Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: producida

Mönch (4099 m)

dot Situación: La cumbre del Mönch se sitúa entre los cantones suizos de Berna y del Valais. Es el cuarto pico más alto de los Alpes Berneses. La muralla helada de las caras norte del Eiger, el Mönch y el Jungfrau es posiblemente única en toda la región alpina.
dot Aproximación: A pesar de su imponente apariencia su proximidad a la estación del tren del Jungfrau lo convierte en el cuatromil más escalado desde este punto de partida. Antes de que existiera el tren la aproximación requería un largo día de marcha normalmente a través de las pendientes sur del Eiger.
dot Punto de partida: Grindelwald (1034 m). Situado en el Oberland bernés. Hay hoteles, pensiones, camping y un albergue juvenil. Tiene un buen acceso por tren y autobús. Está a 20 Km de Interlaken.
dot Foto: El Mönch visto desde el Jungfrau. Podemos ver el Nollen en el perfil izquierdo, la arista suroeste elevándose desde el Jungfraujoch en el centro de la foto y la ruta normal que va por la arista sureste en el perfil derecho de la montaña.
dot Ruta normal: Arista Sureste / Arista Este. PD (tramos de II). Hasta 45 grados de inclinación. Hay unas 3 horas desde el refugio Mönchjoch. Unos 450 metros de desnivel. Es una ruta corta pero presenta dificultades tanto en roca como en hielo. Hay una afilada y aérea arista de hielo cerca de la cumbre que requiere equilibrio y calma en la que a veces forma una peligrosa cornisa. Los problemas derivados de la altitud y de la mala aclimatación producida por un ascenso rápido en telesférico se pueden medio solventar pasando una noche previa a la ascensión en el refugio Mönchjoch Hut.
dot Otras rutas:
Arista Suroeste. AD- (III). Hay unas 4 horas desde Jungfraujoch. Unos 650 metros de desnivel. Terreno mixto (sobretodo roca). Como la ruta normal suele estar atestada de gente esta arista es una interesante alternativa aunque es algo más difícil que la ruta normal. Es una travesía de montaña interesante si utilizamos la ruta normal para el descenso.
Cara Sur. D+. Hasta 57 grados de inclinación. Unas 4 horas y 450 metros de desnivel desde el inicio de la pared. Ruta de hielo. Es importantísimo empezar muy temprano y después de una buena helada.
Cara Noreste. D. Hasta 57 grados de inclinación. Unas 3 horas y unos 350 metros de desnivel. Ruta glaciar. Es una ruta con un gran encanto.
Espolón Noroeste (vía Eisnollen). Hasta 66 grados de inclinación y el máximo se da en unos 10 metros, hay 55 grados de inclinación en unos 80 metros. Hay unas 7 horas desde el refugio Guggi. Unos 1300 metros de desnivel. Hay una trepada de roca de unas 2 horas hasta la punta  de 3112 metros y luego hay nieve dura y hielo. En esta ruta el paso clave es un resalte helado que se conoce con el nombre de “Nollen” y es más empinado que el “Eisnase” del Piz Scersen del grupo del Bernina.
Arista Noreste. D+ (IV un par de largos). Unas 10 horas desde el Jungfraujoch. Unos 750 metros de desnivel. Terreno mixto y roca.
Espolón de la cara Norte (ruta Lauper). D+/MD (V- un tramo). Hasta 60 grados de inclinación. Unas 13 horas desde el refugio Guggi. Unos 1000 metros de desnivel desde el inicio de la pared. Es una escalada mixta y una larga pendiente de hielo. Es una escalada muy sostenida pero bastante libre de peligros objetivos.
Cara Oeste. Hay unos 1200 metros de desnivel que dan al glaciar Guggi. Hay los couloirs Central y Faden.
Cara Noroeste. Es una de las más serias de los Alpes. La ruta más directa es tremendamente expuesta por la constante caída de piedras durante durante todo el año.
dot Refugios: refugio Mönchjock (3630 m), refugio Guggi (2792 m) y Jungfraujoch (3454 m).
dot GPS (WGS84): 32T 423339 5155645.
dot Mapas: Grindelwald (núm. 1229) y Finsteraarhorn (núm. 1249). Suisstopo escala 1/25000.

Alpinistas versus drogadictos

¿Es posible que realmente exista una estrecha relación entre el estado en que uno se encuentra en el límite de la zona de la muerte y la embriaguez producida por las drogas? Hay científicos, como por ejemplo el profesor Solomon Snyder de la universidad John-Hopkins de Baltimore, USA, que afirman que el sistema nervioso de las personas expuestas a situaciones límite produce unas sustancias similares a la morfina que amortiguan el dolor y provocan alucinaciones y sentimientos de felicidad.
Estos opiáceos que produce nuestro cerebro para sí mismo también provocarían la adicción. ¿Es por tanto el alpinismo una suerte de adicción a causa de que su práctica hace sintetizar a las personas unas sustancias equiparables a las drogas? ¿Serían impensables estas “subidas” naturales sin los opiáceos que produce el cuerpo? No lo sé. Sólo sé por propia experiencia que los que buscan el peligro vuelven a escalar montañas una y otra vez como si se encontraran en un estado de adicción física, y que muchos necesitan emprender recorridos aún más difíciles – unas dosis mayores por lo tanto.
Ya que los adictos a las drogas pueden tener realmente experiencias similares a las de los escaladores a gran altitud – salir fuera del propio yo, ruidos parecidos a la música, ausencia de cualquier temor – la anterior teoría queda reforzada. Pero también la falta de oxígeno y el exceso de dióxido de carbono pueden producir apariciones visionarias de ese tipo.
Todas esas explicaciones ya se trate de algo “manufacturado” por la Naturaleza – incremento en la producción de hormonas como reacción ante una situación límite, síntesis de opiáceos en el propio cuerpo para amortiguar el dolor o para incrementar el placer – o únicamente de “alucinaciones”, desde mi punto de vista no son suficientes para equiparar el “high natural” con el artificial. Creo que entre estos dos tipos de experiencias existen diferencias fundamentales. No se trata sólo de que el “high natural” no requiera el empleo de sustancias destructivas, sino que éste produce siempre un efecto liberador que amplía la consciencia. Por el contrario, en el caso de la embriaguez inducida por medio de drogas, se busca un asalto inmediato al subconsciente, y el despertar, si es que éste llega a producirse, resulta mucho más deprimente y la alineación es más fuerte que antes. Estos dos “highs” conducen ciertamente a otros estadios de consciencia, y en este sentido la experiencia de la zona de la muerte es, al igual que la iluminación por medio de las drogas, una puerta abierta a otras realidades. A los adictos a las drogas no se les puede apartar de ello agitando ante sus ojos el peligro de muerte que les amenaza. ¿Puede decirse lo mismo de los alpinistas?
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte”.

Sensaciones en una caída mortal

La gran mayoría de los accidentados – aproximadamente el 95% – manifiestan, independientemente de su grado de formación, las mismas impresiones, percibidas sólo de una forma ligeramente diferente. La muerte producida por un accidente súbito origina en casi todos el mismo estado espiritual, completamente diferente al que se produce ante una causa de muerte menos repentina.
Este estado puede caracterizarse brevemente de la siguiente manera:
No se siente ningún dolor, tampoco un miedo paralizante, tal y como puede aparecer en el caso de un peligro menor (incendios, etc). Ningún miedo, ni el menor rastro de desesperación, ningún sufrimiento, más bien una seriedad reposada, una profunda resignación, una controlada seguridad y agudeza espiritual. La actividad intelectual es enorme, multiplicándose por cien la intensidad y velocidad del proceso. Las circunstancias tales como la eventualidad de una escapatoria se contemplan con absoluta objetividad, de ningún modo se cae en la confusión. el tiempo parece dilatarse. Se actúa con una velocidad fulgurante y se toman las decisiones correctas. En muchos casos, a continuación se produce una visión súbita del propio pasado en su totalidad. Por último, el que sufre una caída escucha con frecuencia una música agradable para caer a continuación en un cielo azul tachonado de nubecillas rosas. Entonces se extingue la consciencia sin dolor – habitualmente en el momento del impacto, el cual puede oirse, pero nunca ocasionar dolor. Probablemente el oído sea el último de los sentidos en desaparecer.
Albert HEIM en “Notas sobre la muerte por caída mortal” (1892). 

2017 - Miquel Pavón