Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: pantano

Refugi Joan Ventosa i Calvell

dot Nombre oficial (en català): Refugi Joan Ventosa i Calvell. Es propiedad del CEC (Centre Excursionista de Catalunya).
dot Situación: Es un refugio que está en el Pirineo de Lleida. Está situado en la comarca de la Alta Ribagorça en el municipio de la vall de Boí y por encima del estany Negre sobre una pared rocosa.
dot Ruta: Desde la población del Pont de Suert hay que ir en dirección al Parc Nacional de Sant Maurici i Aigües Tortes siguiendo el valle de Boí. Una vez pasado el balneario de Caldes de Boí se sube por una carretera en dirección a la presa de Cavallers (1723 m) donde dejaremos el coche en un aparcamiento que hay en la base de la presa. El camino a pie primero bordea el largo pantano de Cavallers hasta llegar a la pleta del riu Malo. Se continua por el valle que queda a mano derecha hasta llegar al refugio. Son unos 500 metros de desnivel que se hacen en unas dos horas. El camino no tiene dificultades técnicas a excepción de la zona de la presa que en invierno puede caer alguna que otra avalancha o, incluso, yo me he encontrado con la necesidad de hacer un rápel en la misma presa para acceder a la superficie helada del pantano por no haber otro camino posible.
dot Principales ascensiones: Besiberri Nord (3022 m), pic de Contraig (2958 m), Pa de Sucre (2862 m), Tumenèja (2783 m).
dot Travesías: Carros de Foc.
dot GPS (WGS84): 31T 325881 4719172.
dot Altura: 2220 metros.
dot Guía excursionista: Macizo del Besiberri.
dot Mapas: Tuc de Mulleres-Besiberri editorial Alpina 1/25000 y Pica d’Estats-Aneto IGN Rando 1/50000.
dot Comentario personal: Entre el rollo que se han inventado de lo de los Carros de Foc y los graciosos del parque nacional que no te dejan ni vivaquear resulta que este refugio en temporada alta está saturado sistemáticamente por pequeño. Un refugio construido y pensado para las necesidades de hace cien años resulta que las necesidades del siglo XXI no se pueden atender y ahora está difícil de ampliar por un ecologismo de pacotilla. Es triste acabar así ….

 

macizo del Besiberri

Besiberri Nord (3022 m)

La imponente cresta de los Besiberris vistos desde riu Malodot Situación: Es una montaña de más de tresmil metros situada en el Pirineo catalán (España). El macizo de los Besiberris está en la zona alta de la Noguera Ribagorçana y la Noguera de Tor que forma el valle de Boí.
dot Acceso: Para ir desde el norte es por la población de Artíes de la vall d’Aran y hacer noche en el refugio de la Restanca. Por el este es por el valle del riu Malo partiendo de la presa de Cavallers (1723 m) que está cerca de Caldes de Boí. Y una última opción, es ir por el oeste remontando el valle de Besiberri que sale de la boca sur del túnel de Viella.
Los Besiberris vistos desde las ruinas del refugio Pere Borèsdot Ruta normal:
Vertiente este (valle del riu Malo). AD (III). En principio con el coche se puede llegar hasta la misma presa de Cavallers pero los gestores del Parque Nacional de Sant Maurici i Aigües Tortes han decidido que no sea así. Por lo tanto, según sea la época del año puede haber una aproximación extra desde la barrera del parque hasta la parte superior de la presa más o menos larga. Desde Cavallers se bordea por un camino el pantano hasta llegar a su final. Superando unas pequeñas pendientes pronto se llega a la Pleta del riu Malo. Aquí, junto a unos puentes de madera, hay el cruce que va al refugio Ventosa i Calvell o hacia los Besiberris. En la Pleta hay sitio para vivaquear (independientemente de si el parque lo permite o no) sobre la hierba aunque hay pocos sitios buenos. Saliendo de la Pleta el camino se endereza rápido. Se cruza una cascada de agua y algo más tarde el mismo río para poder llegar al estanyet de Besiberri. Prácticamente, se podría decir que en este punto se encuentra seguro la última agua del recorrido. Para llegar al collado se puede subir directamente por unas pendientes rocosas aprovechando las diferentes canales herbosas siendo mucho más fácil para aquellos que sean especialistas en adherencias. Antes uno se encaminaba, normalmente, hacia el refugio metálico de la brecha Peyta pero ahora no existe. Eso sí se suele ver en la brecha gente alucinando y buscando el preciado cobijo con pocos resultados positivos. Las marcas dirigen hacia el antiguo emplazamiento. La subida directa hacia el collado del Besiberri Nord no está muy bien marcada. Una vez en el collado superior estaremos justo al pie de la pared. Los hay que se encuerdan en este punto y los hay que no. La verdad es que la cosa se pone aérea, la dificultad aumenta y los no escaladores acaban optando, tarde o temprano, por una retirada honrosa. Y es que este pico es serio. Recorrer los últimos metros se puede hacer por diferentes sitios. El itinerario considerado como normal empieza por una canal dificililla y que necesita fuerza de brazos para superarla. Hay que ir por esta canal hasta llegar justo al filo de la aérea cresta. Creo que la opción del diedro es tirando a más difícil que ir por el lado aéreo de la derecha. Una vez en este punto hay que realizar una travesía hacia la izquierda para ir a buscar otra canal que suele estar helada. Superando la canal en cuestión nos encontraremos con una pared que se supera aéreamente por la izquierda. Si llegamos arriba de la pared deberemos dirigirnos de nuevo a la derecha, después de otra travesía a la izquierda, para encajar un par de canales más que nos conducirán a la cumbre. La última de las canales es quizás la más difícil del recorrido igualando en dificultad a la primera de todas. Lo más seguro es que esta descripción no te sirva casi de nada y lo mejor es que una vez allí sigas las fitas. Cuenta que para subir y bajar este tramo, si vas encordado y con reuniones, puedes llegar a tardar de dos a tres horas para subir y otro tanto para bajar. Si para bajar lo ves francamente mal lo mejor es que te dejes de historias y tires de rapel. Yo el destrepe lo ví mucho más complicado y difícil que la subida. En fin, ¡suerte!. ¡Ah! Se me olvidaba … esta segunda vez que lo subo hice uno de los vivacs más bonitos de mi vida en la misma cumbre ….. aaaaa …. y lo afirmo fehacientemente por si se me desea multar …. En realidad en el vivac sólo caben dos personas. Pero comentábamos que si hubieran llegado dos excursionistas (femeninas) más para ellas seguro que hubiera habido sitio de sobra (jejeje).
Desde la presa de Cavallers hay unos 1200 metros de desnivel que se pueden hacer en unas 5 horas.
Si te interesa saber más sobre esta ruta tengo una crónica que relata esta excursión hecha unos años antes  [ver crónica].
Refugio vivac de Besiberridot Otras rutas:
Vertiente norte (por Estany de Mar). AD (III). Hay unas 4 horas y unos 1000 metros de desnivel desde el refugio de La Restanca. La ruta va a subir hasta la brecha Peyta para luego continuar la misma cresta que la ruta normal.
Cara oeste (vall de Besiberri). AD (III). Son unas 4 horas para unos 800 metros de desnivel. Es una pared de roca.
Cresta norte (canal de Rius). AD (III). Son unas 5 horas para unos 1000 metros de desnivel desde el refugio de La Restanca o el refugio de Besiberri.
Cresta de los Besiberris (Besiberri Nord al Besiberri Sud). AD (III). Es una cresta de un kilómetro aérea y muy bonita de hacer. Considerada una de las mejores del Pirineo. Son unas tres o cuatro horas. Terreno mixto. Ver: Besiberri Central (2995 m).
Vertiente noroeste (estany Tort de Rius). [ver epístola].
La cresta de los Besiberris vista desde el Besiberri Sud
dot Refugiosrefugi de Besiberri (2200 m), refugi Joan Ventosa i Calvell (2220 m) y refugio de La Restanca (2032 m).
dot GPS (RE50): 31T 321783 4719494.
dot GPS (WGS84): 31T 321692 4719274.
dot Datos GPS de la ruta normal por el vall del riu Malo (RE50):
Presa de Cavallers 31T 324196 4717090 1787
Pleta del riu Malo – cruce al refugio Ventosa i Calvell 31T 324366 4718792 1870
camino por el valle del riu Malo 31T 323411 4719030 2228
cruce del riu Malo I 31T 323142 4719092 2312
Estanyet de Riu Malo 31T 322768 4719277 2501
cruce del riu Malo II 31T 322425 4719204 2622
coll del Besiberri Nord 31T 321915 4719500 2940
Besiberri Nord 31T 321783 4719494 3022
dot Guía excursionista: Macizo del Besiberri.
dot MapasTuc de Mulleres-Besiberri editorial Alpina 1/25000 y Pica d’Estats-Aneto IGN Rando 1/50000.
dot Ver también la información del Besiberri Sud y Besiberri Central.

 

macizo del Besiberri

 

Después del panching hacemos rafting (primera parte)

7 de agosto del 2006.
Ha sido un año muy duro en muchos sentidos. Ya me hacía falta algo de descanso. Y para colmo este mes de julio ha sido el más caluroso de los últimos 30 años como mínimo. Así que el deseo de ir a pasar unos días de vacaciones a Laspaúles este año era muy grande. Siempre me ha ido bien para descansar, leer, pensar y aburrirme. Normalmente cada año cuando llego necesito un par de días hasta que me recupero y empiezo a hacer actividades. Este año he necesitado casi una semana. La verdad es que me ha ido muy bien. Pero una vez terminado el panching pronto llegan las ganas de hacer algo.
Una de las baterías de la furgoneta no acaba de funcionar muy bien. Durante el invierno al estar aparcada en un parking subterráneo se ha descargado totalmente muy amenudo y ahora le cuesta cargarse bien. Tanto es así que decido ir al servicio técnico de la Volkswagen para que le den un vistazo. Llamo al teléfono de información de la compañía y me dicen que los más cercanos los tengo o en Andorra o en Barbastro. Como el que tengo más cerca es el de Barbastro a primera hora nos encaminamos hacia allí.
En Barbastro nos dicen que no están homologados por la compañía para revisar los modelos California y Tuareg de una forma muy amable. Con la misma amabilidad nos despachan al servicio técnico vecino que está en Monzón para que allí nos cambien la batería por otra puesto que según me informan está en garantía. En Monzón la amabilidad ya brilla por su ausencia. Nos dicen que trabajan mucho. A mí eso me importa bastante poco la verdad. Y nos mandan literalmente a tomar viento fresco. Ni nos quieren dar hora, ni nos quieren mirar lo que pasa, ni nos ofrecen más solución que nos regresemos a casa. Mi hijo no lo entiende. Pero le explico que como ellos no tienen nada que ganar con nuestra reparación pues que ni se molestan en atendernos. Y es que eso es dar servicio al cliente y lo demás son tonterías ……
Así que nos regresamos igual como hemos llegado esperando que la batería se arregle sola por arte y misterio de la ciencia ….. Y así será …… Supongo que al cabo de una semana enchufada a la corriente del cámping y recibiendo la energía solar de la placa que le puse se arrgló. No tengo ni idea pero parece que ya funciona bien. De regreso paramos en Campo justo delante de la oficina de la empresa de rafting Éseraventura. Pido información y nos animamos a realizar el descenso. Nos dan hora para las 4:30 de la tarde así que aprovecharemos para comer algo antes. Cuando ya es la hora nos informan que los graciosos gestores del pantano han incumplido los horarios y han dejado el río sin agua. No vale la pena bajar hoy así que lo aplazamos para el día siguiente a las 3:00 de la tarde.
8 de agosto del 2006.
Es el día D a la hora H. Tenemos 32 euros por persona menos en el bolsillo. Hemos contratado un recorrido que se considera familiar apto para personas mayores de 10 años como mínimo. La bajada es por el río Ésera desde el pueblo de Campo y aguas abajo unos 7 kilómetros. Tiene prevista una duración de algo más de una hora. El nivel de dificultad se considera de II y III grado. El nombre con el que se le denomina este tramo es “Silla”. Hay la opción de alargar el descenso unos 5 kilómetros más pero el tramo ya tiene una dificultad de III y IV grado y ya no se permite el descenso a los menores de 14 años como mínimo. A este tramo se le conoce con el nombre de “Pirámides”. Nosotros no lo haremos porque mi hijo tiene justo los 10 años. Ya regresaremos dentro de unos años para hacer las Pirámides …. pues …..
rafting por el río Ésera
Bajando el material …… con su permiso ¡¡¡¡¡claro!!!!!! …….
rafting por el río Ésera
Encasquetándome …….
rafting por el río Ésera
Encasquetándose ……..
rafting por el río Ésera
Morituri vos salutan …. más o menos claro ….. y sería en castellano algo parecido a que los muertos nunca saludan ……
rafting por el río Ésera
Primera explicación …. las barcas de rafting no tienen ruedas ¡!!!!!!!!
rafting por el río Ésera
Explicación bien entendida …….
rafting por el río Ésera
Segunda explicación: cómo se saludan a los dioses del río …..
rafting por el río Ésera
Tercera explicación: cómo se rema cuando llegan los enemigos ……
rafting por el río Ésera
Cuarta explicación: cómo se saca al pringao que cae al agua ……
rafting por el río Ésera
Y quinta explicación: cómo atar a una chica guapa …..
rafting por el río Ésera
Y ….. Una primera cascadita para ir abriendo boca …….
rafting por el río Ésera
Barco vikingo al ataque …..
rafting por el río Ésera
El naufragio de los vikingos ……
rafting por el río Ésera
El poder indestructible de los vikingos …..
rafting por el río Ésera
Vikingos de cachondeo …….
rafting por el río Ésera
Con tanto cachondeo vikingo se pierden los remos ……
rafting por el río Ésera
Y el problema es recuperarlos ……
rafting por el río Ésera
Claro que …… al igual que pasa en las películas …… al final todo acaba bien ……
rafting por el río Ésera
La alegría es generalizada ……
rafting por el río Ésera
Cualquier obstáculo es superado por nuestros valientes vikingos …..
rafting por el río Ésera
No hay quien los detenga ……
rafting por el río Ésera
Son los señores más poderosos del río ……
rafting por el río Ésera
Hasta que pasa lo que tenía que pasar …….
rafting por el río Ésera
Que vuelca la embarcación ……
rafting por el río Ésera
Y es que no se puede ir hacia atrás …..
rafting por el río Ésera
Y luego hacia adelante …… si no quieres acabar volcado ……
rafting por el río Ésera
Después de un esfuerzo final …..
rafting por el río Ésera
Y por poca ventaja sobre sus competidores ……
rafting por el río Ésera
Ganan la carrera nuestros invencibles vikingos …….
rafting por el río Ésera
¿Pasandoooooo noooooooooo?
Y colorín colorado esta crónica se ha acabado ……
Aunque si os habeis quedado con más ganas …. siempre podeis ver la segunda parte y la tercera parte !!!!
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.006.

De Pica a Pica y Pico porque me Pica: el Carlit

23 y 24 de abril de 1983.
– Y por sant Jordi, ¿qué picaremos?.
– Qué picaremos, qué picaremos …; ¡la Pica!
– Y ¿por dónde la picaremos, por Vallferrera, por Baborte, o por Riufred?
– ¿Pero, no quieres decir que habrá muchos que la querrían picar? ¡Pobrecilla! ¿Y no nos quedará nada para picarla nosotros?
Y tanto nos picó la cosa que decidimos picar el Carlit, al fin y al cabo, también pica, y aunque durante toda la semana se pronosticó y midió lluvias dispersas, incluso concentradas, a casi toda la Península Ibérica, menos a los finisterre catalanes, en el que -ya se sabía, y si no, ya se sabe- que los “ponents ens porten vents” [los ponientes traen vientos].
Así que ya nos tienes, a las tres, puntuales como siempre, dejando -en compañía del Fura, este animal de cuatro ruedas que hace honor a su nombre- la inmortal y principal ciudad de Girona, y la no menos ídem et ídem Ciutat del Llac, camino del primer puerto puntuable, el de Capsacosta, y del segundo, la Collada de Toses; desde la que nos dejamos deslizar por pendientes suaves y sinuosas que nos conduciran al fondo tapizado de pueblos y prados del llano, para presentarnos con toda tranquilidad, ya que nadie nos persigue, delante la meta volante de la más inoportuna frontera que haya existido nunca. Pero, como no les hemos avisado de nuestro paso -cosa que, bien mirado, tampoco era necesario- la pasamos sin puntuar … y sin canviar moneda, por aquello de la semana inglesa y demás gaitas gallegas; y vamos recorriendo Cerdanya (mirando, ahora el Carlit, ahora el Puigmal, ahora el Cadí, ahora el Puigpedrós, y sus picos y picas picados de nieve primaveral, que sólo hacen que convidarnos), que, desde el coll de la Perxa, ya es Conflent, aunque no se note, porque estamos en el mismo país, el nuestro, el que celebra sant Jordi y tiene cuatro barras rojas y cinco de amarillas por magnífica bandera.
Llegados a Montlluís y aclarados con las direcciones, enfilamos la picada carretera que, pasando pinares y abetos de la más pura verticalidad vegetal, y riachuelos que nos conducen al deleite al trazar proporcionados meandros cristalinos en la verdosa horizontalidad de los prados, nos conduce en un plácido paseo hasta el techo de la etapa, el kilómetro 186, la presa de Les Bulloses (2020 m), un precioso y erosionado circo natural acabado de cerrar por la morrena encementada por la presa mencionada, el cual, en este momento del año y en esta hora del día -hacia las siete-, constituye un frío conjunto de piedras pizarrosas clapeada de oscuras masas de bosque y de lisas extensiones de nieve, sobre el que proyecta sus rayos crepusculares la pelota incandescente que cada día corre volando por encima suyo, y nuestro.

También respira frialdad y humedad el chalet-refugio de Combèleran, circunstancias que incluso parecen acusar la leña que alberga, y los papeles y las piñas que buscamos para remediarlas, puesto que nos cuesta un tiempo indefinible lograr encenderlas y calentar mínimamente la estancia. Bastante bien que lo debe saber todo el demás personal que hay por este inóspito sitio, ya que se dirijen hacia el bar de al lado, o al Hotel Bones Hores, que vela el pantano helado desde el otro lado de la presa o barrage, cercano a una piedra que lleva una pintada que dice “Pic Carlit, 2921 m” … y una flecha que invita a seguir el camino hacia allí.

Y empezamos a ir, hasta que la nieve ya esconde todas las piedras, invitando a nuestros pies mal calzados a regresar al refugio, y a llenar un poco el buche para cuando sea la marcha definitiva.
La humedad retarda el sueño -a los sueños no- y, cuando ya lo estamos conciliando, suena el despertador, fiel siempre a la cuerda dada.
Saltar de la cama, cuesta, pero la voluntad de la Pica y el viento que se ha sentido que ha hecho vibrar el cuerpo cuando, a media noche, ha salido a hacer un trabajo constitudinario, nos hacen aceptarlo sin reticencias.

Y héte aquí que el viento sigue y no deja de picarnos en todo el camino, camino de nieve entre el bosque primero, regateando nubes insidiosas, del macizo del Puigmal, de vertientes también nevadas y bastante verticales, y de lagos y valles nevados después.
El movidísimo acompañante, puesto a picar nuestra moral picaminosa, no nos deja ni picar un bocado de pan ni del resto de alimentos; de forma tal que lo hacemos rápidamente y a desgana -a pesar de que ganas de comer no nos falta-, después de dos horas y pico de ir contorneando lagos picados por la nieve, hasta aquello que se supone es el Estany del Portell, espléndidamente situado bajo el Portell del Carlit y del coll Colomer, entre los cuales se alza verticalmente majestuosa la Pica del Carlit, velada por una aguja humilde que destaca en la cresta SW, la cual nos señala claramente el camino a seguir para picarla elegantemente.

Piernas ayudadme, vamos flanqueando las moderadas pendientes de los cims de coll Roig, lanzando de vez en cuando una mirada de preocupación a la nieve que los cubre, -por si se le ocurriera lanzarse al vacío-, para ir ganando de picada a picada de piolet y de crampones; trastos que nos repartimos como buenos hermanos, porque uno me lo he dejado en casa y el otro no se me ajusta a las botas; la canal del Portell, canal que dejamos, muy cerca de éste y en presencia del viento que lo pica y que incluso nos pica a nosotros, para ir ganando la cresta más arriba, hacia la altura de la aguja que veíamos desde abajo.

Sólo nos falta para conquistar la cumbre meridional de la Pica (2921 m) -hecho que ocurre a las doce menos cuarto- aguantar un rato estoicamente el azote insistente del viento, y el juego entretenido de ir superando las piedras bastante estables y cortantes de la cresta SW.
Juego que compaginamos con alguna que otra mirada de reojo hacia las pendientes y heleros “cortados a pico” del circo de Lanós, dominado por el altivo Puig Pedrós de Lanós -que también apuntamos en la agenda-, y las más lejanas y difusas montañas que cierran la Cerdanya por el lado del mediodía.
De comer, ni lo hablamos puesto que ya hemos picado la Pica del Carlit, y ahora pensamos, mientras contemplamos las nubes que nos rodean por casi todos los lados, pero sobretodo por el occidental, que ha sido un acierto no haber ido a la Pica d’Estats, que lo que conviene es fotografiarlo todo, bajar con mucho cuidado la cresta NE pasando por la cumbre septentrional (2.915 m), y llegar a un lugar donde el viento no nos pique con la furia que nos ha acostumbrado a hacerlo todo el rato, para llenar un poco la barriga, ya que nos está picando a la puerta de la mochila para que la complagamos mínimamente.
Antes de acceder a sus legítimas peticiones, todavía tendrá que esperar a que dejemos la ventolada cresta -hacia las dos menos cuarto-; que bajemos, con la misma prudencia, las fuertes pendientes nevadas que conducen al Estany Sobirà, mientras comentamos las particularidades geográficas de la zona y las posibles ascensiones; que pasamos por el lado de la -casi invisible- cabaña que se encuentra cerca del mencionado lago y de los arroyos que lo siguen; y que pasemos los primeros trozos de bosque, con nieve ya un poco pastosa. El fuet, los higos, el queso, la naranja, el té, etc., etc. entran entonces con más ganas que nunca, es aquello que dicen “picar con ganas”, que es lo que hemos hecho …., o desear hacerlo, todo hoy.
Pero no llegamos a la presa hasta las cuatro y media, dado que nos enmerdamos siguiendo las huellas de unos gavachos, y hemos de soportar las malas jugadas del bosque del lado izquierdo del pantano de Les Bulloses, mala pasada que aprovechamos para criticar las animaladas toponímicas de las señalizaciones y cartografía oficial. Cuando ya llegamos, nos encontramos con uno de estos gavachos, los cuales reconocen que deberían de haber salido a la hora que lo hemos hecho nosotros -a las siete menos cuarto- e incluso demuestran que saben alguna palabra en catalán, ya que están en Perpinyà y conocen al difunto Lluís Mata, del cual hacen pródigos elogios. Las nubes siguen rondando el círculo, incluso dejan caer algun que otro copo de nieve, pero, el viento que los pica insistentemente, no les deja descargar la prodigiosa lluvia esperada.
El regreso lo hacemos por el valle del Aude, para pasar, sin muchos contratiempos, a la del Aglí, pues, así como el coll de la Quillana (1.789 m) y el coll de Sant Lluís (687 m) son puras divisorias de aguas entre el Aude y el Tet y la Bolzana, el congosto que forma el que da nombre a todo un departamento es uno de los más largos, bellos y espectaculares de los Pirineos. La variedad de vegetación desde que empieza hasta que llega a Atsat, junto con la combinación de los verdes de los árboles con el gris oscuro de las rocas pizarro-graníticas y las variantes trasparencias del agua, el blanco azulado ligeramente tostado de las calizas casi-garrotxinas, y las variantes trasparencias del agua que a sus pies se cuela, traspasada con bordados de oro por la magna aguja de luz del Sol crepuscular, da a este país del Sault, el reino de los bosques, lleno de exquisitas intrigas, que cruzaron tantas veces los condes de Carcasona para ir a visitar a sus parientes del Rosselló y del Urgell, de una belleza de exorbitante fuerza, que forzosamente ha de admirar el caminante o el automovilista que por ella transita, sobre todo si baja de la carcanetada pica del Carlit, el reino de “la nieve, y la piedra y la pura frialdad” del poeta rosellonés.
También exorbita fuerza, pero una fuerza crepuscular, el castillo de Puilaurens, uno de los últimos reductos de la esperanza cátara, que, como las pétreas moles catedralicias que velan por el norte de las “Gorges de Saint Georges”, aguanta -hasta que un rayo destruya sus piedras venerables-, para ver el soñado renacer occitano del milenio que llegará, de la mano catalana, que va haciendo, lentamente, sus pasos preceptivos.
El resto ya es ir viendo como los “vignobles de cote” hacen hoja y grano, como el mar lo vamos teniendo más cerca, como el Aglí, el Tet y el Tec van dejando los Pirineos que los han visto nacer para ir a su desembocadura, y como la frontera del Voló es simplemente este 24 de abril, un paso entre estados hermanos, paso que, hoy mismo, han hecho los asistentes catalanes a la fiesta de “lou Coupo Santo”, y que por muchos años la puedan seguir celebrando.
A las nueve y media de la noche estamos en Banyoles, tomando una jarra de cerveza para festejar la picada, puesto que …. “quien pica primero, pica dos veces”. El cuenta kilómetros marca 235 mil metros para la etapa de regreso, un buen paseo para los amantes del Pirineo que no es tan alto.
© Joan Fort i Olivella. Año 2.004.

Carretera, carretera y Yelmo

21 de junio de 1982.
Como todas las excursiones esta ha sido divertida y dura todo lo que seas capaz de imaginarte.

Todo comenzó el domingo día 20 de junio a las 8.30 cuando nos damos cuenta de que no teníamos bicis suficientes y estábamos a punto de perder el tren. Teníamos previsto llevar las bicis en el tren hasta Ávila y desde allí pedalear hasta Gredos para hacer alguna excursión. Como vimos que nuestro transporte para Ávila lo perdíamos decidió Miguel J. sobre la marcha y con total improvisación ir a la Pedriza. El recorrido ahora será todo en bici desde Madrid y así ahorrábamos el dinero del tren.
Pasó el tiempo y finalmente todos tenían una bici. Algunas eran de carreras y otras no pero la cuestión es que ya todos teníamos una y ya podíamos marchar. Salimos de Madrid a buen ritmo y pedaleando fuerte pero pronto aparecieron las primeras víctimas. En la primera gasolinera de la autopista tuvimos que arreglar con cinta aislante una potente raja en la cubierta de la bicicleta de Carlos P. Pero para nosotros eso no era nada y gracias a la experiencia de Miguel J. estuvo solucionado en un abrir y cerrar de ojos. Continuamos los trece rodando por la carretera. Parábamos a menudo pues el cansancio, el calor y los dolores corporales se hacían notar en nosotros.

Y como merecimiento a nuestro esfuerzo paramos a comer o a desayunar ya no sé exactamente qué pues eran las doce del mediodía. Después de la suculenta comida llegamos a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios y desde allí seguimos el recorrido hasta que al fin, casi desesperados, llegamos al palacio de Chema. Rellenamos nuestro aparato digestivo y tuvimos mucho cuidado con su pino. Rápidamente nos embalamos directamente a Soto y buscamos un bar que nos dejara entrar para ver el partido de España contra Yugoeslavia del campeonato mundial de fútbol España-82.
Continuamos la aventura hasta que llegamos al pantano de Santillana. Había un gran cartel que anunciaba: “PROHIBIDO EL PASO. HIDRÁULICA SANTILLANA, S.A.” Pero eso no nos detuvo y pasamos ampliamente. Eso sí nos instalamos en un lugar oculto para vivaquear y los que quisieron fuimos a ver jugar a España.
Al día siguiente nos encaminamos hacia el Yelmo. Es un monte con una altura de 1714 metros formado en su mayoría de piedra granítica pero será mejor que me deje de sabidurías. Al grano. Bien remojados en un caño de agua comenzamos la primera subida. Ahora ya lo hacemos a pie. La primera parada fue muy corta pues no era muy necesaria. Paramos en un río donde Justo, Carlos y Jaime cazaron de todo. Entre sus presas y bichos varios destacaré dos culebras de agua que llegaron a conservarlas hasta el final de la excursión como mascotas. Aquí ya nos dividimos. Algunos continuaron subiendo y los otros se quedaron en el río. Llegó el momento crucial. Estábamos en la falda del Yelmo. Estábamos algo decaídos. Pero abrimos las latas de melocotón en almíbar y con su dulce jugo mojamos nuestro seco paladar quedando reanimadas nuestras mentes y repuestas nuestras fuerzas. Poco a poco seguíamos el camino que un tal Maesso había marcado con líneas blancas y amarillas. Los cardos hacían mella en nuestras piernas y el Sol quemaba nuestras espaldas sudadas y cansadas.


Pronto nos encontramos delante de una inmensa roca de unos 250 metros aproximadamente. No sabíamos por dónde proseguir. Había que escalar. Después de reconocer el terreno dimos con un camino que subía por una empinada chimenea. Cuando llegamos a la cima gritamos tres veces victoria.
Bajamos a la velocidad del rayo y llegamos pronto al pantano donde nos bañamos para limpiar la mugre. Luego bajamos a Soto para comprar comida para los días siguientes. En el nuevo amanecer nos bañamos en el pantano sin que nos viera nadie y desayunamos en gran cantidad para emprender la vuelta. A gran velocidad llegamos a la gasolinera en la que habíamos tenido la primera avería y desde allí ya fue todo sangre, sudor y lágrimas como dijo Wiston Churchill.
Nota del webmaster MJ: José Mª cuando me escribió esta historia tenía doce años …
© José Mª Garrido. Año 2.002.

Sangre, sudor, lágrimas, rayos y truenos en el Besiberri Nord (3014 m) por la arista Peyta (NE)

Día 18 de septiembre de 1979.
Estamos desayunando debajo de los arcos y seguimos esperando. El Sol todavía calienta mucho pero se nota el frescor del mes de septiembre: el mejor mes para hacer ascensiones ya que se juntan muchas condiciones favorables, los glaciares están escondidos a gran altura, el Sol calienta durante el día a pesar de que las noches ya son frías y hielan la nieve, hay bastantes horas de luz, …
Quedamos Miguel y yo que les esperaríamos aquí hacia las diez de la mañana. Pero cuando acabamos de desayunar Josep Mª y Jordi no han llegado aún con el coche. Miguel va a llamarlos pero no hay respuesta. Aparecen al cabo de dos horas. Han tenido dificultades con los papeles del coche. Después de horas de espera y de incógnita salimos de Girona con un vehículo que no es una joya. El viaje nos lo tomamos con filosofía (estoica ¡naturalmente!). Encontramos camiones en Los Brucs y comemos en La Panadella. Por la tarde hace mucho calor y nos tomamos una cerveza en Benabarre. Nuestro plan era subir hoy mismo al refugio. Al retraso inicial que llevamos hay que añadirle el que se produce al encontrar la carretera cortada antes de El Pont de Suert. Este tramo lo están arreglando. La subida al refugio es muy larga. Hay que dejarla para mañana. En El Pont de Suert compramos algunas cosas. Visitamos a los parientes de Jordi que viven en Taüll y nos reciben afectuosamente como la otra vez. El día empieza a irse.

Decidimos ir a dormir cerca de Caldas y montar la tienda a la luz del día. Cuando tenemos el lugar decidido vemos que la tienda no tiene clavos y que le falta un trozo de mástil. Hasta ahora parece que no hemos tenido mucha suerte. Un día de retraso, el coche tiene algún problema, nos faltan los clavos de la tienda (que los sustituimos por trozos de “boix”) y, ahora, para completar los males el fuego no se enciende ni a tiros. Menos mal que el hornillo sí que funciona. Después de cenar Josep Mª saca la guitarra y alrededor del fuego, perdón, del humo hacemos un rato de tertulia. Hace frío y nos vamos a dormir, con mucho cuidado, no se vaya a caer la tienda. Todo lo arreglamos con sentido del humor.

Día 19 de septiembre de 1979.
Nos levantamos a una hora razonable y hacemos un poco de orden y limpieza. Desayunamos y recogemos todas las cosas con tal de ir a hacer una comida puntual y buena a Taüll para salir bien equipados. Comemos caliente, sentados, un buen plato de judías con butifarra y postre. En la casa dejamos todo lo que no nos sirve para la excursión. El tiempo no está muy claro pero regresaremos a Cavallers. Es una inmensa pared con contrafuertes destacando su majestuosa quietud en medio de una naturaleza salvaje. La presa de Cavallers ha significado para mí el límite entre la civilización y la alta montaña pirenaica de este valle tan agreste. A partir de allí incertidumbre y aventura. En el aparcamiento encontramos unos motoristas de Puigcerdà que parece que están un poco molestos pues se lo han pasado muy mal intentando hacer una travesía. Después de intercambiar unas palabras con ellos bajan por la carretera y nosotros iniciamos con mucha calma la ascensión al refugio. Está calculado entre cuatro y cinco horas de marcha. Bordeamos el pantano hablando entre nosotros hasta la Pleta del riu Malo. Hay unas vacas sentadas que nos miran casi despectivamente sin dejar de rumiar. Por un instante vemos la imponente pirámide del Besiberri Nord que nos deja impresionados hasta que la niebla nos tapa toda la panorámica. Al atravesar una cascada, que nos refresca un poco, comienza una fuerte ascensión por un caminillo tortuoso y poco marcado hasta que desaparece antes de llegar al estanque. Queda bastante colgado y ya desde allí se ve claramente el refugio metálico de la brecha Peyta. Unos grandes neveros quedan cortados encima del agua y la niebla nos deja ver de vez en cuando la cresta imponente de los Besiberris e incluso alguna grieta que hay debajo. El tiempo está muy inseguro y después de coger nieve para fundirla continuamos por un pedregal muy empinado. Josep Mª y yo vamos delante y a mitad de la subida hace patinar sin querer una piedra. No me aparto ya que parece que pasará lejos pero justo el último bote hace que vaya directamente hacia mí y me toca en un puño y en la pierna. Tengo una mancha de sangre pero no deja de ser una rascada algo fuerte. Miguel que acompaña a Jordi, que no se encuentra muy bien, se interesa por lo que pasa y con un grito le digo que no ha sido nada y no se preocupe.
En cabeza ya estamos casi en el refugio. El tiempo está muy inseguro y empieza a refrescar. Estamos a 2805 metros. Josep Mª hace señas y nos comunica que ya ha llegado y que no hay nadie. Acabo de llegar y me quedo impresionado de la situación de este refugio. Se domina todo el valle de la pleta por un lado y por el otro la sierra de Tumeneia y el Estany de Mar. A nuestro alrededor grandes neveros, lagos, crestas … en fin, ¡es sensacional! Sin perder tiempo quiero ver este refugio del que tantas veces había leído unos textos del francés Bellefon. Por fuera es de metal inoxidable, forrado de corcho y después madera. Hay seis literas desplegables con mantas, un botiquín y un armario con provisiones para emergencias.

Acaban de llegar Miguel y Jordi. Hacemos fotos y filmamos. El frío se ha hecho muy intenso y se ha desencadenado una tempestad. Una gruesa puerta que hace ruido a nevera nos aísla perfectamente del exterior. Por una ventanilla entra la poca luz que queda del día y vemos como la noche va imponiéndose.
Abrigados con las mantas estamos sentados en las literas, la nieve se va fundiendo mientras vamos leyendo el libro de registro del refugio y anotamos nuestras observaciones. comentamos que un buen lema para la salida podría ser la famosa frase de Churchill con un añadido personal: “sangre, sudor, lágrimas, rayos y truenos, …”. Las inclemencias de la naturaleza se han desencadenado y me parece que nunca las habíamos vivido tan de cerca. Estamos en silencio, sólo se oye el hornillo, el ambiente es sensacional. Un rayo ilumina de repente el refugio oscuro y, a continuación, el rayo menea toda la construcción. Sabemos que el refugio es bueno pero no podemos dejar de impresionarnos y de inquietarnos un poco. Gauss tiene razón: la corriente eléctrica no ha entrado en el interior del refugio y se ha quedado en el exterior. Pero … ¿seguirá teniendo razón las próximas veces? La nieve ya se ha fundido y se puede hacer ya la sopa. Dejamos una reserva de nieve que se irá fundiendo por la noche. Después de cenar Jordi todavía no se encuentra muy bien y se va a dormir. A alguien se le ocurre la idea de hacer un “cremat” y con su calor fundimos la nieve que queda, nos calentaremos nosotros y el barracón para luego beberlo junto con un té con limón. Aceptamos la idea ya que lo de jugar a las cartas no tiene muy buena acogida. El té lo guardamos para mañana ya que va a ser el único líquido que vamos a tener en todo el día. Esto será un gran problema ya que nuestro plan es hacer la integral de los Besiberris y en todo el recorrido es bastante probable que no encontremos agua. De todas formas, ya veremos si hacemos algo de la forma como está el tiempo. Nos hacemos a la idea del drama que debería ser el de aquellos compañeros que se quedaron prisioneros en estas crestas durante días y que los tuvieron que rescatar. Realmente tiene que ser una experiencia penosa. Nosotros llevamos aquí unas horas y ya empezamos a notar la falta de espacio.
El tiempo va pasando y ya deben ser hacia las diez. El “cremat” es sensacional. Hemos conseguido subir poco peso y a cambio hemos hecho una cena caliente, un “cremat”, un té y no sé cuantos lujos más. Parece que las inclemencias meteorológicas han cesado, me abrigo mucho y salgo. El frío es intensísimo. No se ve ni una sola estrella. El viento no se sabe de dónde sopla aunque lo hace muy fuerte. La panorámica es esta: hace mucho frío, niebla en general, está el cielo cubierto y la roca está húmeda.

Decidimos ir a dormir. En las literas se está muy bien ya que sólo estamos los cuatro y podremos dormir anchos. Con la luz de la frontal todavía escribo unas notas en el libro de registro que es muy divertido. Cuando acabo me arreglo el cojín con ropa. Apago la frontal e intento dormir que, como siempre, lo consigo. La temperatura es muy agradable aquí dentro. Fuera los elementos naturales luchan ruidosamente y el viento choca contra la estructura metálica confiriendo a esta noche un gran ambiente de alta montaña en esta brecha a casi tres mil metros.
Día 20 de septiembre de 1979.
A lo mejor son las cinco. Nos tenemos que levantar pronto para hacer la integral. Miguel se levanta y lo que ve es desesperante. Hace frío y la niebla lo tapa todo. Estamos inmersos en una nube. Regresa a la litera y dormimos una hora más aproximadamente. El tiempo no ha cambiado pero tomamos una decisión: nos pondremos de camino al Besiberri Nord y ya veremos. Desayunamos un poco, al parecer hoy necesitaremos las fuerzas, aunque de todas formas me repulsa un poco comer a estas horas y sólo tomo un sorbo de té. Guardamos las cosas, barremos el refugio y nos ponemos en marcha. Lo que todos pensamos es que aquí no volveremos más o que tardaremos muy poco en regresar. De todas formas no dejamos nada.
Rápidamente perdemos el refugio de vista, hemos bajado un poco para perder un trozo de cresta que tiene pasos de IV grado aunque no tardamos mucho en regresar a ella. Comienza a llover o a nevar. El silencio da un extraño ambiente a esta caravana que evoluciona con marcha calmada. Las fitas son abundantes y las vamos siguiendo. Nos llevan al filo de una cresta y su orientación hace que la sigamos ya que sube directa al Besiberri Nord. Al principio parece fácil, a lo mejor con algún paso de II grado, pero al darnos cuenta vemos que estamos en una cresta muy vertical de grandes bloques de granito. Al moverse la niebla vemos todo el esplendor de la cresta NE que se levanta puntiaguda enfrente nuestro. También vemos por unos instantes la Punta Alta. La niebla vuelve a cubrirlo todo. El avance es lento, constante, con tramos de ascensión verticales y progresando al escalar repisas. Comienza a notarse la sensación de vacío bajo nuestros pies. Menos mal de la niebla que tapa la vista de la caída. Los pasos delicados se van haciendo constantes y muy abundantes. Todos son muy gimnásticos. Esta cresta es cada vez más difícil. Encontramos una plataforma y decidimos reunirnos allí. La vía se pone muy interesante, ya lo dice la guía, pues ahora encontraremos “los pasos de III grado que se superan acrobáticamente“. En esta reunión aprovechamos para hacer un trago y comentar la situación. Aquí abandonaremos el filo de la cresta para avanzar por la vertiente sur. Una serie de canales verticales conducen a la cima. Para pasar de la plataforma a la primera canal hay que hacer un paso muy grande sobre el vacío con extrañas presas. Subimos el canal con pasos de II grado hasta otra plataforma muy pequeña y la cosa se pone negra. Las piedras están muy frías y húmedas. En cada parada aprovecho para ponerme las manos en los bolsillos y calentarlas un poco ya que no me gusta escalar con los guantes puestos. Falta el paso más difícil. Menos mal que no debemos estar muy lejos de la cima. Ha llegado el momento de sacar la cuerda. Miguel se la ata, se quita la mochila y empieza a subir. Unos instantes después desaparece entre la niebla y las piedras. Estamos en silencio en la plataforma. La cuerda va resbalando por la roca hasta que se para. Se oye un grito de Miguel que nos dice que es factible. Con la cuerda subimos su mochila y después Jordi y Josep Mª superan este paso asegurados por Miguel. Finalmente me ato la cuerda con el mosquetón de la baga y subo. El primer paso es lo más complicado que había hecho hasta el momento. Te encuentras tú y mochila empotrado debajo de un saliente de roca con presas de mano muy bajas. Se supera este paso por la izquierda. Con una mano hay que buscar una presa encima de la cabeza y ahora es con presas pequeñas con la que hay que recuperar una posición estable y salir de la posición inicial. Es un paso claramente de III grado aunque alguien comenta que incluso de IV aunque yo no lo creo. Eso sí el largo de cuerda no baja en ningún momento del III. Miguel va recogiendo la cuerda y asegurando desde un saliente de roca. Vuelvo a calentarme las manos y hablamos del rappel que habrá que hacer al bajar en el caso de no encontrar ningún otro sitio por el que sea mejor. Unos pasos más y ya coronamos la cumbre.

Lo sabemos porque hay un libro y una placa. Estamos a 3014 metros rodeados de un paisaje impresionante pero que no lo podemos contemplar. El frío no cesa debido a la nula acción solar. Nos sentamos en la cumbre. Nuestro pelo está lleno de gotitas de agua congelada. Hacemos fotos y filmamos. Ya tengo ganas de comer algo. Aquí se decide que la integral no deja de ser un proyecto. Hemos hecho un tresmil y ha sido espectacular por lo que estamos ya satisfechos. De todas formas la bajada nos espera con no pocos problemas. Debido al poco atractivo que presenta la permanencia en la cima decidimos regresar.
No bajamos exactamente por el mismo sitio. El primer paso sigue siendo más complicado de lo que esperábamos. Una chimenea de roca está obstruida por una piedra que sobresale. Este abultamiento tiene una presa en la pared superior. Hay que sentarse a caballo encima de una roca con las manos en la presa y los pies colgando en el vacío. Este paso se hace en diagonal, entrando por la derecha y saliendo por la izquierda. La pierna izquierda se va estirando intentando encontrar una presa extraplomada. El tanteo es agobiante. No veo mi pierna que en el aire intenta conseguir un punto de sostén. Estoy colgado de la punta de los dedos y por nada del mundo me puedo dejar vencer por el cansancio … caería pared abajo. Sí, por fin he encontrado una rugosidad aprovechable. Me sostengo en ella. Aunque la pierna empieza a temblar de cansancio. Rápidamente tengo que encontrar una presa de mano segura. Completamente inclinado hacia el precipicio la mano izquierda encuentra una presa. Traslado el peso del cuerpo al lado que tengo seguro y por fin consigo ver la parte inferior de esta especie de nariz que sobresale de la pared. Por fin he pasado. Descanso un momento. Estoy soplando. Otro paso que supera en dificultad a los que he hecho hasta la fecha. Dudamos si hacemos rappel o no. Como no sabemos hacerlo lo intentaremos sin. Avanzamos lentamente. No se puede hacer ningún paso en falso. Nos intercambiamos consejos mientras bajamos. Todo el rato de cara a la pared. La vía que seguimos coincide en algunos tramos con los de la ascensión. La concentración es total. La niebla sigue corriendo a nuestro alrededor impasible. Los pasos difíciles se suceden con constancia y por eso no recuerdo más detalles hasta el último que fue singular. Probablemente un destrepe de III grado. Es un diedro recorrido por una fisura interior. Había dos cosas difíciles en él. Una era entrar en la fisura y otra, evidentemente, era bajarla. En un primer intento no encuentro las presas adecuadas y es que en primer lugar hay que recorrerla con la vista. Una vez dentro empotro un pie en la fisura y con las manos por opresión me aguanto contra las paredes laterales. Bajada lenta. Por suerte a mitad de la fisura hay una piedra del tamaño de un puño que ofrece una presa magnífica. Faltaba sólo un par de pasos más y se acaba la fisura y la bajada fuerte. Después de un descenso tan lento nos desahogamos saltando a la desenfrenada por el pedregal. La niebla todavía tapa el panorama y perdemos altura a todo correr. Dejamos el refugio metálico atrás y no dejamos de hacerle una mirada a este símbolo de audacia de los conquistadores de la montaña. Un nevero nos lleva directamente al estanque. ¡¡Agua!! al fin agua. Hacemos las curiosas mezclas con olés, bebemos, descansamos un poco y por primera vez podemos gozar de la vista. La niebla va desapareciendo definitivamente. Este estanque está colgado por encima del precipicio y refleja tímidamente la Punta Alta que tenemos, majestuosa, delante nuestro. Y tiene, además, la misma altura que el pico que acabamos de conquistar. Guardamos la cuerda. Sacamos las capalinas y bajamos a la pleta. El descenso se hace muy largo. Comienzan a aparecer las primeras hierbas y más adelante las flores como muestra que vamos entrando en el reino de la vida y dejamos atrás el del mineral y hielo eterno. Las huellas son definidas y se reconoce ya el caminillo que baja en picado al lado del río. Contra todo pronóstico sale el Sol que nos calentará las manos y los cuerpos que empiezan ya a estar agotados. El paso de la cascada refrescadora nos lleva a la pleta del riu Malo donde las mismas vacas que nos encontramos a la ida pastan tranquilamente con su eterna impasibilidad. Nos ven pasar. Ignoran nuestras aventuras.
Los horarios de los autocares hacen que vayamos aceleradísimos. En todo el descenso hemos parado dos veces para beber a pesar de que el Sol empieza a darle fuerte. El pantano de Cavallers se nos hace muy largo. Al fin llegamos al coche. Nos tenemos que despedir de nuestra amada naturaleza.
El coche baja rápidamente por la estrecha carretera a recoger los trastos a Taüll y poder, así, cojer el coche de línea en El Pont de Suert. Allí nos despedimos de Josep Mª y de Jordi. Ellos irán a Andorra. Nosotros volvemos a casa con los medios que ofrecen el transporte público y con un tresmil más en el bolsillo.
Unas veinticuatro horas más tarde llegamos a casa, haciendo noche en Barcelona, mientras que en coche se suelen tardar unas cinco horas. Que cada uno saque las conclusiones que quiera.
P.D. El texto está pasado a máquina dos años después de escribirlo en el momento de inspiración debido a la gran aventura. Tenía 16 años. Por lo que puede parecer que le doy un tono de epopeya a lo que no pasa de ser una experiencia muy buena de montaña. En fin. Esto es un recuerdo personal como puede ser una fotografía.
© Robert C. Año 2.002

2017 - Miquel Pavón