Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: remolino

Después del panching hacemos rafting (tercera parte)

12 de agosto del 2011.
Pensando qué hacer para celebrar mi 50 aniversario propuse a la familia hacer un rafting. Lo que no sé exactamente si fue por la celebración, por pasar el calor de los días veraniegos o el atractivo que tiene esta aventura sin igual el caso es que nos animamos bien pronto un buen grupo. Dicho y hecho. Con los nervios que produce semejante aventura nos vemos enseguida con las manos en la masa. Mejor dicho, con el casco puesto ……
Primero nos aleccionan sobre lo que nos va a costar si perdemos un remo …. 20 euros !!!! y luego nos explican que si uno se cae al agua no hay que gritarte ….. pringuiiii !!!! sino que hay que darle con el remo en todo el cocoroto por haberse caído al agua ….. eso sí ….. sin perder el remo porque nos va a costar la friolera de 20 euros …..
Así que sin perder ojo al remo agarramos el barquito y nos encaminamos al río convencidos que el agua no estará muy fría.
Aqua-morituri os salutant !!!! 😉
Y uno se pregunta ….. ¿por qué hay que remar? Total …. el agua ya te empuja hacia abajo ¿no? seguramente es para tener bien vigilado el remo claro ….. y es que vale una pasta si lo pierdes …..
Pero pronto aprendemos que se rema para dirigir un poco la barca por los rápidos aunque la coordinación no es nuestro fuerte al principio …..
En esta foto demostramos como todos tenemos nuestro remo y no lo hemos perdido …..
Quedamos encallados en un remolino que hacía el agua y le tenemos que dar algo contracorriente para salir del atolladero …..
Pero los que nos vienen detrás van tan embalados que le dan a la roca de la orilla y con un intento a la desesperada para no darse con nosotros hacen un giro brusco para no darse con nosotros ….. tanto es así que están a punto de volcar …..
Pero como quedarse a medias no es plato de buen agrado para nadie decidimos darles un pequeño empujoncito con el remo para que acabaran de volcar …..
Pero claro …. hay un dicho popular que dice ….. cuando veas las barbas del vecino cortar ….. pon las tuyas a remojar …..
Haciendo caso omiso al refranero nos las dábamos de muy seguros y desconfiados …..
Y el cachondeo acabó como tenía que terminar ….. y es que ya se veía que acabaríamos al agua !!!! La mitad de la tripulación se refrescó bien ….. pero que bien …..
Después de unos cuantos rápidos y de no pocas peripecias llegamos exultantes a buen puerto …..
Aunque las bromas no habían terminado ….. porque alguien cayó al agua empujado …. eso sí ….. de buen rollito !!!!! 😉
Al final del recorrido, ya pisando tierra firme, se oye preguntar ….. ¿papá repetimos? ….. y la cara del padre lo dice todo mientras exclamaaaaa ….. eiinnnnn !!!!!!
Remeros: Kike, Guillem, Martí, Nacho, Laura, Marta, Néstor y Miquel J.
Timonel: Juanma de Éseraventura.
Ver artículos relacionados:

Grà de Fajol ventolado

Una excursión realizada el 5 de diciembre de 1976.
Diciembre ha comenzado con nevadas y rachas de viento. Un viento que hace revivir nuestras ansias de alturas y como un remolino hace renacer nuestros proyectos. Cadí, Monastero, Montserrat, Monteixo, … todos ellos escapan corriendo de nuestras mentes cuando anuncian que el fantasma de la nieve y del esquí hacen su aparición en las pistas del Pirineo. Es entonces cuando nos conformamos con lo que está más cerca aunque la notícia de la muerte de nuestro entrañable amigo Joaquím Ribas nos hace dudar un momento: la Coma d’Orri ofrece más seguridad.
Las máquinas también se estropean: a los de Palafrugell se les ha estropeado el coche y se atrasan una hora y media. Dormimos en Sant Pau de Seguries. El fogón se enciende y apaga a pesar de que lo venteamos con la mano. Las aceitunas son deliciosas, la sopa nos pone a buena temperatura, la tortilla de espinacas nos fortalece el corazón (Nota del traductor: al igual que al Popeye) y la leche que está de “coña” (llena) nos hace ver las estrellas, … “¡ai làs!”.
Cerca de la estufa comentamos el trabajo salvavidas que los montañeros a menudo tienen que acometer y que los compañeros presentes tuvieron que realizar hace quince días en el Pedraforca: es el interés desinteresado que frecuentemente se pone como virtud del montañero. Un amor espontáneo y natural de esta gran familia que vive en la gran casa que es la montaña y que la frecuenta para vivir una vida más alegre y más segura a la vez que la sabe exponer por un compañero de cuerda. Al igual que dar sangre es vida, dar la mano, la cuerda o un azúcar también lo es y nunca nos hemos de arrepentir. (Nota del traductor: ¡Por cierto! ¿Quien me da azúcar para esta leche tan rica? je!je!je!).
Nos dormimos con la música puesta. El despertador palafrugellense no suena y nos despertamos una hora más tarde de lo previsto, a las siete y cuarto. El agua de los coches está helada y los cristales son como un cubito de hielo. No tardamos en ver la nieve. Subimos con el coche hasta el Pla de la Molina y en el lugar donde los coches ponen las cadenas nosotros lo giramos. Nos ponemos los crampones pero pronto nos los tenemos que quitar. Hay nieve polvo y los árboles a menudo dejan caer alguno que otro copo de nieve. El viento ya empieza a soplar la nieve de las cumbres.

A las diez y media pasamos por el Orri que ha dado el nombre del valle y la nariz de Miquel ya huele a nieve. Seguimos el lomo que sube por el centro del valle calzándonos de nuevo los crampones y atándonos a la cuerda.
En seguida la nieve vuelve a estar blanda y la subida se hace más pesada. Llegando a la Coma d’Orri (el collado) unos remolinos producidos por el viento (el torb) nos quieren hacer volar pero las palabras de ánimos de PK de que no son contínuos sino que llegan a intervalos de tres minutos nos animan a seguir. Pero antes nos comemos una naranja que siempre ayuda a remojar los pulmones y hacer trabajar al estómago con el objeto de que no se encoja ni se congele por inactividad. El viento va soplando y conviene tener una cara muy dura para pararlo. Nos damos cuenta que somos los únicos desgraciados que navegan (Nota del traductor: y no precisamente por Internet en estos momentos) por estos lares aunque parece que hay otros que bajan del Bastiments. En Ull de Ter se ve algunos que esquian y parece que allí tampoco hace muy buen tiempo. Donde estamos nosotros tampoco es que haya precisamente calefacción solar ya que seguramente se ha ido al vernos. Sin embargo, el rato que estamos en la cumbre del Grà de Fajol el viento está calmado y son las dos.

Las montañas no hace falta describirlas porque hablan por sí mismas. Estan todas blancas de nieve a poniente cosa que no pasa en el Costabona que sólo tiene nieve en la cresta. Comemos un poco de chocolate y almendras y nos vamos pitando.
En la bajada hay paradas por averías en las máquinas: un cordón que se desata, una nariz que se resfría, un tropiezo fortuito, un pie que le falta grasa y se enrampa por falta de líquido de frenos o simplemente por una brusca maniobra que hace detener al convoy. Después nos desencordamos y quitamos los crampones y seguimos la marcha. Antes de llegar al coche hemos de cruzar el río que le cuesta a alguien un remojón. Una señora nos pregunta cuánto falta para las pistas ya que no llevan cadenas. Y es que ir a esquiar sin las cadenas es lo mismo que no llevar los esquís. Ir a la montaña sin el equipo adecuado es exponer la vida.
En Setcases todavía hay vacas por las calles pero parece que pronto los coches las echaran fuera (Nota del traductor: es verdad hoy ya no hay ninguna fue una frase premonitoria). De Llanars salimos con el pan debajo del brazo. Para comer hay combinación de judías con lentejas y garbanzos (siplemente se ponen lo de los tres botes juntos) y resulta altamente acertado. A todo este rico potaje lo acompañaremos con el vino, la butifarra, las aceitunas y, en fin y sobretodo, con el hambre.
Datos GPS de los puntos clave de la ruta por el coll de la Marrana
Aparcamiento para ir al refugi d’Ulldeter 31T 439525.33 4697068 2087
Refugi d’Ulldeter 31T 439014 4696831.50 2239
Fuente d’Ulldeter 31T 438614.67 4696903.67 2315.67
Coll de la Marrana 31T 437767.50 4696573.50 2535
Gra de Fajol gran 31T 438210 4696382 2716
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

Si quiero ….. puedo

Collier guía al lector a través de un paisaje mental de tres niveles: la mente consciente, subconsciente y la supraconsciente.
La parte consciente de nuestra mente la consideramos como nuestro yo, pero sólo representa una pequeña parte de la mente. La gente con éxito tiene una buena relación entre esa parte y su subconsciente, a la que dirigen para crear cosas para ellos y solucionar sus problemas. La parte subconsciente del cerebro sabe cómo hacer un millón de cosas perfectamente y las hará si la dejamos. El subconsciente es moralmente neutral y muy abierto a la sugestión. Si le proporcionamos al subconsciente pensamientos e imágenes de plenitud y éxito, trabajará para convertirlos en realidad. Si le damos pensamientos negativos creará circunstancias negativas. Collier sugiere que el sentimiento que a veces tenemos de estar siendo guiados hacia cosas mejores o lejos de las malas es de hecho una función de la mente supraconsciente. Dice, que si se le pide ayuda, acudirá en breve.
Collier señala que una vez hemos conseguido un objetivo es más probable que volvamos a conseguir otro porque ahora ya lo tenemos en nuestro interior para tener éxito. En otra analogía, sugiere que cuando deseamos algo con fuerza y creemos que lo conseguiremos hace que se ponga en movimiento un remolino mental que se traga las cosas, la gente y las circunstancias necesarias para permitir su realización.
Collier implacablemente va al fondo de lo que realmente significan conceptos como voluntad, deseo y ambición y como pueden ser utilizados. Lo básico de su pensamiento es que el éxito debe verse en la vida a través de imágenes que le den fuerza. Cualquier cosa hecha en el mundo real, dice Colliet, debe verse en la vida a través de imágenes que den fuerza, es por este motivo por el que ve tan importante la visualización.
“Poca gente sabe lo que quiere” (Colliet).
Robert COLLIER en “El secreto de las edades”.

2017 - Miquel Pavón