Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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Comentario de libros de autoayuda

A más de un@ le puede sorprender que se incluya comentarios de libros de autoayuda en un blog muy dedicado a la montaña. Parece que son dos cosas que no tengan casi nada que ver. Pero no. Sí tienen bastante relación. Pienso que practicar montañismo de forma habitual proporciona una alta confianza en uno mismo y un aumento significativo de la autoestima. Es algo que parece como irreal por inconexo. Pensemos que el montañero se propone pequeñas metas: subir este fin de semana a tal cumbre. Bien. El hecho continuado de conseguir objetivos o aprender de los fracasos, que los hay, es la mejor forma para ir formando el carácter. Y, como consecuencia de ello, mejoraremos en el día a día. A ello, hay que añadirle que en la práctica de cualquier deporte se oxigena el cuerpo y la mente. O se crea adrenalina de forma natural que nos va a ayudar a enfrentarnos con los problemas con una visión más optimista. Por útltimo, y no menos importante, el estar rodeados de paisajes espectaculares, ambientes naturales o estar largas horas con un ritmo que facilite que se piense y reflexione acaba por afectar a cualquiera y que se reconozca que hay un antes y un después de cada experiencia alpina.

 

la ayuda que proporciona la autoayuda te puede ayudar

 

LIBROS DE AUTOAYUDA COMENTADOS

dot Abraham MASLOW en “Motivación y personalidad”, ver artículo: Hacia la plena salud mental.
dot Alain de BOTTON en “Cómo cambiar tu vida con Proust”, ver artículo: Las esperanzas pequeñas traen gratas sorpresas.
dot Álvaro GONZÁLEZ-ALORDA, Los próximos 30 años”, ver artículo: ¿Quien tiene un amigo tiene un tesoro?.
dot Anónimo, ver artículo: Imaginación.
dot Anthony ROBBINS en “Pasos de gigante”, ver artículo: Vivir la vida que siempre has soñado.
dot BHAGAVAD-GITA, ver artículo: Deseo o propósito.
dot BOECIO en “Consolación de la filosofía”, ver artículo: ¿Qué harías si supieras que vas a morir torturado?.
dot BUDA en “El Dhammapada”, ver artículo: Camino a la ley universal del universo.
dot Carol S. PEARSON en “El héroe interior”, ver artículo: Hazte consciente de tu poder.
dot Clarissa Pinkola ESTÉS en “Mujeres que corren con los lobos”, ver artículo: Una mujer saludable se parece mucho a un lobo.
dot Claudia NOSEDA, en “Antiestrategias”, ver artículo: Provocar lo temido.
dot Dalai LAMA y Howard C. CUTLER en “El arte de la felicidad”, ver artículo: La felicidad no es ningún lujo.
dot Daniel GOLEMAN en “La inteligencia emocional”, ver artículo: Es emocionante lo de la inteligencia emocional.
dot David D. BURNS en “Sentirse bien: una nueva fórmula contra las depresiones”, ver artículo: Fórmula contra las depresiones.
dot Ellen J. LANGER en “La mente creativa: perspectivas sobre el envejecimiento, la memoria y la salud”, ver artículo: Recobra el control de tu pensamiento.
dot Florence SCOVELL  SHINN en “El juego de la vida y cómo jugarlo”, ver artículo: Las reglas de nuestra propia felicidad.
dot Guido LAMMER, ver artículo: ¿Estás cansado de vivir?.
dot Guillermo F. BATARSE, ver artículo: ¿Qué quieres?.
dot Heidemarie SCHWERMER en “Mi vida sin dinero”, ver artículo: La energía telúrica en la montaña.
dot Henry David THOREAU en Walden”, ver artículo: Asegúrate de que en tu vida tienes tiempo para pensar.
dot James ALLEN en “Cómo el hombre piensa”, ver artículo: Autocontrol.
dot James HILLMAN en “El código del alma”, ver artículo: La imagen de la persona que podemos llegar a ser.
dot John GRAY en “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, ver artículo: Sobre la guerra de sexos.
dot Louise HAY en “Usted puede sanar su vida”, ver artículo: Despoja de autoridad a los problemas.
dot M. SCOTT PECK en “Pensamientos del caminante”, ver artículo: La vida es difícil.
dot Marianne WILLIAMSON en “Regreso al amor”, ver artículo: ¿Te interesa hacer un curso de milagros?.
dot Marilyn TAM en “Cómo utilizar lo que tienes para conseguir lo que quieres”, ver artículo: El poder de la perseverancia ….
dot Martha BECK en “Encuentre su propia estrella polar”, ver artículo: Aprender a decir no.
dot Mihaly CSIKSZENTMIHALYI en “Fluir”, ver artículo: ¿Cómo ser feliz?.
dot Norman Vincent PEALE en “El poder del pensamiento positivo”, ver artículo: Logra cosas si tienes fe.
dot Paulo COELHO en “El alquimista”, ver artículo: ¿Cómo ver un presagio?.
dot Pierre TEILHARD de CHARDIN en “El fenómeno humano”, ver artículo: Aprecia y expresa tu propia unicidad.
dot PROUST, ver artículo: Soledad …..
dot Raimon SOLÀ. “Cómo ser feliz cada día. Pequeño manual de inteligencia esencial”, ver artículo: Hoy no me puedo levantar.
dot Ralph Waldo EMERSON en “Confía en tí mismo”, ver artículo: Lo bueno si breve, tres veces bueno.
dot Richard CARLSON en “No te ahogues en un vaso de agua”, ver artículo: Ideas para no ahogarse.
dot Robert BLY en “Iron John”, ver artículo: Como un chamán.
dot Samuel SMILES en “Autoayuda”, ver artículo: Conseguir cosas gracias a la voluntad.
dot Shakti GAWAIN en “Visualización creativa”, ver artículo: ¿Cómo funciona la visualización creativa?.
dot Sir Edmund HILLARY, ver artículo: Conquistar o conquistarse?.
dot Susan JEFFERS en “Aunque tengas miedo, hágalo igual”, ver artículo: La filosofía de la intrepidez.
dot Thomas MOORE en “El cuidado del alma: una guía para cultivar la profundidad y lo sagrado en la vida de cada día”, ver artículo: Llena tu vacío llenando tu vida de alma.
dot Viktor FRANKL en “El hombre en busca de sentido”, ver artículo: ¿Y si acabaras sentenciado en un campo de concentración?
dot William BRIDGES en “Dirigiendo el cambio”, ver artículo: ¿Cuándo hay que hacer la colada?. 

Clichés típicos sobre el alpinismo

No conozco ninguna actividad humana que, en miles de enredos siempre nuevos, convoque la totalidad de las fuerzas corporales y muchas de las intelectuales y espirituales y requiera un esfuerzo mayor que el combate singular con la difícil alta montaña.
En ninguna otra ocasión se agita así el fondo de nuestros sentimientos, se forja y se endurece nuestra voluntad como en esta. No sólo supera a todos los demás deportes y juegos en los que, o bien no hay que emplearse a fondo, o bien el enemigo no es tan digno, en los que sólo son llamados a la guerra determinados grupos de músculos o determinadas fuerzas del espíritu, o sólo del cuerpo, o bien únicamente el espíritu, sino que la marcha en solitario por la montaña ofrece en estos tiempos, un valioso sustituto para el antiguo deporte de los torneos de caballeros o la caza sangrienta.
Eugen GUIDO LAMMER.

El club

20 de enero de 1984.
¿Qué es el SAM, club “pekas”, club Taga, …? (la lista de nombres que recibió es inmensa).
Si alguien supiera exactamente la contestación de la pregunta estoy seguro que hubiera escrito un libro de ello. Es difícil contestarla. Incluso yo mismo que fui uno de los principales promotores no sé que decir. Voy a limitarme a realizar unas indicaciones históricas y describir algunas de sus características.
Se reunían todos los jueves antes de comer en los pasillos de los sótanos del colegio (al lado del laboratorio de física), tenía una junta directiva que funcionaba clandestinamente y sus miembros no se escogían democráticamente ya que simplemente eran los que hacían más excursiones, se repartían hojas ciclostiladas entre los asociados que no pagaban cuota ninguna por serlo ni por recibirlas, el material colectivo (botas de montaña, tiendas de campaña, cuerdas, crampones, utensilios de cocina, comida, …) estaba camuflado en un armario en el que se guardaba el material para la limpieza y sus componentes destacaban por sus buenas notas en todas las asignaturas a excepción de la del “deporte” o “educación física” (?) en la que incluso alguno llegó a SUSPENDERLA!
El tema era francamente serio: la nota de la asignatura dependía, de forma escalonada, de si se era declarado aficionado al fútbol (aprobado), declarado aficionado del “Barça” (notable) o miembro de la selección del equipo juvenil de fútbol del colegio (sobresaliente). Caso de coincidir más de una de las características antes mencionadas (Barça-seleccionado) la cosa podía llegar incluso a la matrícula de honor !!! Así resulta que, paradójicamente, un individuo que sube en un año a más de 25 cumbres de más de 3000 metros y se cuelga de una pared con una mano superando pasos de VI+ sin problemas SUSPENDE la asignatura de “educación física”: INCOMPRENSIBLE. Pero, señores-as, lo que tiene más guasa es la opción que tiene en septiembre para aprobar la mencionada asignatura y no repetir curso: REDACTAR UN TRABAJO !!! Esto sí ya ralla lo PENOSO: para aprobar el deporte te obligan a hacer un trabajo escrito. Y digo yo, ¿cómo se demuestra el nivel deportivo escribiendo?
Como se puede adivinar la actividad alpinística que se realizaba que era tan importante que creó una seria oposición a todos los niveles. Era un ambiente especial creado por los mismos miembros del equipo y que se mantenía entre todos.
Tal y como ya he explicado antes el nexo de unión entre nosotros era el colegio. En el grupo participaban en las actividades los profesores, alumnos, padres y amigos indistintamente. La forma de ser de cada uno de nosotros se respetaba y no era base para realizar ninguna discriminación por lo que se admitía siempre la participación de cualquier persona que estuviera interesada en salir. No era un grupo cerrado a nadie más bien todo lo contrario.
El líder era PK. Profesor y procedía de Barcelona. Allí también se había formado un grupo de amigos que salía a la montaña. PK al trasladarse a Girona siguió manteniendo contactos frecuentes con ellos cosa que hizo que se organizaran bastantes actividades conjuntas. En el grupo de Girona estaban PK, Pere P., Joan F., Robert C., Pere C., Joan S. Y en el de Barcelona Alfonso S., Pep V., Mariano R., Jaume D. Por citar algunos de los que más salían.
Como actividades que pasaron a ser tradicionales y que se solían organizar conjuntamente eran la subida al Taga en invierno y el campamento de verano que se solía instalar en los llanos de los Baños de Benasque en el Pirineo central.
Tuvo sus momentos de oro y de decadencia. Ésta llegó al acabar la etapa escolar de sus miembros y repartirse por los diferentes puntos de la geografía. Lo importante es que cada uno de los integrantes del grupo en su nuevo sitio prosiguió la actividad emprendiendo la organización de nuevos grupos y que el material gráfico (fotos en B/N, color, diapositivas y películas en Super-8) y escrito (crónicas, circulares y cartas) servirá para las generaciones futuras.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.000.

Conquista invernal del Pico del Moro Almanzor (2598 m)

ESTA CRÓNICA RELATA COMO UNA BOTA DE VINO CONSIGUE QUE BAJEN DEL PICO DEL MORO ALMANZOR UNOS ALPINISTAS POR SU PROPIO PIE. DE NO SER ASÍ, HUBIESE HECHO FALTA UN HELICÓPTERO PARA SACARLOS DE LA CUMBRE.
Es viernes, 30 de enero de 1.981. Miguel como todas las noches llega tarde. Ya ha tenido sus clases en la escuela y junto con los demás compañeros se disponen a cenar. Esta vez Juanjo también nos acompaña. La conversación se encamina alrededor del alpinismo: momentos inolvidables, técnicas del deporte, grandes expediciones, …. Hemos acabado de cenar. Siguiendo un poco más la conversación llega el momento que Juanjo propone a Miguel: “… ¿te animarías a organizar una excursión a Gredos para este fin de semana?” Tras un breve silencio se oye por parte de Miguel: “sí, por supuesto, vamos a ello”. No pasaron dos minutos y ya estaban llamando los dos por teléfono a sus respectivos amigos. A media noche ya estaban casi todas las gestiones hechas, saldríamos cinco: José Luis, Juanjo, Juan, Narcís y Miguel. Es muy tarde ya, dejaremos algunas gestiones para el día siguiente.
Como Juanjo tiene un examen se encargará Miguel de organizar el resto de la excursión. Se piden las comidas para la hora de comer, quedamos en salir a la una de Madrid y se pasará a recoger a cada uno en su propia casa, se hace una lista de material que hace falta conseguir, repasar las tiendas de campaña, …
Alrededor de las doce una llamada a Miguel nos da una mala notícia. El coche que se iba a usar para la excursión está estropeado. Miguel se pone de nuevo a mover el tema y al llegar Juanjo remata la jugada. Pepo nos deja un MG de exportación inglés. Todo resuelto.
Llega la hora de salir, ¿dónde está el coche?, se lo han llevado un momento para ir a recoger una “parrilla” para freir la carne a la brasa. Al alargarse el maldito momento, Miguel llama a todos los componentes y les dice que aprovechen para comer y así ganamos algo de tiempo.
El coche llega pasadas las dos y media. Lo paramos antes de entrar en el garaje y al instante ya salíamos a buscar a los demás. Salimos por la autopista de El Escorial pasadas las tres. En Hoyos paramos para tomarnos unas cañas y llenar la bota de vino. En la plataforma estuvimos el tiempo justo para prepararlo todo y empezamos a andar. Miguel animaba a los demás diciéndoles: “hay que haber franqueado Los Barrerones antes de que anochezca, de no ser así podemos tener problemas”. Llevábamos retraso a pesar de haber recuperado un poco de tiempo en la carretera.
Se hizo de noche, como es usual, empiezan a ser útiles las linternas. Nos encontramos un poco antes de Los Barrerones, todo parece marchar bien. José Luis saca un foco que facilitó la marcha. A pesar de todo nos confundimos un poco al bajar a La Laguna pero la intuición de Miguel consiguió dar de nuevo con el camino. Llegamos al lago y empezamos a buscar el refugio, todos éramos conscientes de que lo teníamos allí mismo pero no había forma de encontrarlo. Al fin se encendieron unas luces desde el refugio, el guarda había visto el foco y nos hizo señales para que pudiéramos llegar.
Después de pedir dormir en la parte libre del refugio el guarda nos dijo que no era posible usarla y debíamos dormir, por lo tanto, al raso. Ante la coyuntura propuesta de “picarnos” un vivac con poco equipo para ello, y de mala gana, optamos por pagar las tasas correspondientes y dormir en el refugio convencidos por el frío reinante. Como sea que no dimos nuestro brazo a torcer fácilmente nos fuimos a dormir muy tarde.
La salida de la excursión fue un poco más tarde de lo previsto dada la hora que era cuando nos fuimos a dormir. Nos levantamos, desayunamos y empezamos a andar al mismo tiempo que empezaba a salir el Sol. Habíamos sido de nuevo los últimos en acostarnos y los primeros en levantarnos y salir de excursión. Estaba la nieve muy dura. Hacía frío. Recorríamos un valle que nunca le da el Sol. Llegamos al cruce de valles. Miguel propone ir a La Galana al verse el valle mucho más practicable pero al querer ir todos los demás al Almanzor se cambia el plan sobre la marcha. Iremos al Almanzor.
Se forman dos grupos, en cabeza: Narcís, Juan y José Luis; detrás: Juanjo y Miguel. Llegamos al río, está helado. Miguel resbala aunque el equilibrio y los reflejos consiguen que no se caiga si consiguen asustar a Juanjo. Me explica que en la excursión anterior tuvo la desgracia de ver la caída de un amigo que estuvo a punto de tener fatales consecuencias. Juanjo no estaba todavía recuperado del trance. Miguel que conocía su situación le estuvo animando para que no diera importancia a lo sucedido. Cruzamos el río con algunas dificultades y nos dirijimos a la Collada del Crampón.
Miguel esperaba no encontrar ya más dificultades con el hielo puesto que no teníamos apenas material para trabajarlo. La subida era por un canchal de piedras. Paramos para desayunar un poco y reanimarnos un poco de los momentos que habíamos pasado al cruzar la cascada helada.
Iniciamos la marcha hacia el collado. Narcís va en cabeza con el piolet. Juanjo lleva la bota de vino. Miguel lleva la mochila con el material de abrigo de todos.
Ya está el collado allí arriba, hay un pequeño nevero entre piedras altas y lisas. Hay que ir por la nieve. Narcís, que va delante talla sobre el hielo unos escalones y se sitúa en el collado a esperar los demás. Era un pequeño paso, tenía mucha pendiente, pero es puro hielo. Como no disponíamos de material los demás subimos como los gatos: a cuatro patas y procurando no parar al subir ya que irremediablemente empezabas a deslizarte hacia el vacío. Por algo lo llaman Collada del Crampón, ¿no?
Creo que es obvio el estado de ánimo en el que nos encontrábamos. Teníamos que subir al Almanzor y lo que es peor, teníamos que regrasar por el otro lado impepinablemente. Teníamos detrás la casacada helada y el nevero del collado que hacían imposible el regreso por dónde habíamos subido sin que ocurriera nada.
Los fallos de la excursión estaban: en primer lugar, con el material que disponíamos (un piolet, tres pares de crampones y ninguna cuerda) no se podía subir al Almanzor con un grupo de cinco personas y, en segundo lugar, que en los momentos clave de la excursión (cascada y collado) el haberse fraccionado el grupo de tal forma que el que hacía las veces de guía no pudo ordenar un abandono honroso.
Así fueron las cosas; nos encontramos a pocos metros de la cima descansando y sin saber por dónde bajaremos. Miguel sube hasta la cima para ver mejor desde allí una vía de descenso. Aunque le tapa un picacho decide regresar realizando toda la cresta hasta La Galana si fuera necesario, al menos es un itinerario en roca por mucha dificultad que tenga, y una vez allí bajar por el valle que había visto en la subida con unas condiciones inmejorables.
Bajó de nuevo dónde estaban los demás mira atentamente las caras del grupo. El comentario fatídico no se hace esperar a la vez que se exclama con una rotundidad aplastante. Miguel, tú ¡haz lo que quieras! Nosotros nos quedamos aquí. No queremos bajar. Miguel les contestó: “si tuviéramos una cuerda o suficiente material regresaríamos por dónde hemos subido que es lo que hay que hacer siempre pero como no lo tenemos tendremos que hacer toda la arista en dirección a La Galana y una vez allí podremos regresar al refugio por el valle ya que no hay nieve en esa zona”. Como con estas palabras veía que lo único que conseguía era desanimar, prosiguió la arenga desviando el tema de la conversación: “… de todas formas, un buen trago de vino no me lo quita nadie”. Después de beber Miguel le siguieron los demás una ronda tras otra, ya sea por vicio o desesperación, se produjeron unos efectos milagrosos que animaron al personal a seguir. Juanjo, unos meses más tarde me comentó: “ten la más completa y absoluta seguridad que en aquellos momentos tuviste de mi parte una plena confianza, lo que decías era para mí lo mejor que podía y debía hacer; ahora bien, no por ello dejaba de ser para mí un completo absurdo y una locura sin lógica ninguna. Me encontraba en una situación en que me sentía totalmente inútil y abandonado y ya me daba lo mismo todo”.
La cresta era difícil, por no decir muy difícil y peor aún con un poco más de alcohol en la sangre de la cuenta, transcurre sorteando todos y cada uno de los picachos y agujas, había que hacer muchos pasos gimnásticos y poner las manos arriba y superar los obstáculos a fuerza de brazos; por suerte no había nieve que hiciera más difícil la marcha. Todas las indicaciones de Miguel eran acatadas al momento. Nos íbamos alejando poco a poco del Almanzor la cual cosa infundía ánimos al grupo.
¡Un momento! Se complican las cosas. Hay unos neveros empinadísimos que cortan el camino. JOD…!!! Miguel se pone serio. ¡ALTO todos parados! y prohíbe terminantemente que se crucen hay un abismo a cada lado alucinante y sólo nos falta que no sean muy sólidos, ya encontraremos otro camino. Dice a Narcís que suba un momento al filo de la cresta y que explore la posibilidad de bajar al refugio ya sea destrepando o dando un rodeo por ese lado. El Venteadero está justo detrás de las pendientes de nieve. Lo hubiéramos conseguido y no ha sido posible por muy poco. La espera se hace interminable y para colmo vas cogiendo frío. Al rato se oye a Narcís. Dice que se puede pasar. Hay que ir con cuidado ya que la piedra se desmenuza y está el terreno muy roto. Allí abajo habrá que cruzar una nieve pero se ve totalmente lisa. Hay que probarlo. En realidad es nuestra única posibilidad de salida.
Pasamos uno a uno para evitar catástrofes debido a algún inevitable desprendimiento de piedras y después de una fabulosa intervención de los pares de crampones nos encontramos en el Venteadero. Llegar al refugio fue fácil, ya pasó el peligro. Paramos para comer. Llegamos los últimos al refugio como también casi siempre. El guarda estaba ya impaciente. El colmo es que tenemos que discutir con él de nuevo ya que nos pretende cobrar un día más de estancia. Oscurece, nos dimos prisa para alcanzar a un grupo de chavales que son socorristas de la zona. Ellos conocerán la zona y así evitamos perder más tiempo. El regreso hasta el coche no tuvo más alicientes. Cruzamos el lago por encima y tuvimos que procurar en todo instante el pisar nieve puesto que en ese caso tienes la probabilidad de tu parte de no acabar en el suelo. Al final del día bajando de Los Barrerones a mí me parecía que me sería posible competir con los canguros australianos puesto que el saltar de piedra en piedra era ya un tema dominado.
Llegamos de noche a la plataforma. Tomamos rumbo a Madrid. Paramos en Hoyos, Ávila y para poner gasolina. En el camino nos pusimos a discutir cosas que en otras circunstancias no tendrían sentido. Algunos de los puntos que se trataron fueron: las dificultades que habíamos pasado y las que superamos fueron gracias a que en todo momento se trabajó en equipo y todos estuvieron pendientes de los demás despreocupándose de sí mismos; hacer caso al guía cuando no estaban muy claras las razones evitó una catástrofe; en toda excursión debe haber un guía que de alguna forma es el responsable de lo que ocurra en esa salida; y bla, bla, bla, bla, bla ….
Llegamos a Madrid. Acalorados aunque no por ello dejamos a un lado la amistad entre nosotros. Al lado de la Facultad de Biológicas nos quedamos sin gasolina, habíamos dejado a José Luis en su casa y pretendíamos llegar por la Avenida de la Moncloa a los colegios mayores para dejar a Juan y a Narcís. Taxi, lata, gasolinera, muy poco dinero, prisas, … Al fin, cansados, llegamos al colegio mayor de nuevo. ¡Habíamos derrotado al Almanzor en invierno en justa lid! “Que nos quiten lo bailao”, diría un muy buen amigo montañero en una situación semejante.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

Campamento Taga XV: agua constantemente (I)

Una excursión realizada el 18 de julio de 1978.
A pesar de la oposición declarada al deporte del montañismo por grandes sectores de la población gerundense y del mismo colegio, más por ignorancia que por otra cosa, nuestra afición a la montaña no decae y las llamadas para organizar el campamento han sido más numerosas que nunca. Unos días en los que la gente desea pasar el calor submergiéndose casi desnuda en las azules aguas de nuestra Costa Brava sin pensar en las colas que habrá que hacer para poder llegar. Y es que cansarse por cansarse yo prefiero el Pirineo a las planícies. Menos mal que para neutralizar un poco la cosa nos han puesto un Governador civil que el campamento le debe agradecimiento por su jamón y otras delicias del mismo calibre.
PK está levantado desde las tres y todo el mundo llega puntual al lugar de reunión mostrando una cierta impaciencia para abandonar esta muy inmortal y a la vez muy contaminada ciudad de los cuatro ríos. Las ganas se acrecientan más si cabe cuando vemos llegar las cajas de melocotones un tercer domingo bastante caluroso de julio. Los coches se van llenando de cosas útiles y de gente. No encontramos ya respuesta a la pregunta de si falta algo más.
La despedida pasa por la desagradable aduana que es el río Guell rojo de sangre animal que nos empuja a salir cuanto antes a buscar las aguas puras del Pirineo. Antes de llegar a la fuente hemos de soportar el para y avanza de los barceloneses que van a tostarse la barriga a Castelldefels, los relieves suaves y huérfanos de vegetación de la zona de Cabra, el Segre a su paso por Lleida y su complejo piscinícola lleno a rebentar, el río Sosa totalmente seco pero con el recuerdo de una destrozadora crecida que hizo caer el puente que lo cruzaba, la alegre compañía de Pere F. y sus compañeros en Graus bajando del Aneto en un día precioso, la salida de la bajada del Ésera con piraguas, la dura prueba de ir detrás de un tractor cargado de paja a paso de pulga después de ir a velocidades vertiginosas, la compra de una docena de huevos y un pan de menos (compensadas con un bastoncito de más), las advertencias de PK en Benasque, y, finalmente, la cascada que hay llegando a la presa de Senarta que nos anuncia un buen remojón en el puente del Plan de Baños.
Recibidos los primeros encargos, y esquivando a los mosquitos, nos disponemos a poner las tiendas tarea difícil si tenemos en cuenta la gran cantidad de piedras y la inclinación del terreno, en el que nos hemos puesto por un mal entendido. Faena que no habrá más remedio que terminarla con la luz del butano. La cena tiene hoy un tanto de improvisación fruto de otro mal entendido. Pasamos con poca cosa pues tampoco es que hayamos gastado tantas energías a parte de los conductores. En la sobremesa se nota el sueño y otros factores psicológico-físicos por lo que en lugar de contar chistes salen encargos, historias pasadas y avisos para un futuro campamental mejor.
Lunes día 17 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las ocho. El agua helada del Ésera despierta nuestro físico. Un par de vasos de leche con chocolate deshecho, galletas y mermelada preparan nuestro estómago para la apretada mañana que nos espera a los acampados.
Los corazonistas han tenido el buen corazón de dejarnos el mástil y sólo hay que desplazarlo y clavarlo entre unas piedras que van de perilla. En la cocina se desarrolla una tarea de búsqueda de losas, limpieza de ortigas, cálculo de la situación del fuego y la instalación de un cordel para colgar los utensilios. Con más pena que gloria avanza la excavación de un hoyo para la basura y la fabricación de una mesa de tal forma que para la comida ya la podremos usar eso sí vigilando no te caiga el cubierto, vaso o catimplora entre el ramaje de su superficie.
Después del café la parábola del niño que rompía geranios saliendo enfadado del vestuario porque había perdido el partido y que fue invitado por el profesor a plantarlo de nuevo me hace pensar que es lo que deberían practicar muchos de los ecologistas vociferantes de hoy día. Los practicantes de la montaña no solemos ir a patadas pero sí podemos utilizar indebidamente el piolet, las manos o la palabra. Sea como sea, con estos pensamientos en la cabeza empezamos a preparar la ascensión al Aneto por el valle de Coronas.
Los que tienen la suerte de hacer el camino hasta Vallhiverna a pie gozan del largo encanto de ver la maravillosa colección de cascadas que cuelgan de los verticales relieves de este valle tan característico. Los que tenemos que sufrir la agobiante prueba de hacerlo en coche con el objeto de subir el material de acampada y las mochilas reciben, para no dormirse, pesadas lecciones de geografía pirenaica y geología lacustre adornadas de comparaciones tan burdas como las que se establece entre el Lago de Banyolas con los de Cregüeña y Llosás. También presenciamos el paso de un rebaño de 2800 ovejas conducidas por dos únicos pastores y dos perros que son realmente algo que pronto veremos extinguir. Prueba de ello son sus quejas hacia el Ayuntamiento de Benasque por dejar pasar vehículos por esta pista y que les hacen ir mal en sus tareas cotidianas.
Con pesadas mochilas y tiendas emprendemos el camino de Coronas a paso calmoso. Tendremos que sacarnos el pañuelo del bolsillo para secar el sudor que nos cubre el rostro. Las peladas y retorcidas montañas de Vallhivierna y Culebras ofrecen un contraste patente con la cascada que ruidosa baja entre la hierba y los matojos del primer ibón de Coronas y las afiladas losas manchadas de nieve de la cresta de Cregüeña.
Un trueno, modesto por su ruido pero funesto por lo que anuncia, es el toque de atención. Algunos se dan prisa para plantar las tiendas pero en realidad no les da tiempo ni a poner la primera. Con la misma destreza que habían utilizado para clavar los clavos se disponen a desclavarlos y salir a esconderse. La tienda bajo una piedra y los que la ponían en una cueva cercana que resultará apta para ver los destellos de los rayos aunque tengo un molestísimo goteo que me va justo a la oreja. Los que vienen detrás sólo han podido llegar a un pequeño montículo que da justo encima del ibón y no nienen mas remedio que tumbarse al suelo con la única protección de su mochila ante el gran viento y pedrizo que les cae. Con el desconcierto se dejan en el lugar piolets, crampones y algún anorak.
Nota del traductor: querría ampliar el dantesco espectáculo que tuvimos… Yo estaba al final de la comitiva. Ni siquiera habíamos llegado al montículo. Teníamos enfrente la cascada que cae del ibón. En el grupo íbamos casi diez personas. La gente estaba más que aterrorizada. Para muchos era su primera excursión a la alta montaña. Se vio clarísimamente cómo el viento llegaba a tener tanta fuerza que el agua de la cascada no llegaba a caer al suelo. El viento huracanado y encajado levantaba por completo todo el agua de la cascada y la subía un centenar de metros con una violencia increíble. Agua por doquier de la lluvia y de la cascada. Un pedrizo nunca visto. Un chaparrón de los que hace historia. A todo esto vociferando espoleaba a la gente para ir al refugio de la cueva. Pero… cuando veías los rostros de la gente se veía claramente la expresión del horror… no avanzamos ni un paso así… hubo que esperar a que amainara… Pero la aventura no acaba así… Continua el cronista.
Pasados los primeros espantos y remojones acabamos todos bajo la gran cueva y nos cambiamos la ropa los que podemos.
Nota del traductor: ¿todos? igual como lo del Astérix… ¿todos, todos? ¡No! Resulta que los ánimos van calmándose bajo la cueva poco a poco y la gente se empieza a organizar. Ha parado de llover. Yo en eso que un no sé porqué cuento a los que estamos allí… ¿y? Pues que me faltan dos. Vuelvo a contar… Sí me siguen faltando dos… Le digo a Robert que disimuladamente cuente él… Y llega a la misma conclusión que yo. Faltan dos. Decidimos Robert y yo no decir nada a nadie. A PK le decimos que nos vamos a mear. Empieza el rastreo… Nada por aquí. Un piolet por allá. Un peazo tienda en esa rama. Una bolsa de comida en unas piedras. Y… ¡Por fin! Nos encontramos a los dos que nos faltaban. Acurrucados. Abrazados. Llorando… ¡de miedo! ¡de terror! Se habían quedado allí inmóviles y allí se hubieran quedado estoy seguro de ello si nadie va a por ellos. Una vez tranquilizados regresamos con el grupo… Continua el cronista.
Cuando para de llover es pronto pero oscurece pronto. Nos disponemos a plantar de nuevo las tiendas cerca del ibón y cenar un poco. Una especie de espanto y sordera acaba adueñando a todo el mundo. Un “broncón” que se queda paradójicamente sin respuestas. Se empieza a trabajar en silencio. Sigue faltando más material. Objetos de valor como los piolets y los crampones son necesarios para poder mañana subir al Aneto. Por suerte dos voluntariosos se pasan parte de la noche rastreando las cercanías y acaban dando con todo lo que falta justo en la cumbre del montículo. Nos ponemos a dormir entre las doce y la una de la noche. Aparecen las estrellas en el firmamento y con ellas la calma que le sigue a toda tormenta.
Martes día 18 de julio de 1.978.
El más impaciente se levanta a las cuatro. Un viento frío te hace venir una piel de gallina. Cuatro estrellas hacen que alguien empiece a tocar un impertinente pito a estas horas tan inoportunas. Nadie hace mucho caso al toque de diana y la verdad es que hacen bien. Finalmente se decide a despertar al jefe con el infalible sistema de hacerle cosquillas y percusión aunque no logra su objetivo a la primera. El viento y el frío han parado. La voz acaba siendo secundada y abandonamos el campamento a las cinco y media. Cuando el cielo se aclara unas nubes finas y no muy dispuestas a moverse hacen acto de presencia por el sur. Las piernas empiezan a enflaquecer y presienten nuevas tormentas como la de ayer. Poco tardamos en empezar a pisar grandes manchas de nieve no muy dura.
La llegada al segundo ibón constituye una alegría muy reconstituyente puesto que además del espectáculo que representan sus aguas azules, heladas en su zona central, comprendo que hemos pasado lo peor, el tarteral de piedra, y que ahora toca el turno a la nieve y a pasear. El tercer ibón es más grande y está totalmente helado. El bacon y la limonada tienen mucho éxito a pesar de que no son tan buenos como otras veces.
La larga subida por nieve hasta el collado de Coronas no se hace excesivamente pesada ya que la nieve está normal incluso tirando a dura en algunos lugares por lo que decidimos encordarnos con una visión del Posets sumamente animadora. El ibón Coronado con el hilo de agua que lo cruza y abandona por un hueco en el hielo viene a ser un oasis en este desierto de nieve y hielo “de dos brazos de ancho y cuatro o cinco de largo” que es el glaciar del Aneto. Llegando a él todavía hace falta realizar un último esfuerzo hasta la cumbre. Las palabras del poeta lo recuerdan y viendo el mar de nieblas con pequeñas islas y levantando la cabeza tímidamente por encima de la Vall d’Aran y del Garona francés me permito pronunciar junto con Verdaguer sus versos…

“los núvols, que voldrien volar sins a sa testa,
si no els hi puja l’ala de foc de la tempesta,
s’ajauen a sos peus”.

Hay una rara calma del aire y eso que estamos por encima de los 3300 metros. El Sol deja sentir su carícia quemando nuestra cara y ablandando la nieve a nuestros pies de tal forma que casi me ahogo al andar en cordada muy lentamente. En las frecuentes paradas me entretengo a mirar la afilada cresta que del Coronas sale hacia la Maladeta y la gran cuenca que se forma bajo su protección, a La Forcanada que sobresale entre las nieblas y el Ibón de Barrancs que parece una gota de agua fundida al pie de un vaso de hielo. Después de estirar la cuerda unas cuantas veces llegamos a la plataforma que hay antes de pasar el paso de Mahoma. Son las once. Hemos de esperar que los grupos que han llegado antes que nosotros pasen este temible accidente geográfico. Una espera que se hace larga sin el líquido elemento y sin nada sólido que poder echarse al estómago. El corto trayecto hasta la cumbre más alta del Pirineo es algo más que entretenido y culmina en la cruz y la Pilarica que lo presiden.
Desde aquí se puede apreciar a la cresta sur que parece asequible junto con las paredes que flanquean el Tempestades. Las fotos de ritual. La alegría es desbordante para muchos que han logrado su primer tresmil.
En la bajada la nieve se hunde más, aunque no en exceso, hasta el collado de Coronas. Encontramos a varias cordadas que justo ahora estan subiendo y una de ellas viene del Coronas que nos explica que allí la nieve está más dura. El agua del ibón Coronado sirve para llenar las catimploras de vitaminas que nos hacían mucha falta y para imprimir un poco de cautela a nuestros movimientos en el siguiente tramo del camino. La cuerda para muchos resbalones y acaba presenciando formas de descenso un tanto peculiares.
Una dosis de preocupación y tristeza nos entra cuando oímos gritos de socorro y pánico mientras vemos caer y chocar con las piedras de la vertical brecha inferior de Llosás a un excursionista que la pretendía bajar sentado cuando nosotros estamos en el segundo ibón de Coronas. Intentamos hacer algo enseguida y en su auxilio pero vemos como los compañeros suyos llegan y nos indican que no es necesario que subamos por lo que marchamos desconociendo la magnitud del accidente. Mientras, los primeros que han bajado han desplantado las tiendas y emprendemos entre fuentes y cascadas por todos los lados la bajada hasta la pista.
Llegando al campamento base las cosas han cambiado un poco para hacer la cosa más emocionante. El río baja mucho más caudaloso y acelerado por debajo del puente de troncos, el viento ha tumbado un par de tiendas y ha repartido por doquier todos los objetos de la cocina. Sacrificamos el baño, ya que el Sol también se ha ido, con el objeto de arreglar pronto los desperfectos y hacer una comida-cena ya que hay hambre y tampoco se va a cocinar nada más. Una nueva tormenta traslada al estado mayor del campamento a Los Baños de Benasque y en el bar se respira un ambiente muy amigal y familiar al ritmo de las melodías de Antonio Machín. En el campamento hay alguien que ha estornudado tan fuerte (no es exactamente así) que ha hecho caer el palo de la tienda y acaban siendo infructíferos los esfuerzos para levantarlo de nuevo por lo que acaban durmiendo con la cosa tal cual. Mañana será otro día.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

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2017 - Miquel Pavón