Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: extremo

Nordend (4609 m)

Situación: Es un cuatromil de los Alpes que está en la frontera de Suiza e Italia y ocupa una posición aislada en el extremo septentrional del macizo del Monte Rosa.
Aproximación: La vertiente suiza es desde Zermatt y la vertiente italiana es desde Macugnaga.
Puntos de partida:
Zermatt (1616 m). Es un pueblo en el que están prohibidos los coches situado en el final del valle suizo del Mattertal. Se accede en ferrocarril desde Visp. El aparcamiento para el coche está en Täsch a unos 5 Km. Hoteles, posadas, pensiones, hostal juvenil y camping.
Macugnaga (1378 m). Es la última población del valle de Anzasca que está a 43 Km de Domodossola y a 140 Km de Milán. Hay servicio de autobús. Hay hoteles, pensiones, posadas y camping.
Ruta normal:
Arista Suroeste. PD (II- en la arista cimera). Hasta 40 grados de inclinación. Hay unas 7 horas desde el refugio de Monte Rosa y unos 1820 metros de desnivel. Es un recorrido glacial y de nieve.
Otras rutas:
Pilar Noroeste. AD (secciones de II). Unas 8 horas y 1820 metros de desnivel desde el refugio Monte Rosa. Es una escalada mixta con peligro de caída de piedras al pie del espolón.
Espolón Noroeste (Morshead). AD (IV). Son unas 3 horas y unos 400 metros de desnivel desde el pie de la vía. Es una escalada mixta y en hielo.
Cara Oeste. D+. Hasta 48 grados de inclinación. Son unas 3 horas y 400 metros de desnivel desde el pie de la vía. Es una escalada en hielo y mixto.
Arista Noreste (cresta di santa Caterina). MD- (una sección de V). Son unas 8 horas y 700 metros de desnivel desde Jägerjoch. Es una escalada mixta y de roca en los primeros 450 metros y luego de nieve hasta la cumbre.
Cara Este (ruta Brioschi). D+ (IV). Hasta 60 grados de inclinación. Son unas 12 horas y 1500 metros de desnivel desde el refugio Marinelli. Es una escalada mixta seria.
Refugios: refugio Monte Rosa – Marinelli (2795 m) y cabaña de vivac Gallarate (3969 m).
GPS (WGS84): 32T 412365 5088064.
 Mapas: Zermatt (núm. 1348), Suisstopo a escala 1/25000. Monte Rosa, Alagna Valsesia, Macugnana, Gressoney (núm. 109), Instituto geográfico italiano a escala 1/25000.

Experiencia al borde de la muerte

Tras el ascenso por la vertiente del Rupal en el Nanga Parbat – con un desnivel de cuatro mil quinientos metros, la pared de roca y hielo más alta de la Tierra – un vivac en la zona de la muerte sin ningún abrigo y la obligación insoslayable de tener que descender con mi hermano afectado de mal de altura por la para nosotros desconocida vertiente de Diamir, supe que aquello era nuestro fin. Sin embargo, al principio me resistí a admitir que teníamos que morir, y fuimos descendiendo metro a metro, buscando continuamente una “última salida”. Mucho más abajo, entre los seracs del extremo superior del espolón de Mummery y en plena fase de ira y rebelión -“Por qué tiene que pillarnos aquí y ahora”-, encontré un medio de escurrirnos entre los bloques de hielo tan altos como campanarios. Después, cuando mi hermano disminuyó de nuevo su ritmo y el terreno se hizo más imprevisible y peligroso, busqué desesperado, subiendo y bajando una y otra vez, una posibilidad de seguir, sólo para retrasar el fracaso final unas cuantas horas más. “Si todavía conseguimos pasar por ahí estoy dispuesto a morir”.
Caí en una profunda depresión después de que mi hermano quedara sepultado por un alud al pie de la pared. Me separé  psicológicamente de él y, poco a poco, también de mis camaradas de expedición. Por último me separé de mi madre. Finalmente, bajando como en trance por la cabecera del valle de Diamir – descalzo y sin haber comido nada desde hacía cinco días, y habiendo caído sin conocimiento al menos una vez – sentí como si se me quitara un peso de encima, sin miedo. Todo me daba igual. Tenía que morir y me dispuse a entregarme a mi destino.
Horas después, echado bajo un árbol en los pastos de montaña de Nagaton y rodeado de campesinos y pastores, me sumí de nuevo en la depresión. Pero los estados de ánimo que había experimentado antes ya no volvieron. Esta experiencia en el Nanga Parbat me hizo ver claro que el miedo a la muerte disminuye cuando más te acercas a ella. Para ello se requiere en todo caso una absoluta conformidad con el fin inevitable.
Ahí ya no existía el miedo ante la interrogación del paso a lo desconocido, ninguna duda, sólo la realidad de la muerte que había pasado a pertenecerme.
Desde que experimenté aquella vivencia la muerte tiene un nuevo significado para mí. Anteriormente no la había aceptado, pero a partir de ese momento la tuve muy presente sin sentirme agobiado por ello.
Todas las promesas de consuelo imaginables, extraídas de mis clases de religión cristiana, no pudieron liberarme del miedo a la muerte, sólo lo hizo aquella resignación al propio final. En este proceso no me pregunté ni por un momento si la muerte sería el final, o bien el comienzo de una nueva dimensión vital. Sentí la muerte como algo perteneciente a mi vida, y comprendí que ella y yo formábamos la unidad y la nada.
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte: terreno fronterizo”. 

2017 - Miquel Pavón