Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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Hacia un alpinismo del ser …..

¿Qué es lo que tiene que cambiar en el alpinismo para que pasemos del “alpinismo de conquista” del siglo pasado al “alpinismo del ser” del futuro?
En primer lugar tenemos que librarnos de la cumbre entendida como una posibilidad de posesión.
Esta puede ser como mucho el punto final. En tanto que prevalezca la opinión de que una montaña puede ser vencida, de que una cumbre puede ser adquirida, poseída de alguna manera al escalarla, seguiremos completamente atrapados en la fase de conquista del alpinismo y seremos esclavos de las cumbres. El Matterhorn ….. “Ya está hecho, listo”. Así habla el conquistador que vive de los resultados palpables y no de las vivencias.
Pero tampoco podemos esperar que las montañas nos proporcionen el sentido de nuestra existencia.
Partiendo de esta base, el alpinismo alberga muchos estímulos capaces de hacernos personas conscientes de nuestra existencia: la obligación de ser uno mismo aquí y ahora, el despertar del yo subconsciente de la zona fronteriza y el reconocimiento de las propias limitaciones. Sólo la aceptación de que nada ni nadie excepto yo mismo le da sentido a mi vida, el reconocimiento de este vacío por lo tanto, es lo que me permite desarrollar una actividad libre. Y a este respecto yo entiendo mucho más la libertad como una oportunidad de ser yo mismo que como la posibilidad de hacer o dejar de hacer lo que quiera. El desarrollo de mi propia personalidad y la de mis semejantes se convierte en la meta de la existencia, de la vida y de todo lo que comporta. Quien ha aprendido a vivir y por lo tanto se ha visto confrontado con su propia nada, no puede matar a nadie. Para él son secundarios el poder, las cosas materiales, los ídolos y las ideologías. Su confianza en sí mismo, la consciencia de su propia identidad y con ella, también su seguridad, descansan sobre su creencia de lo que realmente es y puede hacer. Su capacidad para el pensamiento crítico no sólo se desarrolla a partir de la vida que le ha sido dada, también a partir de la muerte.
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte”.

Todos los Santos de 1978: la excursión de los Juanes, Caouarere y Culfreda

Una excursión realizada el 4 de noviembre de 1978.
Son las nueve menos cuarto cuando nos encontramos en la calle con la mochila en la espalda cuatro Juanes para hacer con otros seis compañeros más una excursión. Vamos llenando los coches y salimos a eso de las nueve y diez.
Una niebla bastante espesa nos acompaña hasta Martorell y luego se vuelve a reenganchar, ahora de humo y de gases de mal olor, entre Mollet y Sabadell. En El Vendrell tenemos que esperar que pase el tren y aún y así llegamos a Calafell más pronto de lo que la madre de PK se esperaba. Muntaner también tiene ganas de ir a Torredembarra a ver a sus padres. A pesar de lo ocupados que estan los demás lo pasamos con vinillo, almendras, avellanas, sugus y pan de la casa. Salimos de Calafell a eso de las cuatro menos cuarto y llegamos a Plan pasadas las ocho de la tarde. Es de noche y hemos hecho 531 kilómetros. Hace frío. Nuestra primera reacción es ponernos el jersey y entrar en el bar del lado de la carretera. Dentro, la estufa de leña y los hombres quemados por el Sol jugando a cartas dan un tono familiar al ambiente. Pedimos comer los bocadillos que llevamos y nos sirven el resto muy amablemente. Mientras los compañeros cenan PK y Gerald hacen una primera prospección del pueblo y se encuentran con dos gratas sorpresas: una viejecilla que con toda la amabilidad nos acompaña hasta el Hostal y la casualidad de oír por la tele, y de forma muy repetida, el nombre de San Juan de Plan mientras estamos bebiendo en la barra. Resulta que emiten el programa “Raíces” dedicado a los bailes y delicados útiles de trabajo de artesanía -como podrían ser los calcetines de lana, mantas, tapetes, etc- que tan bien se han conservado en este pueblecito tan alejado de la civilización y acostumbrado a sufrir las inclemencias meteorológicas más duras superándolas con los medios materiales que están a su mano. Con un acompañamiento tan gustoso la abundante ración de sopa y las costillas se comen con más deleite. Los que se han quedado en el bar de abajo todavía lo viven más intensamente puesto que algunos hombres que estan a su lado aparecen en el programa o son parientes de los que estan saliendo.
Enbobados con este espectáculo plantamos las tiendas en la chopera del lado del río Cinqueta. Una nube con forma de cabeza que se deja caer con forma de gotas frías lo humedece todo pero la tienda la repele en una noche en la que el sueño no es ni muy profundo ni muy relajador. Lo que sí nos relaja un poco, aunque nos hace pensar, es el juego de adivinar las montañas a partir de las cifras de sus alturas. Luego el juego va derivando poco a poco a montañas que llevan nombres de montañeros y, como no, montañas que llevan nombre de montañeras … Antes de dormirnos Braxman nos relata ampliamente las sensaciones que uno tiene cuando escala una pared y resulta que ves claramente que te has desviado de la ruta correcta.
El viernes nos levantamos a las ocho. Hace fresco y no hay nubes. Mientras, el Sol va enseñando la cara detrás del Puig Alfar y va calentando las casas más altas del pueblo. mientras vamos desayunando lo presenciamos todo. Un espectáculo vivo y rítmico de un despertar y salida de las personas y animales del pueblo: pequeños grupos de vacas grises con sus respectivos terneros, cabras, mulas y burros acompañados de sus pastores y pastoras de piel quemada y arrugada con perros de todas las medidas y pelajes más variados desfilando a pasos acompasados por el camino del río. También pasa, camino del Monte de Plan, un Land Rover que carga a los bosquetanos del pueblo. Y un hombre que ya ha hecho el trabajo puesto que los dos mulos que lo siguen llevan unos grandes fardos de leña para el fuego.
Ya es mediodía cuando emprendemos, en coche, el camino de Viadós. Está asfaltado hasta San Juan de Plan y el brancal que lleva hacia Gistaín. El pueblo se encuentra a 1400 metros de altura en el lado soleado de la montaña con torres de diversas casas señoriales y de un campanario que sobresale por encima del resto de los tejados. Baja por un camino de piedras un mulo que lleva las alforjas llenas de mierda hacia los próximos desnivelados campos. Es con este paisaje que uno entiende lo que significa la supervivencia y la utilidad de los múltiples animales en estos lugares. En la entrada del pueblo un hombre menos corpulento pero no menos amable de los que habíamos conocido antes nos dice que el refugio de Tabernés está abierto, que hay muchas vacas en Viadós, que la carretera es buena pero con bastantes piedras a las que habrá que subirse con las ruedas con el objetivo de no rebentar el cárter -como ya han hecho algunos-, que están haciendo muchas pistas por la zona de Plan y que desde aquí mismo arranca una con el objeto de llegar a Bielsa, que no quedan nunca incomunicados, que nos les hace miedo que se les ponga un metro de nieve en la puerta, y … etc. etc. etc.
Una vez estamos en el camino o pista de Viadós podemos comprobar como no se denomina así sino que se llama “senda pirenaica” que le da un aire como de maño o madrileño al igual que la torre de vigilancia que se encuentra instalada en el lado de uno de los campamentos. Un reguero de bordas o “quadras” se va extendiendo en el centro de los prados situados a lado y lado del camino. Se ven mujeres tejiendo calcetines y hombres durmiendo a la vez que guardan sus respectivos rebaños de vacas. Las pétreas y largas crestas del Posets y Las Espadas junto con las más proporcionadas de La Forqueta y de los Eristes se nos muestran soberbias y altívolas ante nuestros flipados ojos cuando llegamos a los Llanos de Viadós y empezamos a andar, menos los conductores, camino a Tabernés. Hay vacas en los prados que rodean el refugio. El Batoua, conocido en este país como Culfreda, preside majestuoso este frío valle.
Para conocer mejor el camino que tendremos que hacer mañana por la noche un grupo anda una hora hacia el Puerto de la Madera. Cuando regresa la comida-merienda-cena ya está preparada y el fuego enrojece e ilumina la fría estancia. El pastor se calienta y con un hablar rápido pero mesurado y amigal nos explica que guarda quince vacas en este terreno comunal. Por lo visto, la parte baja del valle es particular, en Gistaín hay casi ochocientas vacas, que en el invierno lo pasan muy mal para alimentar a tanta vaca y las tienen que tener dentro de las bordas, que el año pasado subió aquí un solo coche en el mes de enero, y tal y tal y tal … Nos abandona muy a su pesar … El Sol dora con sus últimos rayos la mole del Culfreda y nosotros meditamos alrededor del fuego las aventuras del Braxman entre los esquimales, las condiciones que le conducen a uno a tirar cocteles-molotov, las posibilidades de usar un piolet como arma defensiva, …
El sábado nos despertamos que son poco más de las tres de la mañana. El cielo sigue estrellado como ayer y una helada que te pone la piel de gallina cubre la tierra. Un vaso de leche chocolatada nos pone a buena temperatura.
Salimos a las cinco con pasos cortos y sólo los alargamos cuando nos llega un azote de aire frío procedente del Puerto de la Pez. A las seis y cuarto pasamos por la piedra que tiene pintado en rojo “camino del Puerto de la Madera” que está situada poco después de aquella que pone eso de “senda pirenaica”.
Empieza a clarear cuando subimos por una zona de hierba y matojos. Un gendarme de la cordillera que pasa a nuestra izquierda nos cautiva. Más tarde son las primeras luces del alba que pinta de oro viejo la falda y paredes del Culfreda y la larga cresta que desde éste desciende hacia el Puerto de la Madera. Por fin, y limitándonos a los elementos orográficos más inmediatos, ante nosotros las paredes cortadas a plomo de la Peña Blanca.
Nos paramos a desayunar -queso, chocolate, membrillo, fuet, bacon, jamón, higos, avellanas, pan, limonada, leche y litines- bajo el mismo puerto, en el lugar que nace el río, a las ocho y media. PK que hasta ahora a ido subiendo lentamente y animándose con mútua conversación con el Braxman dice que no tira y que se va a quedar en el puerto: va a ser el anuncio de un manifiesto, largo y doloroso suplicio.
Continuamos la fuerte subida por la hierba y tartera hasta el Puerto de la Madera. Llegamos en un cuarto de hora. Las penumbrosas y pálidas paredes de la Punta Fulsa tienen un aspecto muy invernal. De poniente a levante el Marboré y el Posets dominan, aunque lejanos, todo el paisaje. A medida que vamos superando la enfilada y ancha cresta del Cauarere van apareciendo detrás suyo los picos que escondía el Monte Perdido, los Astazus, el Vignemale coronado de nieve. PK y Braxman se quedan y los demás coronamos los 2901 metros a las diez y media. Casi sin pararnos y en una media hora más llegamos al Culfreda de 3034 metros sorteando las dificultades de su entretenida cresta unas veces por la vertiente española y las otras por la francesa.
Asímismo, la diferencia de color entre cada una de las vertientes es muy evidente. Por el francés los abetos remontan la ladera casi hasta nuestros pies y se descubren grandes manchas de nieve entre sus pobladas copas y se puede llegar a ver, incluso, un pueblo enblanquinado y un embalse de color sepia en medio de un general color oscuro. Por el español el único habitáculo es el refugio donde hemos dormido y todo lo demás son montañas pedregosas y afiladas, clapeadas de nieve en las paredes más resguardadas y bañadas por dos estanques inmersos en la penumbra: el de Ordiceto y los ibones de Bachimala.
Por lo que respecta a las cumbres, y en dirección E-S-W, la corta estancia en la cumbre me hace descubrir el Baliner, el Lostou, el Abeillé, el Pequeño y Gran Bachimala, la Punta del Sabre, los Gemelos, el Posets, Las Espadas, el Pavots, la Forqueta y el grupo de los Eristes, la Peña Blanca, las Tres Huelgas, la Punta Suelza, la Punta Fulsa, las montañas del cañón de Añisclo, las Tres Sorores, los Astazus y el Vignemale.
Bajamos, ahora siempre por el filo de la cresta hasta encontrarnos de nuevo con PK y el Braxman a eso de las doce del mediodía. En el descenso PK va acusando las punzadas y la asfixia producidas por la hernia de esófago. Para acabarlo de rematar no encontramos agua hasta que llegamos a la mitad del bosque. El sufrimiento moral y físico tanto de PK como de los que lo acompañamos es notable. Afortunadamente un azucarillo con nieve y después otro con agua ferruginosa le permiten hacer un gran erupto. Parece que le alivia algo y conseguir llegar fatigado al refugio a eso de las tres de la tarde sin haberse dado cuenta de nada de lo que le ha sucedido en todo este tiempo.
Comemos un poco, lo recojemos todo y nos las piramos. Los que bajan a pie se lo cojen con calma porque dicen que estan cascados pero resulta que cuando se les aparece un perro saben correr como el que más. Reencontramos al pastor de ayer y a la gente de Plan y de San Juan de Plan que regresan al pueblo con mulas cargadas de leña y burras que si no obedecen se las insulta con un clarito “burra del cojón” estrepitoso. En Plan la gente nos pregunta si hemos subido y si allí se pasa frío. En Sin nos repasan con una cara de curiosidad y extrañeza -vamos tres coches- muy inquietantes. Pero nos ofrecen la rectoría para que vayamos a dormir.
Cenamos en el comedor familiar del bar de la carretera de Plan. Nos sirven sopa, ensalada, verdura, tortilla, hígado, costillas y fruta todo por 300 pesetas mientras Braxman intenta convencernos de bajar el Fluvià con una balsa de madera hecha por nosotros mismos (Nota del traductor: como podeis claramente comprobar Braxman es, ni más ni menos, que el precursor del rafting) y PK se enrolla con lo de la universalidad de los sabadellenses. Entendemos la amabilidad con la que nos ha acogido esta gente cuando la señora del bar nos dice que tuvieron un maestro que era de Girona. Pobre hombre. ¡Qué destierro!
El domingo salimos a las siete y cuarto de Plan. Sólo encontramos un par de coches hasta La Foradada. En Arró un Sol redondo como una pelota reluciente pero que está difuminado por un cielo calichoso y que saca la nariz por encima de la montaña constituye el tema fotográfico de todos los objetivos exigentes del coche. En Barbastro acabamos las provisiones y hacemos la crónica del mercado musical.
Braxman sale el primero. No vemos por donde ha salido. Esperamos a que el semáforo se ponga verde y el urbano nos deje salir. Apretamos el acelerador a fondo y paramos en Monzón para considerar las posibles hipótesis más probables: Huesca o Lleida. Lo esperamos media hora y seguimos el camino. Paramos de nuevo en Las Balsas y esperamos infructuosamente una hora y media más. Durante este rato nos entretenemos a arreglar el reventón del Simca. Planteamos la hipótesis de que se hayan ido a Huesca y regresado por Fraga y la autopista o que simplemente se hayan ido hacia Girona sin parar. Desanimados proseguimos nuestro camino. En el área del Vallés telefoneamos y nos dicen tranquilamente que ellos ya han llegado. El hambre aprieta y les maldecimos los huesos. Cuando uno de los coches se para o se atrasa los otros siempre es esperan pero ya se sabe … la excepción confirma la regla … ¡Por algo es Braxman!
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Hacia la plena salud mental

La jerarquía de las necesidades de Maslow es un concepto famoso en psicología. Organizó las necesidades humanas en tres grandes niveles: el fisiológico (aire, comida y agua), el psicológico (seguridad, amor y autoestima) y, finalmente, la autoactualización. Su gran intuición fue que las necesidades más elevadas formaban parte de la naturaleza tanto como las elementales por ser también instintivas y biológicas. Cuando las necesidades corporales básicas están cubiertas y cuando se ha alcanzado un estado que nos sentimos queridos, respetados y disfrutamos de un sentimiento de pertenencia, también a nivel de identidad filosófica o religiosa, entonces es cuando buscamos la autoactualización. Las personas autoactualizadas han logrado el pleno uso y disfrute de sus talentos, de sus capacidades y de sus potencialidades. Estas son las personas que han tenido éxito interior, más allá de sus logros exteriores, no son perfectos en absoluto, pero tampoco tienen defectos graves.
Maslow llegó a identificar 19 características de las personas autoactualizadas:
dot Una clara percepción de la realidad.
dot Aceptación de ellos mismos y de las cosas tal y como están.
dot Espontaneidad.
dot Estar concentrados en los problemas.
dot Búsqueda de la soledad.
dot Autonomía.
dot Picos de experiencias místicas.
dot Afecto hacia los seres humanos.
dot Humildad y respeto.
dot Ética basada en nociones claras, aunque no convencionales, de lo que es bueno y lo que es malo.
dot Sentido del humor.
dot Creatividad.
dot Resistencia a ser culturalizado.
dot Imperfecciones.
dot Valores basados en una visión positiva del mundo.
Otra diferencia sutil caracteriza a estas personas. La mayoría de nosotros ve la vida como una lucha para alcanzar esto o aquello ya se trate de cosas materiales, de tener una familia o de tener una buena carrera. Los autoactualizados, en cambio, no luchan para desarrollarse. Son ambiciosos solamente en el sentido de que son capaces de expresarse más plena y cabalmente ya que disfrutan de lo que están haciendo. Otro punto general es su profunda libertad mental. A pesar de las circunstancias en las que se encuentren, y en contra de las presiones que les rodean, los autoactualizados son ejemplos vivientes del libre albedrío que es la característica más esencialmente humana.
Maslow hizo una observación muy interesante: aunque los autoactualizados comparten sus rasgos mencionados arriba y se pueden considerar como un grupo, sin embargo, son mucho más individualizados que cualquier otro grupo humano jamás estudiado. Esta es la paradoja del autoactualizado: cuantos más rasgos del listado tiene una persona tanto más probable resulta que sea única.
Abraham MASLOW en “Motivación y personalidad”.

 

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Lo bueno si breve, tres veces bueno

Es un libro bien bien cortito de leer y va en plan superconcentrado y supongo que será por el tipo de sociedad que tenemos de todo rapidez y brevedad que sus ideas han tenido una influencia incalculable. Es un libro clave para entender el actual individualismo americano y su transfondo aparece en muchos libros actuales de autoayuda. Pienso que es un gran filósofo y sabio de nuestra cultura occidental. Dice que el anhelo de satisfacer nuestro potencial ha sido siempre parte de la naturaleza humana pero hoy en día es algo que consideramos justo y posible y no ya un deseo irrealizable. Según Emerson la confianza en uno mismo es algo más que la imagen de una familia norteamericana que labra su futuro en territorios fronterizos. El autor admira la capacidad de salir adelante sin ayuda y disfrutaba mucho de la naturaleza.
Emerson creía que era cosa de necios intentar reformar y mejorar el mundo, incluso dedicándose a las buenas causas, sin haber encontrado antes nuestro propio lugar en el mundo. A este respecto, tiene la bonita cita:
“Todos los hombres se llenan la boca con la mejora de la sociedad y ningún hombre se mejora a sí mismo”.
Este es el camino que escoge la mayoría que se contenta con seguir el programa de la sociedad a cambio de una cierta posición y de unas condiciones materiales razonables. Aunque no paremos de proclamar que queremos romper todos los límites en realidad vivimos cómodamente en el conformismo. Si no pudiéramos autoexaminarnos y reconocer nuestra vocación serviríamos de bien poco. Sin consciencia nos veríamos rápidamente amoldados a los cánones de una sociedad que no se preocupa por la belleza y la libertad individuales. Pero, ¿por qué debemos preocuparnos por la libertad? Solemos contar con cosas como el sexo, el éxito en el trabajo, la comida e incluso con ir de compras para sentirnos realmente vivos. Emerson vio a través del velo de lo exterior y reconoció que son los dominios interiores los que revelan las verdaderas riquezas, la paz y el poder. La única defensa válida contra el conformismo idiotizante es descubrir y recorrer el camino de la unicidad. Nuestro deber último no es hacia nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro país sino solamente hacia aquello que estamos llamados a hacer o a ser. Demasiado a menudo el deber esconde una falta de responsabilidad en elegir un camino único.
La filosofía de Emerson está muy influída por las religiones orientales cuando comenta que la vida está llena de ilusiones y de falsos vínculos que nos impiden reunirnos con lo que es eterno e inmutable. Por medio del conocimiento de nuestros propios procesos de pensamiento podemos purificar las nieblas del autoengaño y de la falsa ilusión lo que hoy en día se llama el guión social que dirige nuestras vidas. Confiar en nosotros mismos significa no aceptar nunca las creencias de los demás sin antes comprobarlas. La manera de alcanzar la verdadera consciencia es a través del pensamiento meditativo que en lugar de encerrar el conocimiento en compartimentos aspira a abrirse para recibir la sabiduría plena e inmutable. A este conocimiento primario le llama intuición mientras que a todos los saberes posteriores los consideraba meras instrucciones. El pensamiento meditativo nos pone en contacto con las fuerzas y leyes universales nos conduce a maneras de ser y de hacer que resultan intrínsecamente correctas y exitosas.
Emerson cree que la felicidad es algo que en última instancia generamos nosotros mismos y termina ….
“Una victoria política, un aumento de las ganancias, la curación de un enfermo querido o el regreso de un amigo ausente o cualquier otro suceso favorable te levanta el espíritu y crees que se preparan días buenos para tí. Nada puede traerte la paz excepto tú mismo. Nada puede traerte la paz excepto el triunfo de los principios”.
Ralph Waldo EMERSON en “Confía en tí mismo”.

 

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2017 - Miquel Pavón