Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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Ober Gabelhorn (4063 m)

dot Situación: Es un cuatromil de los Alpes suizos que está en lo que se conoce como la “Couronne Imperial” de Zermatt que incluye al Zinalrothorn, el Ober Gabelhorn y al Dent Blanche.
dot Aproximación: Lo normal es ir por el norte desde Zinal y el refugio Mountet pero también se puede ir desde el sur desde Zermatt y el vivac Arben.
dot Puntos de partida:
Zinal (1678 m). Situado en el valle de Anniviers que entra en el valle del Rhône al sur de Sierre. Está a 28 Km de Sierre. Hay servicio de autobús. Tiene hoteles, pensiones, posadas, camping y albergue juvenil.
Zermatt (1616 m). Es un pueblo en el que están prohibidos los coches situado en el final del valle suizo del Mattertal. Se accede en ferrocarril desde Visp. El aparcamiento para el coche está en Täsch a unos 5 Km. Hoteles, posadas, pensiones, hostal juvenil y camping.
dot Ruta normal:
Wellenkuppe y arista norte. AD- (III). Hay unas 6 horas y 900 metros de desnivel desde el refugio Rothorn. Se trata de una travesía glaciar y una escalada mixta sobretodo con nieve dura.
El paso clave de la ascensión es el Kluckerturm o Gran Gendarme que está equipado con cuerdas. De las seis horas necesitaremos la mitad para llegar al Wellenkuppe. Después la arista de nieve lleva a una depresión. Pasar el Gran Gendarme representa superar un III grado porque las placas suelen estar heladas y es difícil encontrar agarres en una roca de grano fino. Una vez superada la torre y después de una ligera depresión la arista se empina y tiene cornisas en su lateral izquierdo. La línea se mantiene respetuosamente a la derecha y sigue por la nieve bien consolidada hasta la zona de la cumbre. La torre final (de II si no está oculta por la nieve) puede ser difícil y se suelen ver muchas cintas de rápel abandonadas por las cordadas precedentes.
dot Foto: Vista de la arista noreste del Ober Gabelhorn desde la Wellenkuppe que es por donde trancurre la vía normal.
dot Otras rutas:
Arista noroeste (Coeurgrat). AD (secciones de III+). Hasta 50 grados de inclinación. Son unas 6 horas y 1300 metros de desnivel desde el refugio Mountet. Es una escalada mixta.
Arista oeste (Arbengrat). AD (III+ el Gran Gendarme). Son unas 3 horas y 500 metros de desnivel desde el Arbenjoch superior, una hora y media desde el vivac Arben y unas 3 horas desde el refugio Mountet. Escalada mixta.
Arista sureste (Gabelhorngrat). AD (III+). Son unas 4 horas y unos 850 metros desde el vivac Arben. Es una escalada en roca.
Cara sur. AD (IV). Son unas 6 horas y 870 metros de desnivel desde el vivac Arben. Es una escalada en roca.
Cara sur (pilar Uberkinger). D+ (V). Son unos 870 metros de desnivel desde el pie de la vía. Es una escalada de nieve y hielo después de una travesía glaciar.
dot Refugios: refugio Rothorn (3198 m), refugio Grand Mountet (2886 m) y vivac Arben (3200 m).
dot GPS (WGS84): 32T 396935 5099199.
dot Mapas: Matterhorn (núm. 1347) y Evolène (núm. 1327), Suisstopo a escala 1/25000. Cervino, Breuil Cervinia (núm. 108). Instituto geográfico italiano a escala 1/25000.

Experiencia al borde de la muerte

Tras el ascenso por la vertiente del Rupal en el Nanga Parbat – con un desnivel de cuatro mil quinientos metros, la pared de roca y hielo más alta de la Tierra – un vivac en la zona de la muerte sin ningún abrigo y la obligación insoslayable de tener que descender con mi hermano afectado de mal de altura por la para nosotros desconocida vertiente de Diamir, supe que aquello era nuestro fin. Sin embargo, al principio me resistí a admitir que teníamos que morir, y fuimos descendiendo metro a metro, buscando continuamente una “última salida”. Mucho más abajo, entre los seracs del extremo superior del espolón de Mummery y en plena fase de ira y rebelión -“Por qué tiene que pillarnos aquí y ahora”-, encontré un medio de escurrirnos entre los bloques de hielo tan altos como campanarios. Después, cuando mi hermano disminuyó de nuevo su ritmo y el terreno se hizo más imprevisible y peligroso, busqué desesperado, subiendo y bajando una y otra vez, una posibilidad de seguir, sólo para retrasar el fracaso final unas cuantas horas más. “Si todavía conseguimos pasar por ahí estoy dispuesto a morir”.
Caí en una profunda depresión después de que mi hermano quedara sepultado por un alud al pie de la pared. Me separé  psicológicamente de él y, poco a poco, también de mis camaradas de expedición. Por último me separé de mi madre. Finalmente, bajando como en trance por la cabecera del valle de Diamir – descalzo y sin haber comido nada desde hacía cinco días, y habiendo caído sin conocimiento al menos una vez – sentí como si se me quitara un peso de encima, sin miedo. Todo me daba igual. Tenía que morir y me dispuse a entregarme a mi destino.
Horas después, echado bajo un árbol en los pastos de montaña de Nagaton y rodeado de campesinos y pastores, me sumí de nuevo en la depresión. Pero los estados de ánimo que había experimentado antes ya no volvieron. Esta experiencia en el Nanga Parbat me hizo ver claro que el miedo a la muerte disminuye cuando más te acercas a ella. Para ello se requiere en todo caso una absoluta conformidad con el fin inevitable.
Ahí ya no existía el miedo ante la interrogación del paso a lo desconocido, ninguna duda, sólo la realidad de la muerte que había pasado a pertenecerme.
Desde que experimenté aquella vivencia la muerte tiene un nuevo significado para mí. Anteriormente no la había aceptado, pero a partir de ese momento la tuve muy presente sin sentirme agobiado por ello.
Todas las promesas de consuelo imaginables, extraídas de mis clases de religión cristiana, no pudieron liberarme del miedo a la muerte, sólo lo hizo aquella resignación al propio final. En este proceso no me pregunté ni por un momento si la muerte sería el final, o bien el comienzo de una nueva dimensión vital. Sentí la muerte como algo perteneciente a mi vida, y comprendí que ella y yo formábamos la unidad y la nada.
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte: terreno fronterizo”. 

Campamento Taga XV: agua constantemente (y II)

Una excursión realizada el 20 de julio de 1978.
Miércoles día 19 de julio de 1.978.
Como es natural después del esfuerzo de ayer [verlo en la crónica de la excursión del Aneto por Coronas] nos levantamos tarde a eso de las diez con un precioso día por delante. Una vez desayunados es importante la tarea de reparar las tiendas, de la cocina, ir a buscar leña, lavar los platos, enderezar el mástil y cualquier otra actividad que pueda empezar con la erre o con cualquier otra pero que nos producen una satisfacción especial. Y para no acabar con la tónica impuesta por la erre recibimos numerosas visitas internacionales de alemanes, ingleses y yugoslavos que van todos buscando la “estrada” o “camino internacional” o como sea que va al Hospital de Benasque y alguna que otra más familiar como es la de nuestro amigo Pito G. que por lo visto no ha perdido la locura de subir montañas y se ha acordado de visitar nuestro campamento que ya lleva 15 años de vida. Después del café para pasar el rato nos embarcamos a explicar aventuras de miedo psicológico preparado, de escalada del Braxman y chistes dodecafónicos del Pedro P.
Jueves día 20 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las cinco. Hace un viento fresco y sano. Nos equipamos debidamente y emprendemos el camino hacia el Hospital unos a pie por la carretera asfaltada en algunos tramos y otros en coche por la pista de Los Baños. La cascada de Remuñe sigue presidiendo el valle homónimo y todo el valle del Ésera mensajero insaciable de la virginal frescura de las cumbres. Unos sombreros de vapor matinal, ahora que los sombreros ya sólo los llevan los mexicanos y de vapor (al menos lo parece) son los vestidos de moda de este año, cubren los pequeños estanques del llano de este mismo nombre difuminando amablemente por el polvo inmerecido causado por nuestros vehículos al cruzar este bello paraje. Los coches los dejamos delante de una puerta que pone con letras muy grandes prohibido aparcar a las siete menos cuarto. En el complejo refugístico de La Renclusa encontramos unos perros con unos ladridos afónicos y un hombre grande con igual afonía que dice “Anetu?” y que nosotros afortunadamente le podemos contestar con un clarito “Alba”.
Empezamos a pisar la nieve a los 2200 metros. Los ibones de Paderna duermen en paz a la sombra del espigado y pétreo pico que lleva su nombre. El fuet, el queso y la leche nos ponen en condiciones de superar con el sudor que el día prevee la dura subida que vamos a emprender. Superando la depresión en la que estamos inmersos un espectáculo alucinante de nieblas tranquilas aparecen tras el Puerto de Benasque. El camino que lo sube en unas ingeniosas curvas y el glaciar de la Maladeta nos dejan maravillados. Mientras saltamos por el canchal y Jaume C. (mi profesor de gimnasia) se entretiene a perseguir perdices nivales (tiene la “pájara”), aunque no se atreven a levantar el vuelo, PK va sufriendo por los cinco que hoy han decidido subir al Puerto de Benasque.
El acceso a la cresta norte del Pico de Alba por el glaciar se presenta muy empinado y no muy claro debido a la presencia de una rimaya. Por eso hacemos reunión en unas piedras, comemos un poco y sale una primera avanzadilla de dos personas a inspeccionar la vía a seguir. Cuando llegan a una ancha brecha que forma la cresta avisan que suba una cordada de cuatro con crampones. Una vez en la cresta y superada una corta subida de piedras sueltas que hay después de la nieve el grupo se desata y va flanqueando por el lado oeste de la cresta cogiéndose en las piedras más seguras y animando a un PK que está afectado por otro “mal de muntanya” que le produce amnesia. Siguiendo con la tónica de encuentros fortuitos Robert se encuentra con un cordino dejado por algún aficionado a los rápeles. El altímetro del Gerald va dando cifras bastante razonables pero que según como se mire pueden dar falsas esperanzas como es el caso de que marca un 30 queriendo decir 3030 y algunos lo interpretan como que faltan 30 metros para la cumbre. Una canal de piedras bastante seguras y grandes nos conduce de nuevo a la cresta y a partir de aquí ésta ya no presenta grandes dificultades hasta la cumbre. Llegamos a la una.
Un trago corto, unas fotos, las nieblas inamovibles de la zona francesa, los tres compañeros que han llegado hasta el final del glaciar, la cresta afilada y clapeada de nieve, la nieve hasta el pie del Diente de Alba y las Maladetas, el Posets difuminado por las nubes, las cabezas pétreas peladas y colgadas de los temibles Crabioules, Maupás y Boom, las paredes claras y lisas de la Aguja Blanca y los Ibones de Alba y de Villamuerta perdidos y casi ignorados en medio de tanto monte tresmilero.
La bajada no tiene más alicientes que los propios del piolet ramage y otros estilos más espectaculares y desafortunados pero que son entretenidos y hasta algo amables para el que se lo ve de lejos. En La Renclusa unas mulas poco simpáticas nos miran con una cara de extrañeza que las vacas nunca la pondrían y unas cervezas a diez duros nos hacen rascar un bolsillo bastante roto. La bajada hasta el refugio la liquidamos en hora y media y el trozo que nos falta hasta los coches se ve amenizada por las nieblas tranquilizadoras que se dejan caer calmosas por el lado español del Puerto de Benasque. Después la luz roja de la gasolina mantiene intrigados a los ocupantes del 127 y al final hasta Alfonso nos tiene que dar un golpe con el pie. Las dos expediciones llegan al campamento a la misma hora y nos encontramos con la agradable sorpresa de que los tres que se han quedado han tenido la amabilidad de ordenarlo todo, lavar los platos e incluso nos han preparado la comida. El baño, la comida y un pródigo partido de fútbol en goles nos ponen a tono.
El fuego nocturno tiene una primera parte muy emotiva de despedida a Gerald con vino, la dedicatoria de Pedro P. con un canto de “cuando un amigo se va” y unas poesías montañeras de este chico que se cansa tanto subiendo a las montañas pero que siempre quiere regresar. Y una segunda con relatos de excursiones pasadas y próximas junto con la trágica notícia de la muerte de uno de nuestros vecinos corazonistas en un accidente ocurrido hoy en la montaña.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

¿Te interesa hacer un curso de milagros?

Al principio la autora cuenta su colapso nervioso que la llevó a reorientar su vida por completo. Ella se había considerado siempre una mujer luchadora, por alguna causa concreta o en contra de la injusticia, y consideraba que incluso la liberación de sus demonios era una cuestión que podía resolverse con la fuerza. Su depresión progresaba hasta que empezó a remitir poco a poco y ella descubrió que la libertad verdadera se parece más a derretirse en la auténtica naturaleza y personalidad de cada uno. Esta parte de su historia es cautivadora sobretodo por su escepticismo inicial y sus resistencias a renunciar a cualquier aspecto de si misma. Como cualquier persona normal ella tenía miedo de perder su poder. Pero esa lucha entre su ego y su verdadera y pura esencia es lo que le da al libro su tirón. Fue solamente cuando su caída llegó hasta el fondo que ella decidió intentar algo que se materializó en la rendición espiritual.
La mayor parte del libro está dedicado a las relaciones. El amor incondicionado es difícil de cultivar pero trae grandes recompensas ya que es la única manera en que podemos estar en paz con nosotros mismos. Las relaciones son como tareas y cada una de ellas nos ofrece las máximas oportunidades de crecer. Esto significa que nuestra idea romántica de un compañero del alma es errónea ya que nuestro verdadero compañero del alma podría ser la persona que más nos irrita y que nos hace crecer enseñándonos a ser pacientes y humildes y a amar más. Las personas que nos hacen enfadar son, a menudo, nuestros mejores maestros.
El libro también es interesante cuando habla del amor. Si le ofrecemos nuestra vida laboral a Dios nos revelará precisamente lo que mejor se adapta a nuestros talentos y temperamento y cuál es la mejor manera en que podremos ayudar al mundo. El genio sólo se manifiesta cuando nos convertimos en limpias herramientas de la expresión divina. Lo que más nos asusta no es el fracaso sino el resplandor que brillaría en nosotros si sólo lo permitiéramos. Pensando así ya no podemos seguir siendo esclavos del dinero. Al tener unas mentes poderosas solemos lograr los objetivos que nos establecemos pero nunca podemos confiar en que seremos felices si los alcanzamos.
La autora solía clasificar los milagros en la categoría de la basura religiosa y seudomística pero más tarde se dio cuenta de que, en efecto, son cosas muy razonables de pedir. Se trata simplemente de que ocurra algo que antes se tenía por imposible. Cuando decidimos tener una cierta apertura mental y nos comprometemos a cambiar todo lo que parece estar más allá de nuestro alcance se nos ofrece para nuestra transformación. Si no se trata ya de un deseo del ego, sino de una parte genuina de esa mentalidad transformadora, entonces los milagros ocurrirán. La autora observa que es muy triste que renunciemos tan fácilmente a nuestro poder de hacer milagros.
Marianne WILLIAMSON en “Regreso al amor”.

 

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Llena tu vacío llenando tu vida de alma

El cuidado del alma es aplicar la poesía a la vida de cada día, devolver la imaginación a esos ámbitos vitales que carecen de ella y reimaginar las cosas que creemos que ya hemos entendido. Las relaciones satisfactorias, el trabajo gratificante, el poder personal y la paz mental son todos dones del alma. Son tan difíciles de alcanzar porque la idea de alma ya no existe para la mayoría de nosotros por lo que ésta tiene que manifestarse en forma de síntomas y de quejas, de angustia, de vaciedad o de malestar generalizado. En lugar de intentar extirpar todas las malas sensaciones y experiencias de nuestra mente es más humano y más honesto mirar directamente a las cosas malas y escuchar lo que quieren decir. Si la apartamos de nuestra vista nunca recibiremos los mensajes del alma.
Moore nos aconseja que evitemos el enfoque rígido y simplificador de algunos escritos de autoayuda. La identidad es plural y si acogemos sus contradictorias exigencias la vida se expande y se vuelve mucho más plena. A veces podemos entretener a nuestro ego y otras veces podemos ser el sabio desapegado. Ambos son válidos y no tenemos que estar siempre seguros de que la vida tenga sentido.
Algunas de las temáticas interesantes del libro son:
dot Amor. El amor es un acontecimiento del alma que tiene muy poco que ver con nuestro compañero. Es un alivio respecto a la naturaleza mundana y aséptica de la vida moderna. Es una puerta abierta ante el misterio que es lo que explica por qué nos agarramos a él con tanta fuerza.
dot Celos. Los celos no son del todo malos ya que sirven al crecimiento del alma por medio del establecimiento de límites y arraigos. Desafiando las ideas modernas sobre codependencia el autor afirma que está bien encontrar la propia identidad en relación con la de otro.
dot Poder. El poder del alma difiere bastante del poder del ego. Con el ego planeamos, dirigimos y trabajamos hacia un objetivo. El poder del alma es más como una corriente de agua aunque podamos desconocer su origen tendremos que acogerla y dejar que guíe nuestra existencia. Con el alma hemos de abandonar la lógica del consumidor, las teorías de causa/efecto y las del uso eficiente del tiempo.
dot Violencia. El alma ama el poder pero la violencia explota cuando no damos salida a sus imaginaciones oscuras.
dot Depresión. Afirma que todas las culturas que intentan protegerse de la cara trágica de la vida convertirán la depresión en su enemigo pero que en todo tipo de sociedad adoradora de la luz la depresión será especialmente fuerte para compensar su innatural escondimiento.
Thomas MOORE en “El cuidado del alma: una guía para cultivar la profundidad y lo sagrado en la vida de cada día”. 

 

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2017 - Miquel Pavón