Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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Pentecostés: la dificultad de unos nombres

6 de junio de 1.976.
El afán de subir montañas y disfrutar de la belleza y la paz que reinan en las alturas nunca se acaba por lo que los mismos de la excursión a los estanys de la Pera decidimos ir a Viadós. El fin: conocer la zona y desgranar posibilidades a la vez que realizamos trámites burocráticos para preparar el campamento de verano.
Salimos el sábado a las doce y media del mediodía. Pasamos por Sabadell y Terrassa y a las dos y veinte estamos en Alella. Comemos rodeados de camioneros, estos hombres que han de tener más paciencia y prudencia que el resto de los conductores, y a las tres y cuarto salimos. Pasamos por Tàrrega a las cuatro y media; el trigo ya va amarilleando y los recolectores ya estan preparados para empezar su trabajo. Por Balaguer pasamos a las cinco menos cinco y por Graus a las seis y cinco. Entre Alfarràs y Benabarre encontramos guardias civiles y policías que esperan a la “Vuelta ciclista de Aragón”. A las seis menos diez estamos en Ainsa, capital del Sobrarbe. Hay gente francesa y chicos con los bolsillos rotos. Compramos algo y podemos admirar ya el maravilloso panorama que ofrecen las “Tres Sorores” manchadas de nieve. Salimos a las siete y cuarto y hemos de seguir un buen rato a un rebaño transhumante con dos pastores tostados por el Sol y dos perros que van muy a la idea. A nuestra derecha la Peña Montañesa corta el horizonte con sus paredes imponentes. La carretera, que primero sigue el Cinca por un amplio valle, bordea después el Cinqueta horneada entre acantilados muy pintorescos. Después de Saravillo hay unos cuantos túneles y el pueblo de Plan. Son las ocho. El día es bonito y no hace mucho frío.
Ascendemos por sus empinados y empedradas calles. Un bonito y escultural portal del siglo XVII recuerda que fue importante en otros tiempos. La iglesia, románica de tres naves, se conserva en su estado primitivo aunque se la ha emblanquinado. La gran pila baptismal es lo más destacable del conjunto. Encontramos al sacerdote que nos acompaña hasta el Ayuntamiento. El secretario nos dice que no tendremos problemas y poco a poco nos apercatamos del carácter amigable de estas gentes. Bajamos por una calle estrecha como lo son todas y que ésta lo es aún más al tener una bala de paja en el medio. Salimos de Plan a las nueve menos diez.
La pista de Viadós, que deja San Juan de Plan a la derecha y Gistaín a la izquierda, es notablemente estrecha. Encontramos un Dodge y dos hombres montados sobre sus mulas con una bonita piel como ensilladura. Bordas y prados por todos los lados. Nos equivocamos de pista y nos damos cuenta de ello cuando el coche se para debido a la gran pendiente. Grandes máquinas cortan los pinos de largos y grosores también considerables. Bajamos hasta encontrar la buena senda que llega al campamento de la Virgen Blanca. Un paraje maravilloso con un edificio que desentona un poco, algunas tiendas y un pastor que nos indica el camino a Tabernés. La carretera empeora por momentos. En el refugio hay un grupo de nueve excursionistas de Badalona que ya se disponían a dormir puesto que mañana quieren hacer faena al igual que nosotros. El fuego tira que es una alegría. Comemos un poco y nos ensobramos. Hay algunas nubes por la zona de los Eristes. Hace viento.
A las cuatro de la mañana ya hay quien madruga. No tardamos en hacerlo los demás puesto que todos queremos ir al Gran Bachimala (Bichomalo, Machimalo o Schrader): en realidad nadie sabe como se pronuncia. A las cinco salimos. Cruzamos el río y subimos por el lado izquierdo del bosque. Encontramos la cabaña de Culrueba y a las seis menos cuarto cruzamos un puente que se menea para ascender seguidamente por el valle de la Señal de Viadós. A las seis y media encontramos una cabaña. Aparecen detrás nuestro los Batoua con algunas pronunciadas canales de hielo. El ritmo es muy fuerte, y la subida también, y algunos expedicionarios se retrasan un poco. “¡Pedro!” exclama algien; “¡Sra. Rotenmeier!” otro; “¡que viene copito de nieve!” contestan … por lo que parece que estemos con Heidi en sus montañas. Mientras se reagrupan comemos un poco para reponer fuerzas y emprender la gran pala de nieve, en excelente estado, que se cierne ante nosotros. Después de un pequeño corte que me hice con unas piedras y un “picnic basket” son las ocho y cinco.
Ya se empieza a dominar un buen panorama hacia la cresta de las Espadas y al Monte Perdido y el Marboré. El cansancio ya pesa un poco sobre nuestras piernas pero el humor, los ánimos y el optimismo que el día facilita nos empujan a continuar. Nos ponemos los crampones y subimos por otra pala de nieve, está un poco más dura pero de mejor calidad, hasta la cresta del Sabre. El panorama es maravilloso: delante se levanta imponente y señorial el Posets, con la canal Jean Arlaud y la afilada cresta de las Espadas, hacia el sur el Llardana, Bagüeñola y Eristes. La Punta Suelza, los Batouas, las “Tres Sorores”, el Vignemale y la Munia por aquí; el Gourgs Blancs, el Clarabide y el Perdiguero, aparte de numerosas montañas francesas, por allá.
Descansamos un poco. Nos quitamos los crampones y mientras llegan los más retrasados haciendo un último esfuerzo los otros los animan a hacer la cresta que si bien no muestra una dificultad aparente si que infunde un cierto respeto ya que en el lugar de las losas hay piedras sueltas, no muy seguras y la pendiente es considerable en el caso de resbalar. No faltan las siempre agradecidas recomendaciones de que “no falten los tres puntos de apoyo” y “rodillas no” que los que tienen experiencia no se han de cansar de repetir a los que no la tienen en demasía o, aclaparados, resulta que se olvidan. La seguridad es un todo y en las alturas no hay que apresurarse nunca ya que las consecuencias pueden ser negativas. El humor no falta y como el día es bueno no hay prisa.
Baja alguna que otra piedra y a veces hay que desviarse para no encontrársela. Pasamos por una canal marcadamente abierta al vacío. Algunas piedras heladas. Reposamos otro tanto. Alguien dice que ya estamos arriba pero, en realidad, están más las ganas que no quien lo dice aunque ya no tardaremos mucho en llegar.
Desde la Punta del Sabre (3136 m) se domina prácticamente el mismo panorama descrito desde el collado. También se distingue claramente el Pico de Alba, la Maladeta, el Aneto, los Bessiberris y con un poco de esfuerzo la Pica d’Estats. El día es maravilloso. No hace mucho viento. Sólo a unos pasos podemos encontrar la cresta que nos conducirá al Gran Bachimala (3177 m). La cresta es bastante afilada y en algunos lugares hay que tener cuidado con la nieve. Hay que franquear algunas rocas por su costado y en otras cogerse bien fuerte. Incluso hay que subirse a caballo de una y hacer un pequeño saltito. La prudencia nos hace ponernos otra vez los crampones con el objeto de cruzar un pequeño collado nevado que no tiene un peligro en sí sino porque la pala tiene una pendiente acentuada y si bajas no hay quien te recoja. Otros lo pasan sin crampones y siguiendo las pisadas porque el que conduce a los badaloninos parece querer desafiar el peligro y hacer así, evidente, su experiencia olvidándose que cuando uno se acerca demasiado al fuego se quema. Esta montaña se ha cobrado ya al menos tres víctimas y no querríamos ser nosotros las siguientes.
Gran Bachimala, Machimala, Schrader, Pétard o “Bichomalo” en la versión de Albert un nombre marcadamente aragonés y que realmente es difícil de pronunciar tanto o más que de subirlo. La satisfacción es grande: dos de los expedicionarios han hecho por primera vez un tres mil, y … ¡vaya 3000!, y … por ¡partida doble!! Unas fotografías, limonada, azúcar, almendras, queso. Alegría y cansancio juntos son una aparente antinomia pero real en la montaña y en la vida. Lo que vale cuesta y lo que cuesta da alegría porque eleva la vida y nos mueve a ser agradecidos. Ha sido una victoria de todos y lo celebramos más que nunca. Hemos llegado a las doce y media. Cuando salimos es la una. Dos de los expedicionarios más valientes que los demás siguen la cresta hasta la Punta Ledormeur y el Pequeño Bachimala mientras los demás emprendemos la bajada.
Primero seguimos la cresta nevada y afilada. Después bajamos por las piedras y por las largas palas de nieve que están en perfecto estado. Pasamos una de más dura y después superamos unas piedras con cuidado. Paramos al lado del río y nos refrescamos un poco a la vez que comemos alguna cosilla. Ahora ya por el mismo camino de la ida regresamos al refugio al que llegamos a eso de las cuatro. Hace Sol. Da gusto estirarse sobre la hierba después de una excursión de estas magnitudes. El objetivo ha sido cubierto ampliamente.
Cuando nos vamos llegan los que habían continuado por la cresta. El camino hoy parece que está en peores condiciones que ayer. En Plan encontramos al secretario y al cura. Comemos un poco y plantamos la tienda junto al campo de fútbol. La iglesia de San Juan de Plan está menos bien conservada pero la pila baptismal es más bonita que la de Plan. Los niños del pueblo tienen la cara muy roja por el Sol y hacen cara de gozar de buena salud. Incluso se pelean. Uno de ellos nos acompaña a la Fonda Sánchez para cenar. El médico explica a unos excursionistas de “sequé” itinerarios de unos “ibones” helados que no lo entienden. Al final opta por dirijirlos a nosotros que les acabamos diciendo que se maravillen de la visión del Posets. No tardamos en irnos a dormir pues el sueño empieza a pesar.
Antes de salir de Plan hemos de cambiar una rueda. Salimos a las siete y media por el mismo camino de la ida llegando a Girona a las tres y media de la tarde. Desayunamos en Graus. Encontramos dos motos que se estiran. Cuatro camiones cargados de gruesas vigas que nos hacen retrasar un poco. Y un camión volcado en la autopista. Ha sido una excursión completa. Se han elaborado los planes para el campamento de verano y próximas excursiones. El afán de subir nunca desciende. El club se va anotando victorias en su corto pero completo historial.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

Es emocionante lo de la inteligencia emocional

El libro se puede resumir en tres ideas fundamentales:
dot Aplicando la inteligencia a las emociones podemos mejorar enormemente nuestras vidas.
dot Las emociones son hábitos y como todo hábito pueden minar nuestras mejores intenciones.
dot Si desaprendemos ciertas emociones y desarrollamos otras ganamos control sobre nuestras vidas.
La inteligencia emocional (QE) afirma que las pruebas de inteligencia clásicas (QI) no predice particularmente bien los logros de las personas que es solamente una de las muchas clases de inteligencia y que las habilidades emocionales son estadísticamente más importantes para el éxito vital.
La fisiología de nuestro cerebro es una herencia de la prehistoria época en el que la supervivencia física lo era todo. Su estructura cerebral está diseñada para actuar antes de pensar cosa que es muy útil si nos encontramos en la trayectoria de una flecha o nos encontramos ante una fiera salvaje y hambrienta que nos ataque. El autor observa que el problema no está en las emociones en sí sino en el uso inapropiado que hacemos de ellas en determinadas situaciones.
El capítulo de las relaciones describe muy bien el intrincado trasfondo de la neurociencia y su influjo sobre los mundos marciales y venusianos de los dos sexos.
Al trazar el límite entre la vida emocional y la ética Goleman observa que si una persona no sabe controlar sus impulsos se hará daño en el nivel más profundo de su sentimiento de identidad. El control del impulso es la base de la voluntad y del carácter. La compasión es activada por la habilidad de apreciar los sentimientos y los pensamientos ajenos. Estos elementos fundamentales para la inteligencia emocional son atributos básicos para la persona moral.
Una cualidad muy importante de la inteligencia emocional es la persistencia y la capacidad de automotivarse. Estas no son propiamente emociones pero requieren autocontrol y habilidad de colocar en perspectiva las emociones y las experiencias negativas. Goleman otorga validez al poder del pensamiento positivo ya que lo considera una manera científicamente demostrada para alcanzar el éxito y afirma que una perspectiva optimista es un elemento clave para predecir las prestaciones efectivas. La inteligencia emocional subraya las relaciones y las habilidades de las personas que se fundamentan en la empatía y constituye un elemento básico de éxito en la actual economía más fluida y creativa.
Goleman toca un punto muy sensible en el mundo de los negocios y la empresa cuando se refiere directamente a la frustración que las escasas capacidades emocionales de ciertos jefes generan en los trabajadores. También da luz para que los jefes y los directores que buscan cómo mejorar unas prestaciones sumamente ineficientes encuentren nuevas formas de hacerlo. Se puede dar el caso de que estés produciendo el producto más interesante del mercado pero el lugar de trabajo puede seguir siendo un sitio miserable si es una especie de circo de egos que chocan entre sí. El éxito en los negocios resulta de la pasión por la creatividad o por un producto innovador. A pesar de que los egos inflados se asocian a menudo con ese éxito las mejores compañías modernas se distinguen por su capacidad de crear armonía e interés entre sus trabajadores dedicando muchas energías al producto o la creatividad y no tanto a la organización.
Creemos que el odio, la ira, los celos y demás emociones parecidas son muy humanas pero si nos fijamos en los mejores seres humanos del siglo XX (Ghandi, Martin Luther King, la madre Teresa de Calcuta) descubriremos en ellos que las emociones negativas brillaban por su ausencia. Estas personas eran capaces de mostrar su enfado según el dicho de Aristóteles:
“Cualquiera puede enfadarse eso es lo fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, hasta el nivel adecuado, en el momento adecuado, por el motivo adecuado y de la manera adecuada eso no es nada fácil”.
El resúmen es que si queremos tener más inteligencia emocional hay que saber utilizar bien las emociones y no dejar que las emociones nos utilicen.
Daniel GOLEMAN en “La inteligencia emocional”.

 

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La felicidad no es ningún lujo

El libro es una mezcla de lo que piensa el Dalai Lama sobre diferentes cuestiones con las reflexiones personales y científicas de Howard C. Cutler sobre las mismas. Cuando Cutler empezó a trabajar el libro estaba empapado de determinadas creencias derivadas de su trasfondo científico y occidental, como por ejemplo, que la felicidad fuese un misterio y que lo máximo a que podemos aspirar es a evitar la desgracia. El Dalai Lama le convenció que la felicidad no es ningún lujo sino el propósito mismo de nuestras existencias. Le indicó, además, que hay un camino concreto que nos lleva a la felicidad. Primero tenemos que identificar los factores que invariablemente nos conducen al sufrimiento y aquellos que nos conducen a la felicidad. Luego, tenemos que empezar a eliminar los factores que causan sufrimiento y a cultivar aquellos que traen felicidad. El punto más sorprendente a propósito de la felicidad es que su logro es científico y exige disciplina.
dot La felicidad tiene varios niveles. Según el Budismo hay cuatro factores: la riqueza, la satisfacción mundana, la espiritualidad y la iluminación que crean la totalidad de la búsqueda individual de la felicidad. Una buena salud y un círculo de amigos íntimos son también factores importantes pero la puerta a todas ellas está en nuestro estado mental.
dot Una vía directa a la felicidad es cultivar el afecto y la conexión con otros seres humanos. Busca siempre lo que tienes en común con los demás y nunca te sentirás solo.
dot Aunque parezcan muy poderosas las emociones y los estados mentales negativos no tienen fundamento en la realidad. Todas las emociones si se practican regularmente aumentan de tamaño. Se sugiere que cultivemos de continuo lo positivo. Todas las buenas costumbres empiezan siendo pequeñas pero los beneficios finales que producen son muy grandes.
dot Un estado mental positivo no solamente es bueno para tí sino que beneficia a todos aquellos que entran en contacto contigo y así cambia literalmente el mundo.
dot Actuar de forma sana en lugar de hacerlo de forma insana no es una cuestión religiosa o moral sino que representa la diferencia concreta entre la felicidad y la infelicidad.
dot No confundas la felicidad con el placer.
dot La felicidad es algo que se desarrolla a lo largo del tiempo.
dot Con el tiempo tienes que intentar eliminar las emociones negativas especialmente la ira y el odio y sustituirlas por la tolerancia y la paciencia.
dot Sugiere que la naturaleza fundamental del ser humano es amable.
dot La compasión es útil. Solamente si vemos y sentimos desde el punto de vista de los demás seremos realmente capaces de establecer vínculos profundos con ellos.
dot Nunca estar solo. El antídoto a la soledad consiste en estar preparados a conectarnos con cualquiera.
dot Distingue entre el amor basado en el apego y el amor basado en la compasión.
dot Si no logras cultivar la compasión, que es la habilidad de sentir el sufrimiento de los demás, perderás el sentimiento de pertenencia a la raza humana que es una fuente constante de calor y de inspiración.
Dalai LAMA y Howard C. CUTLER en “El arte de la felicidad”.

 

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2017 - Miquel Pavón