Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: colores

Tuca de las Culebras (3062 m)

dot  Foto: Vista desde el valle de Vallhibierna. Foto realizada a mediados del mes de julio del año 1.975.
Culebras
dot Situación: Es un tresmil del Pirineo aragonés (España) que forma un pequeño grupo separado y al sur del gran macizo del Aneto. Está en la comarca de la Ribagorça.
dot Aproximación: El acceso por su vertiente sur es por Castanesa. El acceso por su vertiente este es por el valle de Llauset del término municipal de Bono. Y el acceso por el norte y por el oeste es por el valle de Llosás del término municipal de Benasque.
dot  Fotos: Vistas desde el valle de Vallhibierna pero más recientes o sea en colores jejeje!.
Culebras
dot Ruta normal:
Vertiente sur (collado de Llauset). F (I). La ruta sale del estany de Llauset (2105 m) y una vez se ha bordeado la totalidad del estany hay que continuar por el valle de la izquierda hasta llegar al collado de Llauset (2835 m). Se continua luego por la cresta siguiendo el itinerario bien mojonado hasta la cumbre sin dificultades técnicas. Son unos 900 metros de desnivel que se pueden hacer en algo menos de cuatro horas.
dot Otras rutas:
Vertiente oeste (collado de Culebras). F (I). La ruta sale del refugio de pescadores de Vallibierna (1977 m) y se remonta el valle de Llosás hasta llegar a un punto en el que el valle se divide en dos. Hay que decantarse por el de la derecha que conduce al collado de Culebras (2795 m). La subida al collado es por una zona con la piedra muy descompuesta y rota. Hay que tener precaución porque los deslizamientos son constantes. Una vez en el collado se sube por la cresta que va a la izquierda y que está bien señalizada con mojones. La cresta no tiene dificultades técnicas importantes. Son unos 1000 metros de desnivel que se pueden hacer en unas cuatro horas.
Culebras
Arista NW (Cresta de las Culebras). PD (II+). La cresta sale del valle de Llosás y se accede a ella por unas placas grises de piedra calcárea. Hay que buscarse un poco la vida por las losas que son relativamente fáciles y variadas. La cresta se hace un poco a ojímetro porque en general es un poco por donde el sentido común nos marca subir. Son unos 1000 metros de desnivel que se pueden hacer en algo menos de cuatro horas. 
 GPS (WGS84): 31T 294530 4728681.
dot Mapas: Aneto y Maladeta editorial Alpina a escala 1/25000 y Aneto-Posets-Maladeta IGN Rando a escala 1/50000.
 Foto: Vista de la vertiente sur del macizo del Pico de Vallhibierna (3067 m) y de la Tuca de las Culebras (3062 m) desde el Tuc de La Castanesa. Foto realizada a finales del mes de junio del año 2.001.

Culebras

  Foto: Vista de la vertiente este del macizo del Pico de Vallhibierna (3067 m) y de la Tuca de las Culebras (3062 m) desde el valle de Llauset. Foto realizada a mediados del mes de agosto del año 2.001.

Culebras
Culebras

  Paso del Caballo: Es una estrecha arista de roca calcárea y bastante pulida que une las cumbres del Pico Culebras y el Vallibierna. Está catalogado de dificultad IV aunque podría ser algo menos. Aparte de la dificultad técnica en sí tiene el aliciente añadido de tener un buen precipicio a lado y lado que te asegura una defunción rápida en el caso de caer. Hay varias formas de pasarlo. La clásica es a caballo, es decir, sentándose en la cresta con pierna y mano a cada lado y superar el paso a base de saltitos. La valiente es pasarlo de pie en plan equilibrista y doy fe que he visto con mis propios ojos hacerlo. El sistema dulfer o bavaresa sería ir con el cuerpo por el lado que se ve en la foto pasando los pies en plan aderencia y aprovechar la grieta visible de la foto mientras se sujeta el cuerpo con las manos en la misma arista. 
 Foto: Vista y vídeo del famoso Paso del Caballo que comunica los dos tresmiles el Pico de Vallhibierna (3067 m) y la Tuca de las Culebras (3062 m). Foto realizada a mediados del mes de julio del año 1975.

Andorra en los pies

23 de mayo de 1.976.
Otra semana de aquellas extrañas: tiempo variable, calor, lluvia, nerviosismo, clima excitado. Es cuando uno tiene más ganas de ir a oir el viento y disfrutar de las alturas de nuestra tierra que los hombres a menudo no la tratan con el respeto que se merece. Decidimos salir: Peguera, Monastero, Tossal Bovinar … Aneto en un momento de inspiración. Un día clarísimo y soleado que ya alegra y da vida justo verlo por la ventana. Ayer al mediodía empezó a soplar un ligero viento que fue dispersando las nubes. Hoy reunión de profesores, despistes del oficio, retrasos. Miguel gana el récord de tiempo en ir de su casa al colegio. Joan ayer hacía mover los pies encima de los pedales olvidando muertos recientes y acompañados en mi sentimiento que han manchado de sangre la carretera pero conviene ponerse en forma.
A las doce y media salimos de Girona. Pasando bajo la Mare de Déu del Mont planeamos una salida para el jueves próximo. Pasamos por Capsacosta y en una hora y cuarenta minutos llegamos a Ribes de Freser: otro récord. El Puigmal todavía está enblanquecido y el hambre también habla a nuestros estómagos de igual forma que estos dias han hablado estos valles en contra de las máquinas y los intereses que se las quieren comer. Compramos una cassete y pilas al mismo tiempo que llenamos la bota con vino tarragonés. Por cierto que si el otro día nos la dejábamos en la cantina de Ribes hoy parece querer dejar alguna gota: también tiene hambre o sed. Deberá querer que la llenemos más a menudo.
A las tres menos cuarto salimos de Ribes y a las tres y media estamos en Bellver. La Molina está desierta. Escuchando “Tormenta” pensamos en lo adecuado que sería ponerla como música de la película del campamento del verano pasado. En la Masella hemos de retroceder un poco ya que una barrera corta la carretera que conduce a Alp. Nos vemos obligados a hacer un pequeño rodeo y menos mal que el paisaje y la música nos hacen olvidar las penalidades y la nieve nos alegra y dirije nuestra mirada hacia arriba y por encima de las fronteras que los hombres hemos trazado con nuestro afán de dominios.
En Martinet decidimos, condicionados por el tiempo, ir hacia Aransà en vez de ir a Espot. Por entre los árboles, que ensombrecen la carretera por uno y otro lado, enfrente contemplamos la serralada del Cadí con sus canales aún cubiertas de nieve con un maravilloso contraste de colores. Llegamos a Aransà cuando aún no son las cuatro y media. Ya no queda mucha nieve por las cumbres. La gente del hostal “Pas de la Pera” nos dicen que podemos subir en coche casi hasta el refugi dels Estanys de la Pera. La carretera está pasable. En un prado hay unos cuantos caballos. En el refugio, que hay a medio camino, hay una pareja de guardias civiles que no tienen humor ni de hacernos un gesto para que paremos. Así que nosotros seguimos hacia arriba sin pararnos pensando que hay que alegrarse tanto de las penas como de las glorias y que las manzanas agrias no apetecen a nadie. Antes de empezar las últimas curvas bajamos PK y yo y subimos caminando hacia el refugio. El particular está cerrado porque el guarda está en Barcelona. En el libre hay lugar justo para los cuatro.
No hace nada de frío. Después de ir a buscar las cosas al coche calentamos la sopa y hacemos la cena en una de las mesas de piedra que se encuentran delante del refugio. Todavía no hemos terminado de cenar que llega un Land-Rover con cuatro guardias civiles equipados con ametralladoras, pistolas y radio-trasmisores y nos hacen un rápido despliegue policial. Una vez entendemos que hablando no se entiende la gente los convidamos a vino tarragonés. Piensan que somos buena gente aunque no se fian del todo. Al fin y al cabo tenemos la frontera a cuatro pasos (veinte minutos a pie) y cuesta poco cruzarla. Finalmente se van recomendándonos encarecidamente que mañana al bajar los visitemos. Encendemos el fuego, calentamos la leche con el poco butano que nos queda y hacemos una tertulia alrededor del fuego: escándalos, sinvergüenzas, gente con nariz, enseñanza, música para poner a la película, tema de la película, idea de proyectarla a los familiares, etc. Fuera del refugio vemos un valle estrellado de lado a lado: el carro, el carrito, la polar y un ligero vientecito. Son poco más de las once cuando nos vamos a dormir.
A las dos se oyen voces. Abren la puerta. Quieren dormir. Son cuatro excursionistas que dicen que quieren ir al Nepal pero resulta que no saben funcionar por nuestro país.
A las seis suena el despertador. Una ligera nube tapa la zona del Cadí. Una luna en cuarto menguante ilumina el firmamento. Nos acabamos de beber la leche. A las seis y media empezamos a andar. En una hora y diez minumos nos presentamos a la Tosseta de la Caülla (2836 m). El Cadí ya se ha despejado y nos aparece majestuoso. En realidad todo el Pirineo nos aparece clarísimo: Posets, Aneto, Maladeta, Besiberris, Peguera, Pica Roja, Pica d’Estats, Monteixo, Pic de la Serrera, Pic d’Ascobes, el cercle dels Pesons, la cresta de Gargantilla, etc. Los valles de Andorra son suaves y verdes. Dejamos las mochilas y nos llegamos siguiendo la cresta hasta el Tossal Bovinar (2835 m). Antes de llegar me cae la máquina de fotografiar. Debajo el estany de Citut con el pico del mismo nombre al lado. Ahora llegamos hasta la otra cumbre del mismo tossal con tanta mala suerte que piso el pie de PK. Está todo despejado menos una especie de niebla que hay por la zona de la Molina. Regresamos atrás por el mismo camino hasta la Tosseta de Caülla. Allá hacemos una limonada completa.
Decidimos hacer toda la cresta que desde el lugar en el que estamos llega hasta el coll de Vista. No tiene ninguna dificultad. Por el lado andorrano bajan largas e inclinadas losas de piedra. El piolet estorba más que ser de alguna utilidad. La recortada cresta con la nieve del cercle de Pessons debajo hacen un buen contraste. Suben coches por la pista de los estanys de la Pera medio congelados pero aquí arriba la paz es inmensa y el viento no es nada frío. Ahora parece que Andorra la Vella y Les Escaldes están más cerca. Estamos en la frontera. Si no fuera por los palos que nos vamos encontrando de vez en cuando no nos acordaríamos que a un lado y a otro tenemos la misma historia y este vínculo no se romperá nunca si no es por el orgullo de los hombres. Bajamos al refugio. Hemos culminado doce cumbres y ahora bajamos hacia nuestra tierra. Hacia los valles oscuros de la tierra baja. Llegamos al refugio a las doce y media. Comemos en Aransà. Cuando pasamos por la collada de Tosses recordamos tempestades pasadas con fortuna y la prudencia que hay que tener si se quiere ir por las montañas y los valles en la aventura diaria de la vida. Pasamos por Vallfogona y antes de las siete llegamos a Banyoles.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

Como un chamán

Bly hace una gran distinción entre el hombre salvaje y el bruto. Este último destroza su entorno, abusa de las mujeres y vuelca sobre el mundo su desesperación interior llena de desconfianza y de odio hacia los demás. El hombre salvaje, en cambio, ha sido preparado y sabe cuáles son los puntos que más hieren por este motivo, se parece más a un sacerdote zen o a un chamán que a un salvaje. El hombre salvaje es la mejor expresión de la masculinidad mientras que el bruto representa la peor. Bly piensa que la moderna manera de pensar acerca de la armonía y de una mayor concienciación representa una peligrosa atracción para los hombres más ingenuos. La mitología nos llama a vivir la vida plenamente, con sangre y lágrimas. La manera de realizarnos plenamente consiste en centrarnos en una sola cosa preciosa ya sea una idea, una persona, una historia o una pregunta y tomar la decisión de seguirla a toda costa es la señal de la madurez. Cuando tomamos una decisión clara el rey que tenemos dentro despierta y por fin sacamos a la luz todos nuestros poderes.
Si la energía del guerrero no es honorada y encauzada acaba expresándose mediante peleas de pandillas, violencia de género, pedofilia y sentimientos de vergüenza. Bien utilizada, en cambio, puede convertirse en una fuente de deleite para todos.
Hasta los veinte y los treinta años un hombre puede mariposear ya que en su imaginación nada le puede retener. Pero, para que un hombre se vuelva cabal tiene que haber algo que le desgarre, una herida que le permita el acceso a su alma. Bly dice que el contacto con el dolor y la pena es tan vital para la potencialidad del hombre como lo sería la capacidad de volar en el aire.
En Iron John, el príncipe disfrazado de caballero monta un caballo rojo, luego uno blanco y al final uno negro. Estos colores tienen una progresión simbólica y lógica con relación a la vida de un hombre. El color rojo de las emociones y la sexualidad desenfrenadas típicas de la adolescencia, el blanco del trabajo y el vivir dentro de la ley, y el color negro de la madurez en la que la compasión y la humanidad tienen la posibilidad de florecer. Bly cuenta que Lincoln en los últimos años de su mandato presidencial iba siempre vestido de negro. Había vivido muchas cosas. Ya no estaba dominado por sus emociones (rojo) ni por los principios externos o las leyes (blanco) así que dejó de hacer reproches y desarrolló un sentido del humor brillante y filosófico. Podemos reconocer a un hombre que ha empezado a dirigirse hacia el color negro porque nos inspira verdadera confianza. Ya no muestra rincones oscuros porque ha incorporado plenamente a su sombra.
Robert BLY en “Iron John”.

 

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2017 - Miquel Pavón