La teoría evolutiva de Teilhard se refiere tanto a la mente como al mundo físico. Él no se conformaba con el descubrimiento de que hemos evolucionado a partir de los simios. Nuestro verdadero reto consiste en alcanzar el punto en que sepamos por qué hemos evolucionado. Los biólogos evolucionistas contemporáneos tienen muchas pruebas de que el cerebro humano no ha cambiado durante miles de años pero el simple hecho de que tengamos el mismo cerebro no significa que seamos los mismos seres. Cuando la humanidad empezó a vivir en un estado de reflexión nuestro progreso se hizo inevitable ya que no nos podíamos limitar a sobrevivir sino que se nos hizo necesario llegar a disfrutar de la supervida.
El autor consideraba su libro como un tratado científico pero estaba en contra de la especialización e hizo suya la postura paradójica por la cual la ciencia sólo podría alcanzar la mayoría de edad cuando fuera capaz de superar una visión del hombre limitada a su cuerpo físico. Para el autor la humanidad no era el centro del mundo sino el eje y el brote principal de la evolución. No se trata de colocarnos por encima de la naturaleza pero este enfoque eleva asombrosamente la complejidad y la inteligencia de nuestras búsquedas intelectuales y espirituales. Cuanto más complejos e inteligentes nos hacemos tanto menor será el influjo que el universo físico tenga sobre nosotros. El universo está recorriendo un proceso de involución de lo simple a lo cada vez más complejo y la mente humana también se desarrolla de acuerdo con esta ley.
En una conferencia que dio el autor en 1947 en la Unesco pidió protección no tanto para la autonomía de los individuos sino para la inefable singularidad del ser que cada uno de nosotros posee.  Esto suena muy elevado pero significa que la raza humana no progresará nunca si intentamos trascenderla. Tampoco lo hará por medio del individualismo. Sólo podremos movernos hacia delante, en cuanto raza, si cada uno de nosotros tiene la posibilidad de expresar plenamente su personalidad.
Acuñó el término noosfera que es el contraparte mental a la biosfera. Se trata de una capa invisible de pensamiento situada alrededor de la Tierra y que es la suma total de los estados mentales y espirituales de la humanidad, toda la cultura, todo el amor y todo el conocimiento. En la actualidad el influjo de cada persona desafía al tiempo y al espacio mientras que anteriormente su impacto se habría limitado a su localización física. El concepto de noosfera ha alcanzado claramente la mayoría de edad en la sociedad de las redes por tener una enorme influencia sobre los teóricos de la informática y de Internet. Este concepto también fue anterior al de Gaia, de James Lovelock, por el cual entendemos el planeta como un organismo viviente. El autor indica que en la medida en que la humanidad se hacía más reflexiva, más capaz de comprender su lugar en el espacio y en el tiempo, su evolución empezaría a moverse por grandes saltos y abandonaría la lenta escalada a la que nos tiene acostumbrados. En lugar del ritmo glacial de la selección natural física aparecería un refinamiento de ideas sumamente cargado de energía que acabaría por liberarnos completamente de la dimensión física. Nos moveríamos imparables hacia una existencia nueva en la que todos los potenciales serían realizados, Teilhard le dio el nombre de punto Omega.
Pierre TEILHARD de CHARDIN en “El fenómeno humano”.

 

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