque no logra su objetivo a la primera. El viento y el frío han parado. La voz acaba siendo secundada y abandonamos el campamento a las cinco y media. Cuando el cielo se aclara unas nubes finas y no muy dispuestas a moverse hacen acto de presencia por el sur. Las piernas empiezan a enflaquecer y presienten nuevas tormentas como la de ayer. Poco tardamos en empezar a pisar grandes manchas de nieve no muy dura.
La llegada al segundo ibón constituye una alegría muy reconstituyente puesto que además del espectáculo que representan sus aguas azules, heladas en su zona central, comprendo que hemos pasado lo peor, el tarteral de piedra, y que ahora toca el turno a la nieve y a pasear. El tercer ibón es más grande y está totalmente helado. El bacon y la limonada tienen mucho éxito a pesar de que no son tan buenos como otras veces.
La larga subida por nieve hasta el collado de Coronas no se hace excesivamente pesada ya que la nieve está normal incluso tirando a dura en algunos lugares por lo que decidimos encordarnos con una visión del Posets sumamente animadora. El ibón Coronado con el hilo de agua que lo cruza y abandona por un hueco en el hielo viene a ser un oasis en este desierto de nieve y hielo “de dos brazos de ancho y cuatro o cinco de largo” que es el glaciar del Aneto. Llegando a él todavía hace falta realizar un último esfuerzo hasta la cumbre. Las palabras del poeta lo recuerdan y viendo el mar de nieblas con pequeñas islas y levantando la cabeza tímidamente por encima de la Vall d’Aran y del Garona francés me permito pronunciar junto con Verdaguer sus versos…

“los núvols, que voldrien volar sins a sa testa,
si no els hi puja l’ala de foc de la tempesta,
s’ajauen a sos peus”.

Hay una rara calma del aire y eso que estamos por encima de los 3300 metros. El Sol deja sentir su carícia quemando nuestra cara y ablandando la nieve a nuestros pies de tal forma que casi me ahogo al andar en cordada muy lentamente. En las frecuentes paradas me entretengo a mirar la afilada cresta que del Coronas sale hacia la Maladeta y la gran cuenca que se forma bajo su protección, a La Forcanada que sobresale entre las nieblas y el Ibón de Barrancs que parece una gota de agua fundida al pie de un vaso de hielo. Después de estirar la cuerda unas cuantas veces llegamos a la plataforma que hay antes de pasar el paso de Mahoma. Son las once. Hemos de esperar que los grupos que han llegado antes que nosotros pasen este temible accidente geográfico. Una espera que se hace larga sin el líquido elemento y sin nada sólido que poder echarse al estómago. El corto trayecto hasta la cumbre más alta del Pirineo es algo más que entretenido y culmina en la cruz y la Pilarica que lo presiden.
Desde aquí se puede apreciar a la cresta sur que parece asequible junto con las paredes que flanquean el Tempestades. Las fotos de ritual. La alegría es desbordante para muchos que han logrado su primer tresmil.
En la bajada la nieve se hunde más, aunque no en exceso, hasta el collado de Coronas. Encontramos a varias cordadas que justo ahora estan subiendo y una de ellas viene del Coronas que nos explica que allí la nieve está más dura. El agua del ibón Coronado sirve para llenar las catimploras de vitaminas que nos hacían mucha falta y para imprimir un poco de cautela a nuestros movimientos en el siguiente tramo del camino. La cuerda para muchos resbalones y acaba presenciando formas de descenso un tanto peculiares.
Una dosis de preocupación y tristeza nos entra cuando oímos gritos de socorro y pánico mientras vemos caer y chocar con las piedras de la vertical brecha inferior de Llosás a un excursionista que la pretendía bajar sentado cuando nosotros estamos en el segundo ibón de Coronas. Intentamos hacer algo enseguida y en su auxilio pero vemos como los compañeros suyos llegan y nos indican que no es necesario que subamos por lo que marchamos desconociendo la magnitud del accidente. Mientras, los primeros que han bajado han desplantado las tiendas y emprendemos entre fuentes y cascadas por todos los lados la bajada hasta la pista.
Llegando al campamento base las cosas han cambiado un poco para hacer la cosa más emocionante. El río baja mucho más caudaloso y acelerado por debajo del puente de troncos, el viento ha tumbado un par de tiendas y ha repartido por doquier todos los objetos de la cocina. Sacrificamos el baño, ya que el Sol también se ha ido, con el objeto de arreglar pronto los desperfectos y hacer una comida-cena ya que hay hambre y tampoco se va a cocinar nada más. Una nueva tormenta traslada al estado mayor del campamento a Los Baños de Benasque y en el bar se respira un ambiente muy amigal y familiar al ritmo de las melodías de Antonio Machín. En el campamento hay alguien que ha estornudado tan fuerte (no es exactamente así) que ha hecho caer el palo de la tienda y acaban siendo infructíferos los esfuerzos para levantarlo de nuevo por lo que acaban durmiendo con la cosa tal cual. Mañana será otro día.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

A la conquista de los más altos

Una excursión realizada el 24 y 25 de junio de 1977.
San Juan es fiesta para los catalanes. Por San Juan empieza el verano equinóctico -aunque en este año todavía no se ha notado mucho- y la gente lo celebra: unos bailando en la discoteca, otros comiendo una rica coca en casa, otros tirando petardos y haciendo ruido, otros cantando y bailando alrededor de un fuego ya sea arriba en una montaña o en la plaza de un pueblo. Algunos casos más afortunados lo pueden hacer, incluso, en la cumbre del Canigó y se unen así de esta forma dos tierras hermanas que estan oficialmente separadas por una agobiante frontera.
Nosotros lo queremos celebrar muy arriba, cuanto más arriba mejor, y queremos sentir sobre la nieve el calor de ese fuego que nunca se apaga y que cada día renace de nuevo de las cenizas de la noche. Pero para ir a nuestra discoteca sin paredes, con un suelo acolchado y luz solar conviene preparar esa maleta que se lleva a la espalda con el objeto de que no te la roben, esos zapatos rebientaperros con el objeto de preservarnos de los pisotones y comida con el objeto de resistir las calenturas. A las dos y media el autocargómetro de la estación de la “ciudad det Ter”, dado que no tiene lago, tiene paradas previstas en Vidreres y en Los Chopos y su destino es “la chopera”. Es imprevista hasta cierto punto la nueva B-29 y las que le siguen de Barcelona. En la Diagonal todo humea: un camión que tiene un tubo de escape que va directo a nuestra ventana, una moto que entela la fachada y un coche que se enciende y nos llena el techo de humo. Celebramos la entrada a la província de Lleida con un desatasco y la salida de la capital con los recuerdos de un camionero que nos cuenta sus noches célebres pasadas en Lloret. En Graus el agua llega hasta el cuello del puente romano y el Sol ya empieza a despedirse. En Benasque nos dicen que ayer llovió cuatro gotas -si fueran de coñac o de vino ya estarían ahogados-, que el otro día llovió un poco más -un vasito-, que la carretera de Vallhiverna estaba bien la semana pasada -no se acordó de los canales rompeaguas- y que la del Hospital está peor. También nos dicen que unos subieron al Aneto pero que hay nieve y que está muy blanda. Todo junto un conjunto de notícias bomba.
A las nueve llegamos a la estación la chopera-término y ponemos el pisito “adhoc”. Comemos en una sala con parquet de hierba, muebles de madera maciza del país -incluso con hojas- y poltronas con asientos impermeables y respaldos de aire acondicionado con una luz indirecta. Nos “enpiltramos” a eso de las doce de la noche por eso de que te traigan el día en una bandeja, la Luna sonrie y el viento canta para recibir a San Juan.
Para aprovechar la fiesta nos levantamos a las cuatro. Nos ponemos el traje de gala y salimos. Los rompeaguas de la autopista a Vallhiverna nos permiten andar para que no nos durmamos. Incluso dos grandes setas de piedra se han situado ordenadamente a la derecha para auyentar a los perezosos. A pesar de todo el valle de Coronas parece limpio y lo empezamos a andar a eso de las seis y seis. A medio tarteral oigo que me felicitan y pienso que es una gran cosa tener a unos amigos a estas alturas que se acuerden de los demás cuando lo normal es más bien desearse a sí mismo y que seguramente nunca me habían felicitado a tan temprana hora. Al cabo de una hora ya estamos por encima del primer lago. Desayunamos un poco antes de llegar al segundo lago que está helado. Lo pasamos por su lado izquierdo por un lomo de piedras (son las ocho). Los otros dos lagos estan llenos de nieve y a duras penas enseñan dos ojos de hielo que te miran adormecidos y compasivos.
El Aragüells, la cresta de Cregüeña, el Maldito, la Punta Astorg, el Pico del Medio y el Coronas velan el valle por nuestra izquierda. Las brechas y agujas de Llosás y las afiladas agujas de Franqueville y Tchihatchef la protegen por la derecha con el padre Aneto que justo enfrente nuestro se muestra como un merecido hito rodeado de este bosque de gigantes. Mirando atrás van apareciendo el Gran Bachimala y el Posets jugeteando entre las nubes. A nosotros el Sol nos empieza a calentar cuando emprendemos las primeras rampas que nos conducirán al collado de Coronas. Nuestra sombra se va paseando por la nieve como un maldito perseguidor que está siempre pegado a la rueda. Un traguito de zumo de naranja Vida nos recuerda más a los melocotones del Empordà que a las naranjas de Valencia. La nieve también se porta bien con nosotros menos cuando se hunde y enfría nuestro espíritu.
El último tramo lo cruzamos horizontalmente procurando no caer boca abajo ya que la pendiente es fuerte. Una vez en el collado, que llegamos a él sin dificultades, cruzamos el lago Coronado y cuando llegamos a la zona del collado que da al glaciar de Barrancs nos alegramos que este año todavía no hayan abierto la autopista del glaciar y que, en cambio, haya pisadas hacia el Aneto. A medida que vamos subiendo nos damos cuenta que estamos rodeados de nubes por todos los lados y que hay mucha nieve: en Coronas hay una gran cornisa y lo mismo pasa en las otras crestas. La altura nos afecta un poco y hemos de parar a menudo. PK incluso tiene que tumbarse un momento en el suelo. A eso de las doce menos cuarto llegamos a la cumbre, mejor dicho, al rellano que hay antes de cruzar el paso de Mahoma que no lo pasaremos esta vez dado que consideramos que lo que hemos hecho es mucho y que la nieve ofrece muy poca seguridad. De todas formas podemos constatar que la gran cruz y la Pilarica todavía están en su sitio dando un aire casi sobrenatural al que ya de por sí es el punto mayor en altura de todo lo que nos rodea. 
Contemplando estas cumbres llenas de nieve, vacías de gente -sólo hay un grupito en el Portillón superior- y rodeados de nubes pienso que es una gran cosa celebrar mi santo en la cumbre más alta del Pirineo con tan agradable compañía y sin atascos ni ruidos ni humos cuando mucha gente todavía está durmiendo y por todo ello deseo tener salud para madrugar y poder subir a estas cumbres imponentes de nuestro amado Pirineo.
La bajada es muy cansada ya que la nieve se hunde y el Sol calienta nuestra espalda. La empezamos a las doce y cuarto y llegamos al coche a las tres. Por el camino encontramos excursionistas por encima del primer lago, empezando a contar por abajo, que estan subiendo. PK había encontrado aquí mismo unas gafas de sol. El agua mana de todos los lados del camino y lo purifica. Una cueva natural y muy estrecha recomienda que por estos lares sólo suba la gente delgada si no quiere dejar la piel. Al llegar al coche nos encontramos gente con esquís y gente que al oir que hay que caminar una hora y cuarto para bañarse en un lago piensan que para bañarse no es necesario cansarse tanto y, por lo tanto, retroceden y es que en realidad no estamos al nivel del mar sino más bien al nivel del hielo -un palmo más o menos-.
Nosotros también giramos el coche pero al menos hemos sudado la camiseta. Todavía tendremos que bajar del coche unas cuantas veces más y se nos estropea la primera. En los Llanos de Senarta percibimos que las monjas también tienen hambre. Como nosotros también la tenemos pero las costillas de cordero del Hostal -el de las buenas notícias- no nos llegan a ninguna parte. Después, entre sangre de turcos y lloros de atenienses nos enteramos que han abierto La Renclusa y que la carretera no está tan mal como decían.
A las siete llega Pep V. y los suyos en un Volkswagen y le desaconsejamos ir al Aneto pero les cae bien la propuesta de ir al Posets. Pep nos aconseja que no pongamos la primera al coche. Por el camino recojemos leña para hacer un fuego de San Juan pero otra cosa es lograr que se encienda por lo que nos será necesario la ayuda de los mayores. El sueño nos afecta a todos y pronto nos vamos a la cama aunque los vecinos cantan con mucha euforia aunque no afinan mucho que digamos.
Hoy el día no empieza con muy buena cara ya que unas nubes en la zona del Hospital le ensucian la cara. PK explica el aumento de la humedad por la variación de la temperatura y el punto de saturación del vapor. La cuestión es que las piernas pesan y no sé si es por el aumento de la humedad por la variación de la temperatura o del camino recorrido ayer. Vamos hasta Eriste y nada más porque el coche no sube más. Menos mal que Pep V. se acuerda de nosotros. De lo que no me acuerdo es del camino y resulta que hacemos un trozo en balde. Lo que me pasa es que no es un camino lo que hemos de coger sino la autopista y por esto resulta que me he confundido.
Entre pitos y flautas resulta que salimos que son las ocho menos cuarto. La carretera continua hasta un salto de agua de obra y entonces se convierte en un sendero que sigue entre avellanos. El valle es estrecho y frondoso y por todos los lados se ve hilillos de agua atolondrados. El de Espigantosa ya no se puede considerar un hilillo sino más bien una maravilla pasada por agua y convertida en un gran juguete por el paisaje que lo envuelve. Más arriba hay otros pero quedan escondidos enmedio del verdor y no se dejan ver bien la cara. Lo que sí se deja ver es algún que otro signo que augura lluvia. En cuanto el valle se ensancha nos muestra el Posets que se yergue tímido detrás de las crestas blancas por la nieve. Vamos cruzando prados y torrentes. En la segunda cabaña que queda al lado del camino hacemos parada y fonda. El embutido y el bacon de Girona se dejan acompañar por el queso y el membrillo junto con algún que otro traguito de vino. Saciados y bien satisfechos reemprendemos la subida a través del bosque y a la izquierda del torrente hasta la cabana del Forcau. En el prado de debajo hay unas mochilas y en la cabana unos fogones junto con otros utensilios. La Forqueta y el Pico de Eriste con sus palas de nieve dan un marco adecuado al paraje.
Los de Barcelona tienen ganas de ver la canal Fonda y aunque el tiempo no es muy seguro tampoco amenaza con un tormentón inminente y, por lo tanto, continuan y yo detrás suyo. Encontramos algunas palas de nieve no muy blanda y en una hora llegamos al lugar que empiezan las fuentes de Llardaneta (a unos 2500 metros). Tenemos delante una cuenca de nieve y en el medio de la canal pasa el río (que no se ve) y al fondo de la misma empieza la esperada canal Fonda. Al fondo, el Tucón Royo tiene una cornisa de armas tomar. Creemos que ya hemos hecho suficiente por hoy y regresamos. Invertimos tres cuartos de hora en llegar de nuevo a la cabana del Forcau y otro cuarto de hora a la de les Riberes habiéndolo calculado tan bien que justo al llegar empieza a llover. Nos ponemos todos dentro y en un cuarto de hora parece que ya ha sido suficiente. Después el bosque parece más limpio y el aire más puro como si ya no lo fuera de por sí. Llegamos a las tiendas a las cinco. La comida es variada y la sobremesa se convierte en una conversación sobre la familia y sus deberes principales. Tenemos una visita muy agradable de tipo vacuno. Después será otra de tipo ovejuno aunque ahora con un poco más de ruido pero siempre en son de paz. Alrededor del fuego celebramos muchas cosas con sopa, pan con tomate, embutido, vino y cava dado que nada hace daño a estas alturas.
Al día siguiente nos vamos a las siete y media y resulta que los gasolineros de Benasque y Castejón de Sos todavía duermen. En la Puebla de Castro cruza la carretera un conejito de lo más hermoso y se levantan los cuervos a cada curva. De Barbastro a Barcelona lo pasamos cantando y así auyentamos el humo y el tránsito. Llegamos a Vidreres que son poco más tarde de las dos. ¡Qué tengamos muchos San Juan como éste!
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

La aventura de “les Fires”

30 de octubre de 1.975.
Son las nueve y diez de la mañana. Es Sant Narcís (la fiesta local de la ciudad de Girona). El Toika todavía está cerrado. Vamos a tomar café al Saratoga. Salimos con una hora de retraso. Barcelona la cruzamos por la calle Aragón y nos embarcamos por la ruta de los camiones. Quedamos que nos encontraríamos a la salida de Barcelona para hacer un cambio de conductores. Albert no se para y, además, se pasa la salida de Martorell y de Sant Sadurní de largo. Sale de la autopista, finalmente, por Vilafranca. Pasamos por Sant Quintí y en La Panadella nos encontramos con el Sr. Antoni A. que ha salido una hora más tarde que nosotros de Girona. Son las doce y decidimos variar el plan de ir a Ordesa para encaminarnos hacia el túnel de Viella. Comemos en la Pobla de Segur, en la cantina de la estación, y podemos comprobar algunos arreglos en la subida al coll de Perves con sus 14 paellas. En la bajada del coll de Viu el milquinientos hace algunas falsas explosiones aunque logra llegar al Pont de Suert. Allí los niños salen de la escuela, dando y esparciendo por el pueblo esta alegría infantil que todo lo invade. Pedro P. juega con el perro del Auto Control. Compramos aceite y coñac. No arreglan casi nada pero podemos llegar hasta el túnel. Oscurece. El refugio del lado de la carretera está cerrado. Un poco más arriba distinguimos unas casas. Subimos por la carretera y con sólo mirar las puertas éstas se abren. Vemos una luz y se oye alguien que habla. Una mujer nos atiende muy bien. Nos dice que podemos dormir allí en el pajar de enfrente que nos lo enseña. Este pajar tiene la cualidad de tener luz eléctrica …
Nos disponemos a hacer la cena: sopa, salchichas que salpican de mala manera hasta el extremo de tocarme el ojo, costillas, tortillas, huevos, vino, … ¿qué más quereis? Mientas tanto organizamos la comida y provisiones para la excursión de mañana. Objetivo: el Tuc de Mulleres (3010 m), tercer intento. La noche es fría pero se está bien.
Hoy es jueves. El día, mejor dicho, la noche es buena. Algunas estrellas cubren la bóveda del cielo. Con las luces el túnel toma un color rojo y enfrente se abre el valle que hemos de recorrer.
El primer problema, como siempre, es cruzar el río. El Noguera Ribagorçana que precisamente nace bajo el Mulleres. Casi no hay Luna y las pilas hacen poca luz. Al cruzarlo Quim B. deja volar la linterna y va a parar al río.
Por el bosque hemos de vigilar las ramas que por menos de dos reales te rascan la nariz. Después la subida se hace más tranquila.
Hemos de cruzar unas cuantas veces el río. El camino está marcado con montoncitos de piedras. Hacemos. Hacen. Un pequeño pica pica i después MP y yo nos metemos por una canal que hemos de salvar todo lo que sobresale con difíciles maniobras. El camino va subiendo mientras sale el Sol que hoy tiene un tono rojizo. Pero de repente se alegra nuestro corazón cuando vemos brillar por encima de unas peñas el refugio del Mulleres, situado a 2160 metros y que lo inauguraron el día que subí al Besiberri Nord. Es metálico, tiene unas literas a cada lado y una mesita con provisiones. A un lado de la puerta el botiquín y en el otro el libro registro. No hay agua por lo que hay que deshacer un poco el camino recorrido para obtenerla.
Pedro P., Cayetano I. y Quim B. se quedan en el refugio. Los demás seguimos y pronto se maravillan nuestros ojos cuando se nos aparece una ristra de tres lagos helados. Más arriba todavía hay otro. El día es bueno y no se ve difícil la cosa. Vendrán pronto las dudas y a medida que subimos no sabemos si es el pico de la derecha o el de la izquierda. Albert va hacia el de la izquierda. PK, y más tarde los demás, hacia la derecha. Pero vamos equivocados. Bajamos un poco y, viendo que la pala de nieve es un poco empinada, nos calzamos los crampones. Hoy los estrena un servidor. Nos encordamos. Se quedan MP y Lluís B. Por unos momentos el hielo se endurece y no hace mucha gracia la pendiente de nieve que dejamos atrás.
Dejamos los crampones y la cuerda en unas rocas y con un poco de cuidado llegamos al collado: el panorama es magnífico.
Arriba sopla por unos momentos el viento que no nos estorba para poder mirar el macizo de la Maladeta que se extiende delante nuestro: Russell, Tempestades, Aneto, Maladeta, Punta Astorg, Alba, Forcanada, Bessiberris, Coma lo Forno, Montarto, Cap de Toro y los estanys Tort, del Mulleres, Barrancs, etc. Abajo nuestros compañeros. Son las doce y hace siete horas que hemos salido del túnel que se divisa al fondo del valle.
Al bajar por las piedras hay que mirar por donde se ponen los pies. La nieve se hunde. Llegamos al refugio y pensando encontrar comida resulta que no queda nada. Unos se adelantan y van a Viella a telefonear, los demás “xino-xano” bajamos mientras PK nos recuerda los intentos anteriores que ya son historia.
En el túnel comemos un poco y nos vamos a Viella. A la salida de túnel nos para la Guardia Civil. El coche sigue haciendo puf-puf.
Al anochecer el valle se llena de penumbras y parece que las montañas estén de duelo. De duelo porque el día ha muerto. Cenamos en el pajar: las espinacas son deliciosas y no lo son menos las butifarras. Cuando llega la hora de hacer algo de tertulia todo el mundo tiene sueño: es que el día ha sido un poco pesado. Es justo el momento para meditar lo absurdo que es subir montañas. Lo absurdo que para aquellos que lo sienten de veras estar en la Naturaleza se convierte en un privilegio y en una satisfacción como ninguna otra en el mundo: es el premio de un sacrificio que el que no lo ha realizado no lo puede gozar.
No tarda en aparecer un gato por la ventana. Al día siguiente encontramos a faltar alguna cosa y es que el gato se lo ha comido. Fuera parece que nieva. El Mulleres está cubierto de nieblas. El agua es fría y los platos no se limpian de ninguna forma.
Me había olvidado decir que ayer, cuando llegamos, la gente ya estaba durmiendo y nos dieron la excusa de que se pensaban que cenaríamos en Viella. Hoy hacen buen papel. También podemos ver cómo cargan los grandes troncos de pino y haya justo al lado del túnel.
Poco después de iniciar la bajada el coche ya falla. Lo hemos de apretar subiéndonos en él a la carrera. Repetimos, de vez en cuando, las maniobras hasta Bono. Entramos en un túnel con las luces apagadas y, pensando que ya no se abrirán, salimos con las luces encendidas. Encontramos un coche de la policía. Eso no es nada si pensamos que después de parar un rato y volver a arrancar nos encontramos a cuatro seguidos que, por suerte, no nos ponen ninguna multa. Mientras PK ha bajado al Pont de Suert a buscar un mecánico. Han sido momentos de nerviosismo y de intranquilidad para él. Después con el Mehari bajamos todos a comer a “El Cortijo”. Nos arreglan el coche justo antes de empezar a llover y nos dirijimos hacia Graus por la carretera que inauguraron el domingo pasado. Antes nos para la policía y resulta que el Mehari no lleva el seguro al día. Peor es el otro coche que lleva matrícula de Cáceres, el propietario es de Palafrugell, el conductor de Tarragona y reside en Girona. Pasamos una serie de túneles abiertos por los acantilados del río Isábena y que al final se encuentra el monasterio de Obarra.
En Graus no está el padre de MP. Le telefoneamos y nos dice que no ha podido venir. Nos dirijimos hacia Benasque pero nos quedamos en Campo a dormir. La gente del pueblo son muy abiertos y tienen el Turbón como un gran tesoro. Lástima que el sábado amanece lloviendo y en vistas del mal tiempo regresamos.
Comemos en Alfarràs guardando el recuerdo de lo que hemos visto y nos encontramos a Pep B. un chico de Sabadell que vive en París.
Pasando por el túnel del Brucs me viene a la mente el recuerdo de aquel otro túnel gracias a él una comarca muerta como era la vall d’Aran ha cobrado nueva vida y hemos podido subir al Tuc de Mulleres. Los recuerdos de la montaña nunca se olvidan …
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.000.

2017 - Miquel Pavón