Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: obstáculos

Russell (3212 m)

dot  Situación: Es un tresmil del Pirineo Central que está en el sur del macizo de la Maladeta. Está en la frontera de los términos municipales de Bono y Benasque de la comarca oscense de la Ribagorça.
dot Foto: Vista de la cresta completa que va del Russell al Margalida. El Russell es el que aparece más a la izquierda. Foto realizada en el mes de julio del año 1.983.
Pico Russelldot Aproximación: El acceso por el norte, este y sur es por el valle de Salenques. Mientras que, el acceso por el oeste es por el valle de Llosás por donde transcurre la ruta normal.
dot  Ruta normal:
Canal NO (ruta de la Gran Cornisa). F (II). Esta ascensión tiene un desnivel de 1235 metros. Una vez conseguimos empezar a andar, habiendo superado los obstáculos que nos va a deparar el transporte público, seguiremos por una pista forestal que coincide con el trayecto del GR-11. Al final de una larga recta nos encontramos con un cruce. Si vamos a la izquierda entraremos al valle de Coronas y si vamos a la derecha entraremos al valle de Llosás. El valle de Llosás se sigue en su totalidad hasta llegar al ibón cerrado por una característica pared. La ruta del GR-11 la dejaremos en la pleta de Llosás que cruzará en este punto el río. Hay sitio para acampar o vivaquear en los prados, en la pleta o a las orillas del ibón de Llosás. Otra cosa es que esté permitido. Sin comentarios puesto que la cosa me tiene muy hartito. Una vez en el ibón nos dirigiremos a la derecha hacia el collado de Vallhivierna. Al poco rato habrá que desviarse cuesta arriba dejando el camino del collado para subir por unos prados y lajas a lo bruto. El desvío está algo señalizado y se encuentra junto a unas pequeñas cascadas de agua una vez hayamos dejado atrás el segundo ibón de Llosás. Superando el repechón llegaremos a la parte superior del circo que antiguamente albergaba el glaciar de Russell hoy desaparecido. Desde este punto se puede ir al Tempestades, Margalida o al Russell. Como explico el itinerario del Russell nos hemos de desviar lentamente hacia la derecha para llegar al pie de una canal muy característica y que queda muy definida que se encarama por un espolón rocoso. Hay una canal que se ve como sube a la cumbre en diagonal desde la base de la pared. La canal en cuestión tiene dos pasos y medio difíciles, de segundo grado clarísimos, y es bastante aérea no apta para cabezas con vértigo. Con nieve o hielo la cosa puede empeorar bastante. Los cuarenta metros de desnivel que hay desde el final de la canal a la cumbre son un paseo triunfal.
dot  Crónica: “La continuidad y superación de una obra” en la que se relata la ascensión a esta cumbre por el valle de Llosás.
Datos GPS de los puntos clave de la ruta por Llosás (RE50)
Refugio de Vallhivierna 31T 304950 4720503 1977
Cruce caminos valle Coronas – Llosás (GR-11) 31T 305377 4720530 1990
Prados de Llosás (GR-11) 31T 306203 4720070 2135
Pleta de Llosás 31T 306835 4720445 2219
Ibón de Llosás 31T 307552 4720982 2478
Cruce caminos collado de Vallhivierna – Tempestades / Margalida / Russell 31T 308254 4720770 2605
Camino al Russell 31T 308594 4721282 2936
Inicio de la canal del Russell 31T 308737 4721527 3048
Final de la canal del Russell 31T 308941 4721321 3168
Pico Russell 31T 309052 4721279 3212
 Otras rutas:
Cara este. F. La ruta va por el valle de Salenques y el estany Russell. Son unas 8 horas para unos 1800 metros de desnivel.
Arista sur. PD. La ruta va por el valle del río Bueno. Son unas 8 horas para unos 1800 metros de desnivel. Tiene algunas dificultades técnicas.
Arista sureste. PD (II+). Se alcanza la base de la arista por el valle de Salenques. Primero es bastante empinada y luego se suaviza. Son unas 8 horas para unos 1800 metros de desnivel.
Canal sur. F. La ruta va por el valle de Salenques y el estany Cap de la Vall. Son unas 8 horas para unos 1800 metros de desnivel.
Cara suroeste. AD (III). La ruta va por el valle de Llosás. Desde la base de la pared se parte por una chimenea cortada por pequeños muros verticales. Son unas 5 horas para unos 1300 metros de desnivel. Ruta dificililla.
Arista suroeste. AD (III). La ruta va por el valle de Llosás. La ruta primero va por unas losas de granito y luego ya por la misma arista. Hay que superar varias brechas. Son unas 6 horas para unos 1300 metros de desnivel.
dot Mapas: Aneto y Maladeta editorial Alpina a escala 1/25000 y Aneto-Posets-Maladeta IGN Rando a escala 1/50000.

Conquista invernal del Pico del Moro Almanzor (2598 m)

ESTA CRÓNICA RELATA COMO UNA BOTA DE VINO CONSIGUE QUE BAJEN DEL PICO DEL MORO ALMANZOR UNOS ALPINISTAS POR SU PROPIO PIE. DE NO SER ASÍ, HUBIESE HECHO FALTA UN HELICÓPTERO PARA SACARLOS DE LA CUMBRE.
Es viernes, 30 de enero de 1.981. Miguel como todas las noches llega tarde. Ya ha tenido sus clases en la escuela y junto con los demás compañeros se disponen a cenar. Esta vez Juanjo también nos acompaña. La conversación se encamina alrededor del alpinismo: momentos inolvidables, técnicas del deporte, grandes expediciones, …. Hemos acabado de cenar. Siguiendo un poco más la conversación llega el momento que Juanjo propone a Miguel: “… ¿te animarías a organizar una excursión a Gredos para este fin de semana?” Tras un breve silencio se oye por parte de Miguel: “sí, por supuesto, vamos a ello”. No pasaron dos minutos y ya estaban llamando los dos por teléfono a sus respectivos amigos. A media noche ya estaban casi todas las gestiones hechas, saldríamos cinco: José Luis, Juanjo, Juan, Narcís y Miguel. Es muy tarde ya, dejaremos algunas gestiones para el día siguiente.
Como Juanjo tiene un examen se encargará Miguel de organizar el resto de la excursión. Se piden las comidas para la hora de comer, quedamos en salir a la una de Madrid y se pasará a recoger a cada uno en su propia casa, se hace una lista de material que hace falta conseguir, repasar las tiendas de campaña, …
Alrededor de las doce una llamada a Miguel nos da una mala notícia. El coche que se iba a usar para la excursión está estropeado. Miguel se pone de nuevo a mover el tema y al llegar Juanjo remata la jugada. Pepo nos deja un MG de exportación inglés. Todo resuelto.
Llega la hora de salir, ¿dónde está el coche?, se lo han llevado un momento para ir a recoger una “parrilla” para freir la carne a la brasa. Al alargarse el maldito momento, Miguel llama a todos los componentes y les dice que aprovechen para comer y así ganamos algo de tiempo.
El coche llega pasadas las dos y media. Lo paramos antes de entrar en el garaje y al instante ya salíamos a buscar a los demás. Salimos por la autopista de El Escorial pasadas las tres. En Hoyos paramos para tomarnos unas cañas y llenar la bota de vino. En la plataforma estuvimos el tiempo justo para prepararlo todo y empezamos a andar. Miguel animaba a los demás diciéndoles: “hay que haber franqueado Los Barrerones antes de que anochezca, de no ser así podemos tener problemas”. Llevábamos retraso a pesar de haber recuperado un poco de tiempo en la carretera.
Se hizo de noche, como es usual, empiezan a ser útiles las linternas. Nos encontramos un poco antes de Los Barrerones, todo parece marchar bien. José Luis saca un foco que facilitó la marcha. A pesar de todo nos confundimos un poco al bajar a La Laguna pero la intuición de Miguel consiguió dar de nuevo con el camino. Llegamos al lago y empezamos a buscar el refugio, todos éramos conscientes de que lo teníamos allí mismo pero no había forma de encontrarlo. Al fin se encendieron unas luces desde el refugio, el guarda había visto el foco y nos hizo señales para que pudiéramos llegar.
Después de pedir dormir en la parte libre del refugio el guarda nos dijo que no era posible usarla y debíamos dormir, por lo tanto, al raso. Ante la coyuntura propuesta de “picarnos” un vivac con poco equipo para ello, y de mala gana, optamos por pagar las tasas correspondientes y dormir en el refugio convencidos por el frío reinante. Como sea que no dimos nuestro brazo a torcer fácilmente nos fuimos a dormir muy tarde.
La salida de la excursión fue un poco más tarde de lo previsto dada la hora que era cuando nos fuimos a dormir. Nos levantamos, desayunamos y empezamos a andar al mismo tiempo que empezaba a salir el Sol. Habíamos sido de nuevo los últimos en acostarnos y los primeros en levantarnos y salir de excursión. Estaba la nieve muy dura. Hacía frío. Recorríamos un valle que nunca le da el Sol. Llegamos al cruce de valles. Miguel propone ir a La Galana al verse el valle mucho más practicable pero al querer ir todos los demás al Almanzor se cambia el plan sobre la marcha. Iremos al Almanzor.
Se forman dos grupos, en cabeza: Narcís, Juan y José Luis; detrás: Juanjo y Miguel. Llegamos al río, está helado. Miguel resbala aunque el equilibrio y los reflejos consiguen que no se caiga si consiguen asustar a Juanjo. Me explica que en la excursión anterior tuvo la desgracia de ver la caída de un amigo que estuvo a punto de tener fatales consecuencias. Juanjo no estaba todavía recuperado del trance. Miguel que conocía su situación le estuvo animando para que no diera importancia a lo sucedido. Cruzamos el río con algunas dificultades y nos dirijimos a la Collada del Crampón.
Miguel esperaba no encontrar ya más dificultades con el hielo puesto que no teníamos apenas material para trabajarlo. La subida era por un canchal de piedras. Paramos para desayunar un poco y reanimarnos un poco de los momentos que habíamos pasado al cruzar la cascada helada.
Iniciamos la marcha hacia el collado. Narcís va en cabeza con el piolet. Juanjo lleva la bota de vino. Miguel lleva la mochila con el material de abrigo de todos.
Ya está el collado allí arriba, hay un pequeño nevero entre piedras altas y lisas. Hay que ir por la nieve. Narcís, que va delante talla sobre el hielo unos escalones y se sitúa en el collado a esperar los demás. Era un pequeño paso, tenía mucha pendiente, pero es puro hielo. Como no disponíamos de material los demás subimos como los gatos: a cuatro patas y procurando no parar al subir ya que irremediablemente empezabas a deslizarte hacia el vacío. Por algo lo llaman Collada del Crampón, ¿no?
Creo que es obvio el estado de ánimo en el que nos encontrábamos. Teníamos que subir al Almanzor y lo que es peor, teníamos que regrasar por el otro lado impepinablemente. Teníamos detrás la casacada helada y el nevero del collado que hacían imposible el regreso por dónde habíamos subido sin que ocurriera nada.
Los fallos de la excursión estaban: en primer lugar, con el material que disponíamos (un piolet, tres pares de crampones y ninguna cuerda) no se podía subir al Almanzor con un grupo de cinco personas y, en segundo lugar, que en los momentos clave de la excursión (cascada y collado) el haberse fraccionado el grupo de tal forma que el que hacía las veces de guía no pudo ordenar un abandono honroso.
Así fueron las cosas; nos encontramos a pocos metros de la cima descansando y sin saber por dónde bajaremos. Miguel sube hasta la cima para ver mejor desde allí una vía de descenso. Aunque le tapa un picacho decide regresar realizando toda la cresta hasta La Galana si fuera necesario, al menos es un itinerario en roca por mucha dificultad que tenga, y una vez allí bajar por el valle que había visto en la subida con unas condiciones inmejorables.
Bajó de nuevo dónde estaban los demás mira atentamente las caras del grupo. El comentario fatídico no se hace esperar a la vez que se exclama con una rotundidad aplastante. Miguel, tú ¡haz lo que quieras! Nosotros nos quedamos aquí. No queremos bajar. Miguel les contestó: “si tuviéramos una cuerda o suficiente material regresaríamos por dónde hemos subido que es lo que hay que hacer siempre pero como no lo tenemos tendremos que hacer toda la arista en dirección a La Galana y una vez allí podremos regresar al refugio por el valle ya que no hay nieve en esa zona”. Como con estas palabras veía que lo único que conseguía era desanimar, prosiguió la arenga desviando el tema de la conversación: “… de todas formas, un buen trago de vino no me lo quita nadie”. Después de beber Miguel le siguieron los demás una ronda tras otra, ya sea por vicio o desesperación, se produjeron unos efectos milagrosos que animaron al personal a seguir. Juanjo, unos meses más tarde me comentó: “ten la más completa y absoluta seguridad que en aquellos momentos tuviste de mi parte una plena confianza, lo que decías era para mí lo mejor que podía y debía hacer; ahora bien, no por ello dejaba de ser para mí un completo absurdo y una locura sin lógica ninguna. Me encontraba en una situación en que me sentía totalmente inútil y abandonado y ya me daba lo mismo todo”.
La cresta era difícil, por no decir muy difícil y peor aún con un poco más de alcohol en la sangre de la cuenta, transcurre sorteando todos y cada uno de los picachos y agujas, había que hacer muchos pasos gimnásticos y poner las manos arriba y superar los obstáculos a fuerza de brazos; por suerte no había nieve que hiciera más difícil la marcha. Todas las indicaciones de Miguel eran acatadas al momento. Nos íbamos alejando poco a poco del Almanzor la cual cosa infundía ánimos al grupo.
¡Un momento! Se complican las cosas. Hay unos neveros empinadísimos que cortan el camino. JOD…!!! Miguel se pone serio. ¡ALTO todos parados! y prohíbe terminantemente que se crucen hay un abismo a cada lado alucinante y sólo nos falta que no sean muy sólidos, ya encontraremos otro camino. Dice a Narcís que suba un momento al filo de la cresta y que explore la posibilidad de bajar al refugio ya sea destrepando o dando un rodeo por ese lado. El Venteadero está justo detrás de las pendientes de nieve. Lo hubiéramos conseguido y no ha sido posible por muy poco. La espera se hace interminable y para colmo vas cogiendo frío. Al rato se oye a Narcís. Dice que se puede pasar. Hay que ir con cuidado ya que la piedra se desmenuza y está el terreno muy roto. Allí abajo habrá que cruzar una nieve pero se ve totalmente lisa. Hay que probarlo. En realidad es nuestra única posibilidad de salida.
Pasamos uno a uno para evitar catástrofes debido a algún inevitable desprendimiento de piedras y después de una fabulosa intervención de los pares de crampones nos encontramos en el Venteadero. Llegar al refugio fue fácil, ya pasó el peligro. Paramos para comer. Llegamos los últimos al refugio como también casi siempre. El guarda estaba ya impaciente. El colmo es que tenemos que discutir con él de nuevo ya que nos pretende cobrar un día más de estancia. Oscurece, nos dimos prisa para alcanzar a un grupo de chavales que son socorristas de la zona. Ellos conocerán la zona y así evitamos perder más tiempo. El regreso hasta el coche no tuvo más alicientes. Cruzamos el lago por encima y tuvimos que procurar en todo instante el pisar nieve puesto que en ese caso tienes la probabilidad de tu parte de no acabar en el suelo. Al final del día bajando de Los Barrerones a mí me parecía que me sería posible competir con los canguros australianos puesto que el saltar de piedra en piedra era ya un tema dominado.
Llegamos de noche a la plataforma. Tomamos rumbo a Madrid. Paramos en Hoyos, Ávila y para poner gasolina. En el camino nos pusimos a discutir cosas que en otras circunstancias no tendrían sentido. Algunos de los puntos que se trataron fueron: las dificultades que habíamos pasado y las que superamos fueron gracias a que en todo momento se trabajó en equipo y todos estuvieron pendientes de los demás despreocupándose de sí mismos; hacer caso al guía cuando no estaban muy claras las razones evitó una catástrofe; en toda excursión debe haber un guía que de alguna forma es el responsable de lo que ocurra en esa salida; y bla, bla, bla, bla, bla ….
Llegamos a Madrid. Acalorados aunque no por ello dejamos a un lado la amistad entre nosotros. Al lado de la Facultad de Biológicas nos quedamos sin gasolina, habíamos dejado a José Luis en su casa y pretendíamos llegar por la Avenida de la Moncloa a los colegios mayores para dejar a Juan y a Narcís. Taxi, lata, gasolinera, muy poco dinero, prisas, … Al fin, cansados, llegamos al colegio mayor de nuevo. ¡Habíamos derrotado al Almanzor en invierno en justa lid! “Que nos quiten lo bailao”, diría un muy buen amigo montañero en una situación semejante.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

¿Qué es la aventura?

“La aventura no es colgarse de una cuerda en la ladera de una montaña. La aventura es una actitud que debe aplicarse a los obstáculos diarios de la vida: afrontar nuevos desafíos, aprovechar nuevas oportunidades, poner a prueba nuestros recursos contra lo desconocido, y a lo largo de este proceso descubrir nuestro potencial único.”
John AMATT
Organizador y participante en la primera expedición exitosa del Canadá al Everest.

2017 - Miquel Pavón