Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: morrena

Cabaña Boval

dot Nombre oficial (en suizo): Chamanna Boval. Es propiedad del SAC (Suiss Alpin Club).
dot Situación: Está en el macizo del Piz Bernina de los Alpes suizos. Localizado en el val de Morteratsch y en canton de Grigioni.
dot Acceso: Desde la estación de tren de Morteratsch (1896 m).
dot Ruta: El camino está bien señalizado y marcado. Transcurre por la morrena del glaciar de Morteratsch hasta que se sube la pequeña elevación de Chamin (2343 m) donde habrá que subir una zona de roca con la ayuda de unas cuerdas fijas. Hay unos 600 metros de desnivel que se hacen en unas tres horas.
dot Principales ascensiones: Piz Bernina (4049 m), Piz Morteratsch (3751 m).
dot Travesías: Al refugio Marco e Rosa de Marchi (3599 m) en unas 5 horas pasando por el Buuch. Al refugio Diavolezza (2973 m) en unas 5 horas (F). Al refugio Tschierva (2573 m) por la via Fuorcia da Boval unas 3 horas.
dot GPS (WGS84): 32T 571095 5140590
dot Altura: 2495 metros.
dot Web: www.boval.ch.
dot Mapa: Piz Bernina (núm. 1277). Suisstopo 1/25000.

La primera vez que la tercera vez no ha sido “la vencida”. ¿Será la cuarta vez la última vez? …. La Barre des Écrins (4101 m)

En este especial fotográfico os voy a enseñar las fotos que se pueden hacer subiendo a la Barre des Écrins por el Glacier Blanc. Impresionante. El camino hasta el refuge des Écrins puede hacerse en un tiempo, más o menos rápido, en función de muchas variables (nuestra forma física, el peso a transportar, el estado de la nieve, …) pero casi hay que contar unas seis horas. Tiempo que si se destina a contemplar el paisaje cambiante, como vereis a continuación, seguramente será uno de los mejores a mantener en el recuerdo. No subais el valle con prisa: es un error. Además, resulta que es uno de los “cuatromiles” que se me resiste y por lo tanto no voy a tener muchos inconvenientes en volver a recorrer este paisaje una vez más … Las fotos, que vais a ver, corresponden mezcladas a las tres veces que he subido (una en el año 1985, otra en el 1987 y la última en el 2001). Es fácil distinguirlas por la cantidad de nieve que se ve. Dejemos pues el coche aparcado en le Pré de la Madame Carle y empecemos a subir …
No se ha caminado un cuarto de hora, para cruzar el gran llano, que empiezan unas primeras rampas y ya a nuestra izquierda aparece el valle del Glacier Noir y al fondo se distingue muy bien el temible col des Avalanches. A la derecha del col sube ya sin intermedios la gran pared hasta la misma Barre des Écrins que se la conoce como la cara sur. A la izquierda resalta el afilado Fifre y el algo más fácil Pic Coolidge (jejeje! esto casi es una broma de mal gusto …).

Fifre y Coolidge
Fifre y Coolidge

Subimos las primeras rampas y nos encontramos el cruce de caminos. Uno que nos conducirá al Glacier Noir y el otro al Glacier Blanc. Suele ser momento para mostrar las primeras debilidades ante la cuesta que nos espera y la excusa suele ser perfecta: el paisaje. Es lo mismo que lo anterior pero quizás lo que se muestra con toda su gran magnitud es la vertiginosa pendiente de la interesante pared sur a la Barre des Écrins.

pared sur de la Barre des Ecrins
pared sur de la Barre des Ecrins

La subida ya puede con los más fuertes. Incluso ellos van a tener que parar para recuperar el aliento. El repechón que nos permitirá superar la cota de la Tête du Vallon nos va a deparar algunas sorpresas. La vista va perdiendo el valle del Glacier Noir. Poco a poco empezaremos a ver la morrena terminal del Glacier Blanc. Aunque, de momento, no la llegaremos a ver aún. Veamos en un último vistazo el valle que vamos a dejar.

Glacier Noir
Pré de la Madame Carle

Enfrente … el impresionante macizo del Mont Pelvoux …

Mont Pelvoux

Y lo que se nos acerca …

Pic Coolidge
Glacier Blanc

Una vez llegamos arriba el camino va a cruzar el río. Un torrente aparece con una fuerza increíble debajo del gran glaciar. Quizás es el momento de reponer fuerzas. Incluso admirar las proezas de algún aficionado a la escalada en hielo. Y, como no, empezar a pensar en superar un segundo gran desnivel que nos conducirá directamente al mismo refuge du Glacier Blanc. Os pongo de lado dos fotos realizadas casi desde el mismo lugar: la de la izquierda es del año 1985 y la de la derecha del año 2001. Podreis apreciar claramente el diferente tamaño del glaciar entre una y otra foto.

Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins

Ahora entiendo porque se llama refuge du Glacier Blanc … La verdad es que no se han tenido que esforzar mucho con el nombre …

Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins

Justo a la salida del refugio ponen un letrerito diciendo que el camino empieza a ser de alta montaña … Y digo yo. ¿Dónde estamos ahora pues? Jejeje! Y es que quieren indicar que a partir del refuge du Glacier Blanc empiezan las dificultades técnicas. Advierten la cosa a la gran cantidad de turistas que recorren este primer tramo. En realidad la única dificultad que hay hasta este punto es única y exclusivamente el andar. Mucho andar. Pero sólo andar. Veamos las dificultades que nos va a deparar el camino.

Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins

Terminado el tercer tramo de gran pendiente llegamos al borde del gran plateaux. Este tercer tramo nos ha permitido superar todo el desnivel del frente glaciar. Hemos llegado a la lengua del glaciar. El camino se suaviza un poco. Terminan las dificultades de la zona de las grietas pero hay que mantener la prudencia. Un paso en falso nos puede hacer pisar un débil puente de nieve y con él caer dentro de una grieta oculta. Nos queda más de un kilómetro hasta el refuge des Écrins. Un paseo por encima de los tresmil metros sobre el nivel del mar.
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
La vista encima de la lengua del glaciar es sublime. Normalmente ya no se habla con el amigo. Vas andando sumergido en tus pensamientos. Hay un horizonte nuevo. El del hielo. Un frío glacial te penetra por todo el cuerpo. Hay que abrigarse y mucho. Esto es el reino del viento. Campa a sus anchas …

Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins
Glacier Blanc des Ecrins

A nuestra izquierda tenemos al nuevo inquilino de nuesta vista: la Barre des Écrins.

Barre des Ecrins

La Barre des Écrins esconde sorpresas. Va a intentar seducirnos. No nos va a mostrar su cara directamente. Tendremos que ir girando poco a poco en el valle siguiendo la gran curva. Lentamente. Muy lentamente.

Barre des Ecrins
Barre des Ecrins
Barre des Ecrins
Barre des Ecrins
Barre des Ecrins
Barre des Ecrins

Subir desde el plató al refuge des Écrins nos va a poner a prueba nuestras últimas fuerzas. Una “subidita” final de unos 150 metros de desnivel. Pero al fin podremos dar descanso a nuestro cuerpo, reponer fuerzas, comer alguna cosa y dormir. La subida desde el refuge des Écrins empieza muy temprano. Más de lo que te imaginas. Esta vez no tuvimos la ayuda que le corresponde a quien madruga. La nieve estaba muy blanda. Hasta las rodillas. Con mucho trabajo realizamos toda la subida de la gran pared que va desde la base hacia la izquierda hasta llegar a la gran rimaya somera. Una vez allí arriba depende de como esté la rimaya que se pueda cruzar por un lado u otro. Normalmente hay que hacer una gran travesía hacia la derecha para ir a buscar el Dôme de Niege. Nosotros llegamos a la cota de los cuatro mil metros casi. Enfrente de la gran y última gran rimaya. No la pudimos cruzar. En la foto se ve claramente como hay el problema del gran desnivel vertical que, hasta cierto punto, es superable. El problema real está en el hueco de su base. No se puede saber si te va a tragar una grieta oculta. Lo más seguro es que sí. En realidad las huellas terminan aquí. Nadie ha continuado más. Por algo será …

rimaya
rimaya

Con la alegría de haber llegado hasta donde se ha podido llegar. Convencidos que hoy la montaña no se va a dejar subir. Os dejo con la foto de lo que se ve desde el lugar más alto que he podido llegar. Al subir arriba de una montaña, que se podía ver el mar desde la cumbre, Néstor, mi hijo de cinco años, me dijo maravillado … ¡papa! yo no sabía que el mar es tan grande … Sí lo es, sí ….

Glacier Blanc des Ecrins

DATOS GPS DEL ITINERARIO DESCRITO
Refuge Cézanne – Pré de Madame Carle 32T 296119 4977286 1893
Cruce caminos Glacier Noir – Glacier Blanc 32T 295435 4977946 2037
Pont sur le T. du Glacier Blanc 32T 295757 4978714 2279
Cruce caminos Ancien ref. Tuckett – ref. Glacier Blanc 32T 295926 4978965 2463
Refuge Glacier Blanc 32T 295843 4979492 2580
Refuge des Écrins 32T 293650 4980622 3186
dot Guía excursionista: Barre des Écrins.
dot Mapa: A6: Écrins, Burg d’Oisans, Briançon. IGN Rando 1/50000.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

De Pica a Pica y Pico porque me Pica: el Carlit

23 y 24 de abril de 1983.
– Y por sant Jordi, ¿qué picaremos?.
– Qué picaremos, qué picaremos …; ¡la Pica!
– Y ¿por dónde la picaremos, por Vallferrera, por Baborte, o por Riufred?
– ¿Pero, no quieres decir que habrá muchos que la querrían picar? ¡Pobrecilla! ¿Y no nos quedará nada para picarla nosotros?
Y tanto nos picó la cosa que decidimos picar el Carlit, al fin y al cabo, también pica, y aunque durante toda la semana se pronosticó y midió lluvias dispersas, incluso concentradas, a casi toda la Península Ibérica, menos a los finisterre catalanes, en el que -ya se sabía, y si no, ya se sabe- que los “ponents ens porten vents” [los ponientes traen vientos].
Así que ya nos tienes, a las tres, puntuales como siempre, dejando -en compañía del Fura, este animal de cuatro ruedas que hace honor a su nombre- la inmortal y principal ciudad de Girona, y la no menos ídem et ídem Ciutat del Llac, camino del primer puerto puntuable, el de Capsacosta, y del segundo, la Collada de Toses; desde la que nos dejamos deslizar por pendientes suaves y sinuosas que nos conduciran al fondo tapizado de pueblos y prados del llano, para presentarnos con toda tranquilidad, ya que nadie nos persigue, delante la meta volante de la más inoportuna frontera que haya existido nunca. Pero, como no les hemos avisado de nuestro paso -cosa que, bien mirado, tampoco era necesario- la pasamos sin puntuar … y sin canviar moneda, por aquello de la semana inglesa y demás gaitas gallegas; y vamos recorriendo Cerdanya (mirando, ahora el Carlit, ahora el Puigmal, ahora el Cadí, ahora el Puigpedrós, y sus picos y picas picados de nieve primaveral, que sólo hacen que convidarnos), que, desde el coll de la Perxa, ya es Conflent, aunque no se note, porque estamos en el mismo país, el nuestro, el que celebra sant Jordi y tiene cuatro barras rojas y cinco de amarillas por magnífica bandera.
Llegados a Montlluís y aclarados con las direcciones, enfilamos la picada carretera que, pasando pinares y abetos de la más pura verticalidad vegetal, y riachuelos que nos conducen al deleite al trazar proporcionados meandros cristalinos en la verdosa horizontalidad de los prados, nos conduce en un plácido paseo hasta el techo de la etapa, el kilómetro 186, la presa de Les Bulloses (2020 m), un precioso y erosionado circo natural acabado de cerrar por la morrena encementada por la presa mencionada, el cual, en este momento del año y en esta hora del día -hacia las siete-, constituye un frío conjunto de piedras pizarrosas clapeada de oscuras masas de bosque y de lisas extensiones de nieve, sobre el que proyecta sus rayos crepusculares la pelota incandescente que cada día corre volando por encima suyo, y nuestro.

También respira frialdad y humedad el chalet-refugio de Combèleran, circunstancias que incluso parecen acusar la leña que alberga, y los papeles y las piñas que buscamos para remediarlas, puesto que nos cuesta un tiempo indefinible lograr encenderlas y calentar mínimamente la estancia. Bastante bien que lo debe saber todo el demás personal que hay por este inóspito sitio, ya que se dirijen hacia el bar de al lado, o al Hotel Bones Hores, que vela el pantano helado desde el otro lado de la presa o barrage, cercano a una piedra que lleva una pintada que dice “Pic Carlit, 2921 m” … y una flecha que invita a seguir el camino hacia allí.

Y empezamos a ir, hasta que la nieve ya esconde todas las piedras, invitando a nuestros pies mal calzados a regresar al refugio, y a llenar un poco el buche para cuando sea la marcha definitiva.
La humedad retarda el sueño -a los sueños no- y, cuando ya lo estamos conciliando, suena el despertador, fiel siempre a la cuerda dada.
Saltar de la cama, cuesta, pero la voluntad de la Pica y el viento que se ha sentido que ha hecho vibrar el cuerpo cuando, a media noche, ha salido a hacer un trabajo constitudinario, nos hacen aceptarlo sin reticencias.

Y héte aquí que el viento sigue y no deja de picarnos en todo el camino, camino de nieve entre el bosque primero, regateando nubes insidiosas, del macizo del Puigmal, de vertientes también nevadas y bastante verticales, y de lagos y valles nevados después.
El movidísimo acompañante, puesto a picar nuestra moral picaminosa, no nos deja ni picar un bocado de pan ni del resto de alimentos; de forma tal que lo hacemos rápidamente y a desgana -a pesar de que ganas de comer no nos falta-, después de dos horas y pico de ir contorneando lagos picados por la nieve, hasta aquello que se supone es el Estany del Portell, espléndidamente situado bajo el Portell del Carlit y del coll Colomer, entre los cuales se alza verticalmente majestuosa la Pica del Carlit, velada por una aguja humilde que destaca en la cresta SW, la cual nos señala claramente el camino a seguir para picarla elegantemente.

Piernas ayudadme, vamos flanqueando las moderadas pendientes de los cims de coll Roig, lanzando de vez en cuando una mirada de preocupación a la nieve que los cubre, -por si se le ocurriera lanzarse al vacío-, para ir ganando de picada a picada de piolet y de crampones; trastos que nos repartimos como buenos hermanos, porque uno me lo he dejado en casa y el otro no se me ajusta a las botas; la canal del Portell, canal que dejamos, muy cerca de éste y en presencia del viento que lo pica y que incluso nos pica a nosotros, para ir ganando la cresta más arriba, hacia la altura de la aguja que veíamos desde abajo.

Sólo nos falta para conquistar la cumbre meridional de la Pica (2921 m) -hecho que ocurre a las doce menos cuarto- aguantar un rato estoicamente el azote insistente del viento, y el juego entretenido de ir superando las piedras bastante estables y cortantes de la cresta SW.
Juego que compaginamos con alguna que otra mirada de reojo hacia las pendientes y heleros “cortados a pico” del circo de Lanós, dominado por el altivo Puig Pedrós de Lanós -que también apuntamos en la agenda-, y las más lejanas y difusas montañas que cierran la Cerdanya por el lado del mediodía.
De comer, ni lo hablamos puesto que ya hemos picado la Pica del Carlit, y ahora pensamos, mientras contemplamos las nubes que nos rodean por casi todos los lados, pero sobretodo por el occidental, que ha sido un acierto no haber ido a la Pica d’Estats, que lo que conviene es fotografiarlo todo, bajar con mucho cuidado la cresta NE pasando por la cumbre septentrional (2.915 m), y llegar a un lugar donde el viento no nos pique con la furia que nos ha acostumbrado a hacerlo todo el rato, para llenar un poco la barriga, ya que nos está picando a la puerta de la mochila para que la complagamos mínimamente.
Antes de acceder a sus legítimas peticiones, todavía tendrá que esperar a que dejemos la ventolada cresta -hacia las dos menos cuarto-; que bajemos, con la misma prudencia, las fuertes pendientes nevadas que conducen al Estany Sobirà, mientras comentamos las particularidades geográficas de la zona y las posibles ascensiones; que pasamos por el lado de la -casi invisible- cabaña que se encuentra cerca del mencionado lago y de los arroyos que lo siguen; y que pasemos los primeros trozos de bosque, con nieve ya un poco pastosa. El fuet, los higos, el queso, la naranja, el té, etc., etc. entran entonces con más ganas que nunca, es aquello que dicen “picar con ganas”, que es lo que hemos hecho …., o desear hacerlo, todo hoy.
Pero no llegamos a la presa hasta las cuatro y media, dado que nos enmerdamos siguiendo las huellas de unos gavachos, y hemos de soportar las malas jugadas del bosque del lado izquierdo del pantano de Les Bulloses, mala pasada que aprovechamos para criticar las animaladas toponímicas de las señalizaciones y cartografía oficial. Cuando ya llegamos, nos encontramos con uno de estos gavachos, los cuales reconocen que deberían de haber salido a la hora que lo hemos hecho nosotros -a las siete menos cuarto- e incluso demuestran que saben alguna palabra en catalán, ya que están en Perpinyà y conocen al difunto Lluís Mata, del cual hacen pródigos elogios. Las nubes siguen rondando el círculo, incluso dejan caer algun que otro copo de nieve, pero, el viento que los pica insistentemente, no les deja descargar la prodigiosa lluvia esperada.
El regreso lo hacemos por el valle del Aude, para pasar, sin muchos contratiempos, a la del Aglí, pues, así como el coll de la Quillana (1.789 m) y el coll de Sant Lluís (687 m) son puras divisorias de aguas entre el Aude y el Tet y la Bolzana, el congosto que forma el que da nombre a todo un departamento es uno de los más largos, bellos y espectaculares de los Pirineos. La variedad de vegetación desde que empieza hasta que llega a Atsat, junto con la combinación de los verdes de los árboles con el gris oscuro de las rocas pizarro-graníticas y las variantes trasparencias del agua, el blanco azulado ligeramente tostado de las calizas casi-garrotxinas, y las variantes trasparencias del agua que a sus pies se cuela, traspasada con bordados de oro por la magna aguja de luz del Sol crepuscular, da a este país del Sault, el reino de los bosques, lleno de exquisitas intrigas, que cruzaron tantas veces los condes de Carcasona para ir a visitar a sus parientes del Rosselló y del Urgell, de una belleza de exorbitante fuerza, que forzosamente ha de admirar el caminante o el automovilista que por ella transita, sobre todo si baja de la carcanetada pica del Carlit, el reino de “la nieve, y la piedra y la pura frialdad” del poeta rosellonés.
También exorbita fuerza, pero una fuerza crepuscular, el castillo de Puilaurens, uno de los últimos reductos de la esperanza cátara, que, como las pétreas moles catedralicias que velan por el norte de las “Gorges de Saint Georges”, aguanta -hasta que un rayo destruya sus piedras venerables-, para ver el soñado renacer occitano del milenio que llegará, de la mano catalana, que va haciendo, lentamente, sus pasos preceptivos.
El resto ya es ir viendo como los “vignobles de cote” hacen hoja y grano, como el mar lo vamos teniendo más cerca, como el Aglí, el Tet y el Tec van dejando los Pirineos que los han visto nacer para ir a su desembocadura, y como la frontera del Voló es simplemente este 24 de abril, un paso entre estados hermanos, paso que, hoy mismo, han hecho los asistentes catalanes a la fiesta de “lou Coupo Santo”, y que por muchos años la puedan seguir celebrando.
A las nueve y media de la noche estamos en Banyoles, tomando una jarra de cerveza para festejar la picada, puesto que …. “quien pica primero, pica dos veces”. El cuenta kilómetros marca 235 mil metros para la etapa de regreso, un buen paseo para los amantes del Pirineo que no es tan alto.
© Joan Fort i Olivella. Año 2.004.

2017 - Miquel Pavón