Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: levantar

Comentario de libros de autoayuda

A más de un@ le puede sorprender que se incluya comentarios de libros de autoayuda en un blog muy dedicado a la montaña. Parece que son dos cosas que no tengan casi nada que ver. Pero no. Sí tienen bastante relación. Pienso que practicar montañismo de forma habitual proporciona una alta confianza en uno mismo y un aumento significativo de la autoestima. Es algo que parece como irreal por inconexo. Pensemos que el montañero se propone pequeñas metas: subir este fin de semana a tal cumbre. Bien. El hecho continuado de conseguir objetivos o aprender de los fracasos, que los hay, es la mejor forma para ir formando el carácter. Y, como consecuencia de ello, mejoraremos en el día a día. A ello, hay que añadirle que en la práctica de cualquier deporte se oxigena el cuerpo y la mente. O se crea adrenalina de forma natural que nos va a ayudar a enfrentarnos con los problemas con una visión más optimista. Por útltimo, y no menos importante, el estar rodeados de paisajes espectaculares, ambientes naturales o estar largas horas con un ritmo que facilite que se piense y reflexione acaba por afectar a cualquiera y que se reconozca que hay un antes y un después de cada experiencia alpina.

 

la ayuda que proporciona la autoayuda te puede ayudar

 

LIBROS DE AUTOAYUDA COMENTADOS

dot Abraham MASLOW en “Motivación y personalidad”, ver artículo: Hacia la plena salud mental.
dot Alain de BOTTON en “Cómo cambiar tu vida con Proust”, ver artículo: Las esperanzas pequeñas traen gratas sorpresas.
dot Álvaro GONZÁLEZ-ALORDA, Los próximos 30 años”, ver artículo: ¿Quien tiene un amigo tiene un tesoro?.
dot Anónimo, ver artículo: Imaginación.
dot Anthony ROBBINS en “Pasos de gigante”, ver artículo: Vivir la vida que siempre has soñado.
dot BHAGAVAD-GITA, ver artículo: Deseo o propósito.
dot BOECIO en “Consolación de la filosofía”, ver artículo: ¿Qué harías si supieras que vas a morir torturado?.
dot BUDA en “El Dhammapada”, ver artículo: Camino a la ley universal del universo.
dot Carol S. PEARSON en “El héroe interior”, ver artículo: Hazte consciente de tu poder.
dot Clarissa Pinkola ESTÉS en “Mujeres que corren con los lobos”, ver artículo: Una mujer saludable se parece mucho a un lobo.
dot Claudia NOSEDA, en “Antiestrategias”, ver artículo: Provocar lo temido.
dot Dalai LAMA y Howard C. CUTLER en “El arte de la felicidad”, ver artículo: La felicidad no es ningún lujo.
dot Daniel GOLEMAN en “La inteligencia emocional”, ver artículo: Es emocionante lo de la inteligencia emocional.
dot David D. BURNS en “Sentirse bien: una nueva fórmula contra las depresiones”, ver artículo: Fórmula contra las depresiones.
dot Ellen J. LANGER en “La mente creativa: perspectivas sobre el envejecimiento, la memoria y la salud”, ver artículo: Recobra el control de tu pensamiento.
dot Florence SCOVELL  SHINN en “El juego de la vida y cómo jugarlo”, ver artículo: Las reglas de nuestra propia felicidad.
dot Guido LAMMER, ver artículo: ¿Estás cansado de vivir?.
dot Guillermo F. BATARSE, ver artículo: ¿Qué quieres?.
dot Heidemarie SCHWERMER en “Mi vida sin dinero”, ver artículo: La energía telúrica en la montaña.
dot Henry David THOREAU en Walden”, ver artículo: Asegúrate de que en tu vida tienes tiempo para pensar.
dot James ALLEN en “Cómo el hombre piensa”, ver artículo: Autocontrol.
dot James HILLMAN en “El código del alma”, ver artículo: La imagen de la persona que podemos llegar a ser.
dot John GRAY en “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, ver artículo: Sobre la guerra de sexos.
dot Louise HAY en “Usted puede sanar su vida”, ver artículo: Despoja de autoridad a los problemas.
dot M. SCOTT PECK en “Pensamientos del caminante”, ver artículo: La vida es difícil.
dot Marianne WILLIAMSON en “Regreso al amor”, ver artículo: ¿Te interesa hacer un curso de milagros?.
dot Marilyn TAM en “Cómo utilizar lo que tienes para conseguir lo que quieres”, ver artículo: El poder de la perseverancia ….
dot Martha BECK en “Encuentre su propia estrella polar”, ver artículo: Aprender a decir no.
dot Mihaly CSIKSZENTMIHALYI en “Fluir”, ver artículo: ¿Cómo ser feliz?.
dot Norman Vincent PEALE en “El poder del pensamiento positivo”, ver artículo: Logra cosas si tienes fe.
dot Paulo COELHO en “El alquimista”, ver artículo: ¿Cómo ver un presagio?.
dot Pierre TEILHARD de CHARDIN en “El fenómeno humano”, ver artículo: Aprecia y expresa tu propia unicidad.
dot PROUST, ver artículo: Soledad …..
dot Raimon SOLÀ. “Cómo ser feliz cada día. Pequeño manual de inteligencia esencial”, ver artículo: Hoy no me puedo levantar.
dot Ralph Waldo EMERSON en “Confía en tí mismo”, ver artículo: Lo bueno si breve, tres veces bueno.
dot Richard CARLSON en “No te ahogues en un vaso de agua”, ver artículo: Ideas para no ahogarse.
dot Robert BLY en “Iron John”, ver artículo: Como un chamán.
dot Samuel SMILES en “Autoayuda”, ver artículo: Conseguir cosas gracias a la voluntad.
dot Shakti GAWAIN en “Visualización creativa”, ver artículo: ¿Cómo funciona la visualización creativa?.
dot Sir Edmund HILLARY, ver artículo: Conquistar o conquistarse?.
dot Susan JEFFERS en “Aunque tengas miedo, hágalo igual”, ver artículo: La filosofía de la intrepidez.
dot Thomas MOORE en “El cuidado del alma: una guía para cultivar la profundidad y lo sagrado en la vida de cada día”, ver artículo: Llena tu vacío llenando tu vida de alma.
dot Viktor FRANKL en “El hombre en busca de sentido”, ver artículo: ¿Y si acabaras sentenciado en un campo de concentración?
dot William BRIDGES en “Dirigiendo el cambio”, ver artículo: ¿Cuándo hay que hacer la colada?. 

Experiencia de un viaje retrospectivo desde el reino de los muertos

Estoy junto a la gran panza de la cara sur del Goldkappel, asegurado por mi compañero mediante la doble cuerda. Tanteo hacia arriba con la mano derecha y me agarro a una regleta de bordes afilados. Me alzo tirando de ella con precaución. Entonces oigo un crujido leve y siento cómo la presa cede algo. ¡¿Se rompe?! Siento una sacudida como si fuera una descarga eléctrica: ¡Me despeño, es el final ….! ¡¡No te caigas!! A la velocidad del rayo lanzo la mano en dirección a una escama minúscula que hay encima de mi, pero se astilla. La siguiente, la tercera, todas se rompen …..
Mis pies todavía descansan sobre sus presas debajo del extraplomo, pero las manos ya no tocan la roca. Un puño gigantesco tira de mi cuerpo hacia atrás. No debo dar una vuelta de campana, de espaldas no, no tengo que caer cabeza abajo. ¡Tengo que saltar lejos de la roca!
Todo mi ser se rebela contra esta idea descabellada y clama para no perder el leve contacto con la roca, para poder sujetarse todavía, para lograr salvarme. Pero mi instinto es más fuerte y me obliga a actuar. Me impulso con las piernas en dirección contraria a la pared. Por el aire, fuera, hacia el abismo terrible y despiadado …..
Comienza el atroz y vertiginoso viaje a los infiernos. Aún percibo por completo lo terrible de la situación y soy consciente de lo que sucede a mi alrededor: una breve detención. Comprendo que la primera clavija ha saltado. El segundo. Golpeo contra la roca y sigo resbalando hacia abajo. Todavía intento detenerme, aferrarme a ella, pero una fuerza primigenia sigue impulsándome incesantemente hacia abajo. Estoy perdido. Se acabó …..
Y de pronto ya no siento ningún miedo, el temor a la muerte me ha abandonado, todos los estímulos y las percepciones sensoriales han desaparecido. Sólo más vacío, una completa resignación dentro de mí y la noche a mi alrededor. De hecho ya no estoy “cayendo”, sino que floto suavemente sobre una nube por el espacio, liberado de mis ataduras a la tierra, redimido. ¿Nirvana ….?
¿He atravesado ya la puerta oscura que conduce al reino de los muertos? De repente llegan la claridad y el movimiento a la oscuridad que me rodea. Unas líneas se desprenden de las ondas de luz y sombra, vagas y difuminadas al principio, van adoptando ahora formas reconocibles: naturalistas – figuras y caras humanas, un entorno habitual desde hace mucho tiempo. Una película muda en blanco y negro centellea como si se proyectara sobre una pantalla interior. Yo me veo en ella como si fuera un espectador: me dirijo trotando a la tienda de la esquina con apenas tres años de edad. Las pequeñas manos sujetan firmemente la moneda que me ha dado mi madre para que me compre algunos dulces. Cambio de escena: siendo un niño pequeño, mi pierna derecha queda debajo de unos tablones que caen. Mi anciano abuelo, apoyado en un bastón, se esfuerza por levantar los tablones. Mi madre refresca y acaricia mi pie contusionado.
Dos sucesos éstos, de los que yo no me había acordado nunca más.
Centellean más imágenes de mi primera niñez, rápidamente cambiantes, fraccionadas, revueltas como si las viera a través de un caleidoscopio. La cinta de celuloide se ha roto: serpientes de luz atraviesan como relámpagos un fondo negro y vacío. Círculos de fuego, chispas que se esparcen, trémulos fuegos fatuos (¿Me golpearía el cráneo contra la pared?).
La cinta corre de nuevo, pero sus proyecciones ya no proceden de mi vida actual, y ya no me veo sobre la “pantalla” como un mero espectador inactivo. He salido de la película, ahora actúo por mi mismo, vivo y de carne y hueso sobre un escenario que se hace cada vez más grande. Soy un escudero con librea blasonada de pie en una gran sala de caballeros. Nobles en trajes de ceremonia, castellanas de punto en blanco, pajes. Las copas pasan de mano en mano, colorida animación.
Esto pasa como si hubiera sido segado. Nuevas imágenes turbulentas de ese tiempo tan lejano se sacuden convulsas. Ahora parece como si éstas se deshicieran de una cáscara y debajo aparece un motivo pleno de paz y sosiego: camino detrás de un arado de madera por una ancha y llana tierra de labor. Barcos de nubes navegan sobre mí.
Un abrupto fundido en negro al fragor de una batalla extraños jinetes salvajes de largas cabelleras hirsutas cargan al ataque, vuelan las jabalinas. Angustias mortales.
Y todo ello sin un sonido, fantasmal.
De pronto, un grito llega desde la lejanía: “¡Hias!” – y otra vez – “¡Hias, Hias! ¿Una llamada interior? ¿La de alguno de mis camaradas en el combate? Súbitamente dejan de existir la batalla de caballeros y las angustias de la muerte. Sólo paz a mi alrededor y unas rocas soleadas ante mis ojos que ya se han abierto. La película ha terminado, la claqueta se ha cerrado. La ventana abierta a las profundidades del pasado ha quedado nuevamente atrancada. Y una vez más el grito lleno de pánico: “¡Hias, Hias! ¿Estás herido? ¿Cómo estás?” La llamada viene de este mundo, viene de arriba, del amigo que me asegura.
¿Qué cómo estoy? De nuevo me encuentro en una situación peculiar. Cuelgo amarrado a dos cuerdas sobre el abismo como si fuera un saco de harina, me balanceo y me retuerzo en busca de aire. Entonces por fin comprendo que he superado una caída de 30 metros, que he retornado de un largo viaje retrospectivo por mi vida -¿También por una vida anterior?-, y que he regresado a mi cuerpo de nuevo …..
Cuando pienso de vez en cuando en esta dramática escalada en cabeza en la que la dama de la guadaña intentó atraparme en dos ocasiones, me llama la atención sobre todo la curiosa “película” que se proyectó durante la caída sobre una “pantalla interior”. Todavía resulta incomprensible que resurgieran acontecimientos sucedidos en mi niñez más temprana, cuando más o menos comenzaba a razonar. Pero la “historia” que se produjo a continuación, la cual reflejaba sucesos que tenían que haberse desarrollado hacía siglos en la vida de mis antepasados. ¿Eran simples y casuales productos de la fantasía, imágenes oníricas sin ninguna relación con la realidad, o eran recuerdos transmitidos genéticamente? Al menos es posible, incluso probable, que mis antepasados vivieran algo similar. ¿Reflejaban quizás experiencias reales vividas por ellos? ¿Impresiones perdurables almacenadas durante generaciones en las capas más profundas de la psique y transmitidas como una herencia desconocida en la relación sexual? ¿Acaso se rompió una válvula bajo la tremenda presión espiritual durante la caída, permitiendo que estas impresiones almacenadas ascendieran de nuevo hacia la consciencia por los sifones de lo subliminal? ¿Las enseñanzas de Buda sobre la reencarnación? Hay cosas entre el cielo y la tierra de las que los sabios nada quieren saber, pero sin embargo, poco a poco, habrán de ser reconocidas ……
Hias REBILSCH 

Sangre, sudor, lágrimas, rayos y truenos en el Besiberri Nord (3014 m) por la arista Peyta (NE)

Día 18 de septiembre de 1979.
Estamos desayunando debajo de los arcos y seguimos esperando. El Sol todavía calienta mucho pero se nota el frescor del mes de septiembre: el mejor mes para hacer ascensiones ya que se juntan muchas condiciones favorables, los glaciares están escondidos a gran altura, el Sol calienta durante el día a pesar de que las noches ya son frías y hielan la nieve, hay bastantes horas de luz, …
Quedamos Miguel y yo que les esperaríamos aquí hacia las diez de la mañana. Pero cuando acabamos de desayunar Josep Mª y Jordi no han llegado aún con el coche. Miguel va a llamarlos pero no hay respuesta. Aparecen al cabo de dos horas. Han tenido dificultades con los papeles del coche. Después de horas de espera y de incógnita salimos de Girona con un vehículo que no es una joya. El viaje nos lo tomamos con filosofía (estoica ¡naturalmente!). Encontramos camiones en Los Brucs y comemos en La Panadella. Por la tarde hace mucho calor y nos tomamos una cerveza en Benabarre. Nuestro plan era subir hoy mismo al refugio. Al retraso inicial que llevamos hay que añadirle el que se produce al encontrar la carretera cortada antes de El Pont de Suert. Este tramo lo están arreglando. La subida al refugio es muy larga. Hay que dejarla para mañana. En El Pont de Suert compramos algunas cosas. Visitamos a los parientes de Jordi que viven en Taüll y nos reciben afectuosamente como la otra vez. El día empieza a irse.

Decidimos ir a dormir cerca de Caldas y montar la tienda a la luz del día. Cuando tenemos el lugar decidido vemos que la tienda no tiene clavos y que le falta un trozo de mástil. Hasta ahora parece que no hemos tenido mucha suerte. Un día de retraso, el coche tiene algún problema, nos faltan los clavos de la tienda (que los sustituimos por trozos de “boix”) y, ahora, para completar los males el fuego no se enciende ni a tiros. Menos mal que el hornillo sí que funciona. Después de cenar Josep Mª saca la guitarra y alrededor del fuego, perdón, del humo hacemos un rato de tertulia. Hace frío y nos vamos a dormir, con mucho cuidado, no se vaya a caer la tienda. Todo lo arreglamos con sentido del humor.

Día 19 de septiembre de 1979.
Nos levantamos a una hora razonable y hacemos un poco de orden y limpieza. Desayunamos y recogemos todas las cosas con tal de ir a hacer una comida puntual y buena a Taüll para salir bien equipados. Comemos caliente, sentados, un buen plato de judías con butifarra y postre. En la casa dejamos todo lo que no nos sirve para la excursión. El tiempo no está muy claro pero regresaremos a Cavallers. Es una inmensa pared con contrafuertes destacando su majestuosa quietud en medio de una naturaleza salvaje. La presa de Cavallers ha significado para mí el límite entre la civilización y la alta montaña pirenaica de este valle tan agreste. A partir de allí incertidumbre y aventura. En el aparcamiento encontramos unos motoristas de Puigcerdà que parece que están un poco molestos pues se lo han pasado muy mal intentando hacer una travesía. Después de intercambiar unas palabras con ellos bajan por la carretera y nosotros iniciamos con mucha calma la ascensión al refugio. Está calculado entre cuatro y cinco horas de marcha. Bordeamos el pantano hablando entre nosotros hasta la Pleta del riu Malo. Hay unas vacas sentadas que nos miran casi despectivamente sin dejar de rumiar. Por un instante vemos la imponente pirámide del Besiberri Nord que nos deja impresionados hasta que la niebla nos tapa toda la panorámica. Al atravesar una cascada, que nos refresca un poco, comienza una fuerte ascensión por un caminillo tortuoso y poco marcado hasta que desaparece antes de llegar al estanque. Queda bastante colgado y ya desde allí se ve claramente el refugio metálico de la brecha Peyta. Unos grandes neveros quedan cortados encima del agua y la niebla nos deja ver de vez en cuando la cresta imponente de los Besiberris e incluso alguna grieta que hay debajo. El tiempo está muy inseguro y después de coger nieve para fundirla continuamos por un pedregal muy empinado. Josep Mª y yo vamos delante y a mitad de la subida hace patinar sin querer una piedra. No me aparto ya que parece que pasará lejos pero justo el último bote hace que vaya directamente hacia mí y me toca en un puño y en la pierna. Tengo una mancha de sangre pero no deja de ser una rascada algo fuerte. Miguel que acompaña a Jordi, que no se encuentra muy bien, se interesa por lo que pasa y con un grito le digo que no ha sido nada y no se preocupe.
En cabeza ya estamos casi en el refugio. El tiempo está muy inseguro y empieza a refrescar. Estamos a 2805 metros. Josep Mª hace señas y nos comunica que ya ha llegado y que no hay nadie. Acabo de llegar y me quedo impresionado de la situación de este refugio. Se domina todo el valle de la pleta por un lado y por el otro la sierra de Tumeneia y el Estany de Mar. A nuestro alrededor grandes neveros, lagos, crestas … en fin, ¡es sensacional! Sin perder tiempo quiero ver este refugio del que tantas veces había leído unos textos del francés Bellefon. Por fuera es de metal inoxidable, forrado de corcho y después madera. Hay seis literas desplegables con mantas, un botiquín y un armario con provisiones para emergencias.

Acaban de llegar Miguel y Jordi. Hacemos fotos y filmamos. El frío se ha hecho muy intenso y se ha desencadenado una tempestad. Una gruesa puerta que hace ruido a nevera nos aísla perfectamente del exterior. Por una ventanilla entra la poca luz que queda del día y vemos como la noche va imponiéndose.
Abrigados con las mantas estamos sentados en las literas, la nieve se va fundiendo mientras vamos leyendo el libro de registro del refugio y anotamos nuestras observaciones. comentamos que un buen lema para la salida podría ser la famosa frase de Churchill con un añadido personal: “sangre, sudor, lágrimas, rayos y truenos, …”. Las inclemencias de la naturaleza se han desencadenado y me parece que nunca las habíamos vivido tan de cerca. Estamos en silencio, sólo se oye el hornillo, el ambiente es sensacional. Un rayo ilumina de repente el refugio oscuro y, a continuación, el rayo menea toda la construcción. Sabemos que el refugio es bueno pero no podemos dejar de impresionarnos y de inquietarnos un poco. Gauss tiene razón: la corriente eléctrica no ha entrado en el interior del refugio y se ha quedado en el exterior. Pero … ¿seguirá teniendo razón las próximas veces? La nieve ya se ha fundido y se puede hacer ya la sopa. Dejamos una reserva de nieve que se irá fundiendo por la noche. Después de cenar Jordi todavía no se encuentra muy bien y se va a dormir. A alguien se le ocurre la idea de hacer un “cremat” y con su calor fundimos la nieve que queda, nos calentaremos nosotros y el barracón para luego beberlo junto con un té con limón. Aceptamos la idea ya que lo de jugar a las cartas no tiene muy buena acogida. El té lo guardamos para mañana ya que va a ser el único líquido que vamos a tener en todo el día. Esto será un gran problema ya que nuestro plan es hacer la integral de los Besiberris y en todo el recorrido es bastante probable que no encontremos agua. De todas formas, ya veremos si hacemos algo de la forma como está el tiempo. Nos hacemos a la idea del drama que debería ser el de aquellos compañeros que se quedaron prisioneros en estas crestas durante días y que los tuvieron que rescatar. Realmente tiene que ser una experiencia penosa. Nosotros llevamos aquí unas horas y ya empezamos a notar la falta de espacio.
El tiempo va pasando y ya deben ser hacia las diez. El “cremat” es sensacional. Hemos conseguido subir poco peso y a cambio hemos hecho una cena caliente, un “cremat”, un té y no sé cuantos lujos más. Parece que las inclemencias meteorológicas han cesado, me abrigo mucho y salgo. El frío es intensísimo. No se ve ni una sola estrella. El viento no se sabe de dónde sopla aunque lo hace muy fuerte. La panorámica es esta: hace mucho frío, niebla en general, está el cielo cubierto y la roca está húmeda.

Decidimos ir a dormir. En las literas se está muy bien ya que sólo estamos los cuatro y podremos dormir anchos. Con la luz de la frontal todavía escribo unas notas en el libro de registro que es muy divertido. Cuando acabo me arreglo el cojín con ropa. Apago la frontal e intento dormir que, como siempre, lo consigo. La temperatura es muy agradable aquí dentro. Fuera los elementos naturales luchan ruidosamente y el viento choca contra la estructura metálica confiriendo a esta noche un gran ambiente de alta montaña en esta brecha a casi tres mil metros.
Día 20 de septiembre de 1979.
A lo mejor son las cinco. Nos tenemos que levantar pronto para hacer la integral. Miguel se levanta y lo que ve es desesperante. Hace frío y la niebla lo tapa todo. Estamos inmersos en una nube. Regresa a la litera y dormimos una hora más aproximadamente. El tiempo no ha cambiado pero tomamos una decisión: nos pondremos de camino al Besiberri Nord y ya veremos. Desayunamos un poco, al parecer hoy necesitaremos las fuerzas, aunque de todas formas me repulsa un poco comer a estas horas y sólo tomo un sorbo de té. Guardamos las cosas, barremos el refugio y nos ponemos en marcha. Lo que todos pensamos es que aquí no volveremos más o que tardaremos muy poco en regresar. De todas formas no dejamos nada.
Rápidamente perdemos el refugio de vista, hemos bajado un poco para perder un trozo de cresta que tiene pasos de IV grado aunque no tardamos mucho en regresar a ella. Comienza a llover o a nevar. El silencio da un extraño ambiente a esta caravana que evoluciona con marcha calmada. Las fitas son abundantes y las vamos siguiendo. Nos llevan al filo de una cresta y su orientación hace que la sigamos ya que sube directa al Besiberri Nord. Al principio parece fácil, a lo mejor con algún paso de II grado, pero al darnos cuenta vemos que estamos en una cresta muy vertical de grandes bloques de granito. Al moverse la niebla vemos todo el esplendor de la cresta NE que se levanta puntiaguda enfrente nuestro. También vemos por unos instantes la Punta Alta. La niebla vuelve a cubrirlo todo. El avance es lento, constante, con tramos de ascensión verticales y progresando al escalar repisas. Comienza a notarse la sensación de vacío bajo nuestros pies. Menos mal de la niebla que tapa la vista de la caída. Los pasos delicados se van haciendo constantes y muy abundantes. Todos son muy gimnásticos. Esta cresta es cada vez más difícil. Encontramos una plataforma y decidimos reunirnos allí. La vía se pone muy interesante, ya lo dice la guía, pues ahora encontraremos “los pasos de III grado que se superan acrobáticamente“. En esta reunión aprovechamos para hacer un trago y comentar la situación. Aquí abandonaremos el filo de la cresta para avanzar por la vertiente sur. Una serie de canales verticales conducen a la cima. Para pasar de la plataforma a la primera canal hay que hacer un paso muy grande sobre el vacío con extrañas presas. Subimos el canal con pasos de II grado hasta otra plataforma muy pequeña y la cosa se pone negra. Las piedras están muy frías y húmedas. En cada parada aprovecho para ponerme las manos en los bolsillos y calentarlas un poco ya que no me gusta escalar con los guantes puestos. Falta el paso más difícil. Menos mal que no debemos estar muy lejos de la cima. Ha llegado el momento de sacar la cuerda. Miguel se la ata, se quita la mochila y empieza a subir. Unos instantes después desaparece entre la niebla y las piedras. Estamos en silencio en la plataforma. La cuerda va resbalando por la roca hasta que se para. Se oye un grito de Miguel que nos dice que es factible. Con la cuerda subimos su mochila y después Jordi y Josep Mª superan este paso asegurados por Miguel. Finalmente me ato la cuerda con el mosquetón de la baga y subo. El primer paso es lo más complicado que había hecho hasta el momento. Te encuentras tú y mochila empotrado debajo de un saliente de roca con presas de mano muy bajas. Se supera este paso por la izquierda. Con una mano hay que buscar una presa encima de la cabeza y ahora es con presas pequeñas con la que hay que recuperar una posición estable y salir de la posición inicial. Es un paso claramente de III grado aunque alguien comenta que incluso de IV aunque yo no lo creo. Eso sí el largo de cuerda no baja en ningún momento del III. Miguel va recogiendo la cuerda y asegurando desde un saliente de roca. Vuelvo a calentarme las manos y hablamos del rappel que habrá que hacer al bajar en el caso de no encontrar ningún otro sitio por el que sea mejor. Unos pasos más y ya coronamos la cumbre.

Lo sabemos porque hay un libro y una placa. Estamos a 3014 metros rodeados de un paisaje impresionante pero que no lo podemos contemplar. El frío no cesa debido a la nula acción solar. Nos sentamos en la cumbre. Nuestro pelo está lleno de gotitas de agua congelada. Hacemos fotos y filmamos. Ya tengo ganas de comer algo. Aquí se decide que la integral no deja de ser un proyecto. Hemos hecho un tresmil y ha sido espectacular por lo que estamos ya satisfechos. De todas formas la bajada nos espera con no pocos problemas. Debido al poco atractivo que presenta la permanencia en la cima decidimos regresar.
No bajamos exactamente por el mismo sitio. El primer paso sigue siendo más complicado de lo que esperábamos. Una chimenea de roca está obstruida por una piedra que sobresale. Este abultamiento tiene una presa en la pared superior. Hay que sentarse a caballo encima de una roca con las manos en la presa y los pies colgando en el vacío. Este paso se hace en diagonal, entrando por la derecha y saliendo por la izquierda. La pierna izquierda se va estirando intentando encontrar una presa extraplomada. El tanteo es agobiante. No veo mi pierna que en el aire intenta conseguir un punto de sostén. Estoy colgado de la punta de los dedos y por nada del mundo me puedo dejar vencer por el cansancio … caería pared abajo. Sí, por fin he encontrado una rugosidad aprovechable. Me sostengo en ella. Aunque la pierna empieza a temblar de cansancio. Rápidamente tengo que encontrar una presa de mano segura. Completamente inclinado hacia el precipicio la mano izquierda encuentra una presa. Traslado el peso del cuerpo al lado que tengo seguro y por fin consigo ver la parte inferior de esta especie de nariz que sobresale de la pared. Por fin he pasado. Descanso un momento. Estoy soplando. Otro paso que supera en dificultad a los que he hecho hasta la fecha. Dudamos si hacemos rappel o no. Como no sabemos hacerlo lo intentaremos sin. Avanzamos lentamente. No se puede hacer ningún paso en falso. Nos intercambiamos consejos mientras bajamos. Todo el rato de cara a la pared. La vía que seguimos coincide en algunos tramos con los de la ascensión. La concentración es total. La niebla sigue corriendo a nuestro alrededor impasible. Los pasos difíciles se suceden con constancia y por eso no recuerdo más detalles hasta el último que fue singular. Probablemente un destrepe de III grado. Es un diedro recorrido por una fisura interior. Había dos cosas difíciles en él. Una era entrar en la fisura y otra, evidentemente, era bajarla. En un primer intento no encuentro las presas adecuadas y es que en primer lugar hay que recorrerla con la vista. Una vez dentro empotro un pie en la fisura y con las manos por opresión me aguanto contra las paredes laterales. Bajada lenta. Por suerte a mitad de la fisura hay una piedra del tamaño de un puño que ofrece una presa magnífica. Faltaba sólo un par de pasos más y se acaba la fisura y la bajada fuerte. Después de un descenso tan lento nos desahogamos saltando a la desenfrenada por el pedregal. La niebla todavía tapa el panorama y perdemos altura a todo correr. Dejamos el refugio metálico atrás y no dejamos de hacerle una mirada a este símbolo de audacia de los conquistadores de la montaña. Un nevero nos lleva directamente al estanque. ¡¡Agua!! al fin agua. Hacemos las curiosas mezclas con olés, bebemos, descansamos un poco y por primera vez podemos gozar de la vista. La niebla va desapareciendo definitivamente. Este estanque está colgado por encima del precipicio y refleja tímidamente la Punta Alta que tenemos, majestuosa, delante nuestro. Y tiene, además, la misma altura que el pico que acabamos de conquistar. Guardamos la cuerda. Sacamos las capalinas y bajamos a la pleta. El descenso se hace muy largo. Comienzan a aparecer las primeras hierbas y más adelante las flores como muestra que vamos entrando en el reino de la vida y dejamos atrás el del mineral y hielo eterno. Las huellas son definidas y se reconoce ya el caminillo que baja en picado al lado del río. Contra todo pronóstico sale el Sol que nos calentará las manos y los cuerpos que empiezan ya a estar agotados. El paso de la cascada refrescadora nos lleva a la pleta del riu Malo donde las mismas vacas que nos encontramos a la ida pastan tranquilamente con su eterna impasibilidad. Nos ven pasar. Ignoran nuestras aventuras.
Los horarios de los autocares hacen que vayamos aceleradísimos. En todo el descenso hemos parado dos veces para beber a pesar de que el Sol empieza a darle fuerte. El pantano de Cavallers se nos hace muy largo. Al fin llegamos al coche. Nos tenemos que despedir de nuestra amada naturaleza.
El coche baja rápidamente por la estrecha carretera a recoger los trastos a Taüll y poder, así, cojer el coche de línea en El Pont de Suert. Allí nos despedimos de Josep Mª y de Jordi. Ellos irán a Andorra. Nosotros volvemos a casa con los medios que ofrecen el transporte público y con un tresmil más en el bolsillo.
Unas veinticuatro horas más tarde llegamos a casa, haciendo noche en Barcelona, mientras que en coche se suelen tardar unas cinco horas. Que cada uno saque las conclusiones que quiera.
P.D. El texto está pasado a máquina dos años después de escribirlo en el momento de inspiración debido a la gran aventura. Tenía 16 años. Por lo que puede parecer que le doy un tono de epopeya a lo que no pasa de ser una experiencia muy buena de montaña. En fin. Esto es un recuerdo personal como puede ser una fotografía.
© Robert C. Año 2.002

Campamento Taga XV: agua constantemente (y II)

Una excursión realizada el 20 de julio de 1978.
Miércoles día 19 de julio de 1.978.
Como es natural después del esfuerzo de ayer [verlo en la crónica de la excursión del Aneto por Coronas] nos levantamos tarde a eso de las diez con un precioso día por delante. Una vez desayunados es importante la tarea de reparar las tiendas, de la cocina, ir a buscar leña, lavar los platos, enderezar el mástil y cualquier otra actividad que pueda empezar con la erre o con cualquier otra pero que nos producen una satisfacción especial. Y para no acabar con la tónica impuesta por la erre recibimos numerosas visitas internacionales de alemanes, ingleses y yugoslavos que van todos buscando la “estrada” o “camino internacional” o como sea que va al Hospital de Benasque y alguna que otra más familiar como es la de nuestro amigo Pito G. que por lo visto no ha perdido la locura de subir montañas y se ha acordado de visitar nuestro campamento que ya lleva 15 años de vida. Después del café para pasar el rato nos embarcamos a explicar aventuras de miedo psicológico preparado, de escalada del Braxman y chistes dodecafónicos del Pedro P.
Jueves día 20 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las cinco. Hace un viento fresco y sano. Nos equipamos debidamente y emprendemos el camino hacia el Hospital unos a pie por la carretera asfaltada en algunos tramos y otros en coche por la pista de Los Baños. La cascada de Remuñe sigue presidiendo el valle homónimo y todo el valle del Ésera mensajero insaciable de la virginal frescura de las cumbres. Unos sombreros de vapor matinal, ahora que los sombreros ya sólo los llevan los mexicanos y de vapor (al menos lo parece) son los vestidos de moda de este año, cubren los pequeños estanques del llano de este mismo nombre difuminando amablemente por el polvo inmerecido causado por nuestros vehículos al cruzar este bello paraje. Los coches los dejamos delante de una puerta que pone con letras muy grandes prohibido aparcar a las siete menos cuarto. En el complejo refugístico de La Renclusa encontramos unos perros con unos ladridos afónicos y un hombre grande con igual afonía que dice “Anetu?” y que nosotros afortunadamente le podemos contestar con un clarito “Alba”.
Empezamos a pisar la nieve a los 2200 metros. Los ibones de Paderna duermen en paz a la sombra del espigado y pétreo pico que lleva su nombre. El fuet, el queso y la leche nos ponen en condiciones de superar con el sudor que el día prevee la dura subida que vamos a emprender. Superando la depresión en la que estamos inmersos un espectáculo alucinante de nieblas tranquilas aparecen tras el Puerto de Benasque. El camino que lo sube en unas ingeniosas curvas y el glaciar de la Maladeta nos dejan maravillados. Mientras saltamos por el canchal y Jaume C. (mi profesor de gimnasia) se entretiene a perseguir perdices nivales (tiene la “pájara”), aunque no se atreven a levantar el vuelo, PK va sufriendo por los cinco que hoy han decidido subir al Puerto de Benasque.
El acceso a la cresta norte del Pico de Alba por el glaciar se presenta muy empinado y no muy claro debido a la presencia de una rimaya. Por eso hacemos reunión en unas piedras, comemos un poco y sale una primera avanzadilla de dos personas a inspeccionar la vía a seguir. Cuando llegan a una ancha brecha que forma la cresta avisan que suba una cordada de cuatro con crampones. Una vez en la cresta y superada una corta subida de piedras sueltas que hay después de la nieve el grupo se desata y va flanqueando por el lado oeste de la cresta cogiéndose en las piedras más seguras y animando a un PK que está afectado por otro “mal de muntanya” que le produce amnesia. Siguiendo con la tónica de encuentros fortuitos Robert se encuentra con un cordino dejado por algún aficionado a los rápeles. El altímetro del Gerald va dando cifras bastante razonables pero que según como se mire pueden dar falsas esperanzas como es el caso de que marca un 30 queriendo decir 3030 y algunos lo interpretan como que faltan 30 metros para la cumbre. Una canal de piedras bastante seguras y grandes nos conduce de nuevo a la cresta y a partir de aquí ésta ya no presenta grandes dificultades hasta la cumbre. Llegamos a la una.
Un trago corto, unas fotos, las nieblas inamovibles de la zona francesa, los tres compañeros que han llegado hasta el final del glaciar, la cresta afilada y clapeada de nieve, la nieve hasta el pie del Diente de Alba y las Maladetas, el Posets difuminado por las nubes, las cabezas pétreas peladas y colgadas de los temibles Crabioules, Maupás y Boom, las paredes claras y lisas de la Aguja Blanca y los Ibones de Alba y de Villamuerta perdidos y casi ignorados en medio de tanto monte tresmilero.
La bajada no tiene más alicientes que los propios del piolet ramage y otros estilos más espectaculares y desafortunados pero que son entretenidos y hasta algo amables para el que se lo ve de lejos. En La Renclusa unas mulas poco simpáticas nos miran con una cara de extrañeza que las vacas nunca la pondrían y unas cervezas a diez duros nos hacen rascar un bolsillo bastante roto. La bajada hasta el refugio la liquidamos en hora y media y el trozo que nos falta hasta los coches se ve amenizada por las nieblas tranquilizadoras que se dejan caer calmosas por el lado español del Puerto de Benasque. Después la luz roja de la gasolina mantiene intrigados a los ocupantes del 127 y al final hasta Alfonso nos tiene que dar un golpe con el pie. Las dos expediciones llegan al campamento a la misma hora y nos encontramos con la agradable sorpresa de que los tres que se han quedado han tenido la amabilidad de ordenarlo todo, lavar los platos e incluso nos han preparado la comida. El baño, la comida y un pródigo partido de fútbol en goles nos ponen a tono.
El fuego nocturno tiene una primera parte muy emotiva de despedida a Gerald con vino, la dedicatoria de Pedro P. con un canto de “cuando un amigo se va” y unas poesías montañeras de este chico que se cansa tanto subiendo a las montañas pero que siempre quiere regresar. Y una segunda con relatos de excursiones pasadas y próximas junto con la trágica notícia de la muerte de uno de nuestros vecinos corazonistas en un accidente ocurrido hoy en la montaña.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Hoy no me puedo levantar …..

“¿Sabes cuántas veces un bebé de 13 meses se levanta después de caer cuando está intentando aprender a caminar? ¿Lo sabes? Más de 85 veces en un solo día. Al final del día, llega papá a casa y dice: ¡El niño ya sabe caminar! Lo que no sabe el padre es que, antes de conseguirlo, lo ha intentado más de 85 veces. El bebé ha sido positivo (de un modo innato, natural) y se ha levantado (ha superado la dificultad de caerse) y lo ha vuelto a intentar una y otra y otra vez …. ¡hasta conseguirlo! Todos tenemos esta capacidad de levantarnos ante las dificultades. Solo necesitamos entrenarla, practicarla. Nada más.”
Raimon SOLÀ. “Cómo ser feliz cada día. Pequeño manual de inteligencia esencial.”

 

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2017 - Miquel Pavón