A más de un@ le puede sorprender que se incluya comentarios de libros de autoayuda en un blog muy dedicado a la montaña. Parece que son dos cosas que no tengan casi nada que ver. Pero no. Sí tienen bastante relación. Pienso que practicar montañismo de forma habitual proporciona una alta confianza en uno mismo y un aumento significativo de la autoestima. Es algo que parece como irreal por inconexo. Pensemos que el montañero se propone pequeñas metas: subir este fin de semana a tal cumbre. Bien. El hecho continuado de conseguir objetivos o aprender de los fracasos, que los hay, es la mejor forma para ir formando el carácter. Y, como consecuencia de ello, mejoraremos en el día a día. A ello, hay que añadirle que en la práctica de cualquier deporte se oxigena el cuerpo y la mente. O se crea adrenalina de forma natural que nos va a ayudar a enfrentarnos con los problemas con una visión más optimista. Por útltimo, y no menos importante, el estar rodeados de paisajes espectaculares, ambientes naturales o estar largas horas con un ritmo que facilite que se piense y reflexione acaba por afectar a cualquiera y que se reconozca que hay un antes y un después de cada experiencia alpina.
David D. BURNS en “Sentirse bien: una nueva fórmula contra las depresiones”, ver artículo: Fórmula contra las depresiones.
Ellen J. LANGER en “La mente creativa: perspectivas sobre el envejecimiento, la memoria y la salud”, ver artículo: Recobra el control de tu pensamiento.
Thomas MOORE en “El cuidado del alma: una guía para cultivar la profundidad y lo sagrado en la vida de cada día”, ver artículo: Llena tu vacío llenando tu vida de alma.
Desde que, hace diez años, mi maestra me introduzco en el mundo de la espiritualidad, percibo los paisajes de un modo muy distinto, siento sus energías telúricas. Sobre todo las montañas se han vuelto importantes para mí. En ellas me curo, me repongo de la mugre y la suciedad de la gran ciudad, dejo que las energías positivas penetren en mí. Por este motivo varias veces al año viajo a Oberstdorf, donde puedo hospedarme en casa de una amiga y en más de una ocasión he guardado allí alguna casa.
En las montañas hay muchas cosas que actúan sobre mí, tranquilizándome y devolviéndome el equilibrio. La vegetación, la fauna, los ríos, el viento, el Sol. Cuánto tiempo ha pasado desde que iba allí con mis inquietudes y no podía soportar esa paz reinante. Todavía me veo ante una manada de vacas, que pastaban con fruición en el apetitoso prado. «¿Cómo podéis soportar esta vida tan monótona?», preguntaba, «¿no os dais cuenta de lo limitadas que vivís?». Las interpeladas seguían paciendo incansablemente, lo que no podía censurar. Hoy he llegado a un punto en que podría tenderme junto a ellas, sumida en el sentimiento gozoso que proporciona la paz interior que ya sólo ocasionalmente logra perturbar una inquietud progresiva.
Aquel que esté cansado de vivir debería emprender una aventura seria en las montañas. Primero atravesar la suave y conciliadora soledad de los valles, para luego, ante la grandeza intemporal de este mundo, percatarse de lo pequeño que resulta su yo y de lo inapreciables que son sus preocupaciones y padecimientos. Entonces habrá de hollar la vía realmente peligrosa: sorprendido, experimentará por sí mismo cómo ante la violencia del viento tormentoso le asaltan de nuevo las ganas de vivir. Cómo lucha y se defiende, cómo moviliza continuamente nuevas tropas de refresco para sus fuerzas físicas y espirituales, sólo para no morir. El alpinista deportivo es el polo opuesto del suicida.