Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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Comentario de libros de autoayuda

A más de un@ le puede sorprender que se incluya comentarios de libros de autoayuda en un blog muy dedicado a la montaña. Parece que son dos cosas que no tengan casi nada que ver. Pero no. Sí tienen bastante relación. Pienso que practicar montañismo de forma habitual proporciona una alta confianza en uno mismo y un aumento significativo de la autoestima. Es algo que parece como irreal por inconexo. Pensemos que el montañero se propone pequeñas metas: subir este fin de semana a tal cumbre. Bien. El hecho continuado de conseguir objetivos o aprender de los fracasos, que los hay, es la mejor forma para ir formando el carácter. Y, como consecuencia de ello, mejoraremos en el día a día. A ello, hay que añadirle que en la práctica de cualquier deporte se oxigena el cuerpo y la mente. O se crea adrenalina de forma natural que nos va a ayudar a enfrentarnos con los problemas con una visión más optimista. Por útltimo, y no menos importante, el estar rodeados de paisajes espectaculares, ambientes naturales o estar largas horas con un ritmo que facilite que se piense y reflexione acaba por afectar a cualquiera y que se reconozca que hay un antes y un después de cada experiencia alpina.

 

la ayuda que proporciona la autoayuda te puede ayudar

 

LIBROS DE AUTOAYUDA COMENTADOS

dot Abraham MASLOW en “Motivación y personalidad”, ver artículo: Hacia la plena salud mental.
dot Alain de BOTTON en “Cómo cambiar tu vida con Proust”, ver artículo: Las esperanzas pequeñas traen gratas sorpresas.
dot Álvaro GONZÁLEZ-ALORDA, Los próximos 30 años”, ver artículo: ¿Quien tiene un amigo tiene un tesoro?.
dot Anónimo, ver artículo: Imaginación.
dot Anthony ROBBINS en “Pasos de gigante”, ver artículo: Vivir la vida que siempre has soñado.
dot BHAGAVAD-GITA, ver artículo: Deseo o propósito.
dot BOECIO en “Consolación de la filosofía”, ver artículo: ¿Qué harías si supieras que vas a morir torturado?.
dot BUDA en “El Dhammapada”, ver artículo: Camino a la ley universal del universo.
dot Carol S. PEARSON en “El héroe interior”, ver artículo: Hazte consciente de tu poder.
dot Clarissa Pinkola ESTÉS en “Mujeres que corren con los lobos”, ver artículo: Una mujer saludable se parece mucho a un lobo.
dot Claudia NOSEDA, en “Antiestrategias”, ver artículo: Provocar lo temido.
dot Dalai LAMA y Howard C. CUTLER en “El arte de la felicidad”, ver artículo: La felicidad no es ningún lujo.
dot Daniel GOLEMAN en “La inteligencia emocional”, ver artículo: Es emocionante lo de la inteligencia emocional.
dot David D. BURNS en “Sentirse bien: una nueva fórmula contra las depresiones”, ver artículo: Fórmula contra las depresiones.
dot Ellen J. LANGER en “La mente creativa: perspectivas sobre el envejecimiento, la memoria y la salud”, ver artículo: Recobra el control de tu pensamiento.
dot Florence SCOVELL  SHINN en “El juego de la vida y cómo jugarlo”, ver artículo: Las reglas de nuestra propia felicidad.
dot Guido LAMMER, ver artículo: ¿Estás cansado de vivir?.
dot Guillermo F. BATARSE, ver artículo: ¿Qué quieres?.
dot Heidemarie SCHWERMER en “Mi vida sin dinero”, ver artículo: La energía telúrica en la montaña.
dot Henry David THOREAU en Walden”, ver artículo: Asegúrate de que en tu vida tienes tiempo para pensar.
dot James ALLEN en “Cómo el hombre piensa”, ver artículo: Autocontrol.
dot James HILLMAN en “El código del alma”, ver artículo: La imagen de la persona que podemos llegar a ser.
dot John GRAY en “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, ver artículo: Sobre la guerra de sexos.
dot Louise HAY en “Usted puede sanar su vida”, ver artículo: Despoja de autoridad a los problemas.
dot M. SCOTT PECK en “Pensamientos del caminante”, ver artículo: La vida es difícil.
dot Marianne WILLIAMSON en “Regreso al amor”, ver artículo: ¿Te interesa hacer un curso de milagros?.
dot Marilyn TAM en “Cómo utilizar lo que tienes para conseguir lo que quieres”, ver artículo: El poder de la perseverancia ….
dot Martha BECK en “Encuentre su propia estrella polar”, ver artículo: Aprender a decir no.
dot Mihaly CSIKSZENTMIHALYI en “Fluir”, ver artículo: ¿Cómo ser feliz?.
dot Norman Vincent PEALE en “El poder del pensamiento positivo”, ver artículo: Logra cosas si tienes fe.
dot Paulo COELHO en “El alquimista”, ver artículo: ¿Cómo ver un presagio?.
dot Pierre TEILHARD de CHARDIN en “El fenómeno humano”, ver artículo: Aprecia y expresa tu propia unicidad.
dot PROUST, ver artículo: Soledad …..
dot Raimon SOLÀ. “Cómo ser feliz cada día. Pequeño manual de inteligencia esencial”, ver artículo: Hoy no me puedo levantar.
dot Ralph Waldo EMERSON en “Confía en tí mismo”, ver artículo: Lo bueno si breve, tres veces bueno.
dot Richard CARLSON en “No te ahogues en un vaso de agua”, ver artículo: Ideas para no ahogarse.
dot Robert BLY en “Iron John”, ver artículo: Como un chamán.
dot Samuel SMILES en “Autoayuda”, ver artículo: Conseguir cosas gracias a la voluntad.
dot Shakti GAWAIN en “Visualización creativa”, ver artículo: ¿Cómo funciona la visualización creativa?.
dot Sir Edmund HILLARY, ver artículo: Conquistar o conquistarse?.
dot Susan JEFFERS en “Aunque tengas miedo, hágalo igual”, ver artículo: La filosofía de la intrepidez.
dot Thomas MOORE en “El cuidado del alma: una guía para cultivar la profundidad y lo sagrado en la vida de cada día”, ver artículo: Llena tu vacío llenando tu vida de alma.
dot Viktor FRANKL en “El hombre en busca de sentido”, ver artículo: ¿Y si acabaras sentenciado en un campo de concentración?
dot William BRIDGES en “Dirigiendo el cambio”, ver artículo: ¿Cuándo hay que hacer la colada?. 

Hacia un alpinismo del ser …..

¿Qué es lo que tiene que cambiar en el alpinismo para que pasemos del “alpinismo de conquista” del siglo pasado al “alpinismo del ser” del futuro?
En primer lugar tenemos que librarnos de la cumbre entendida como una posibilidad de posesión.
Esta puede ser como mucho el punto final. En tanto que prevalezca la opinión de que una montaña puede ser vencida, de que una cumbre puede ser adquirida, poseída de alguna manera al escalarla, seguiremos completamente atrapados en la fase de conquista del alpinismo y seremos esclavos de las cumbres. El Matterhorn ….. “Ya está hecho, listo”. Así habla el conquistador que vive de los resultados palpables y no de las vivencias.
Pero tampoco podemos esperar que las montañas nos proporcionen el sentido de nuestra existencia.
Partiendo de esta base, el alpinismo alberga muchos estímulos capaces de hacernos personas conscientes de nuestra existencia: la obligación de ser uno mismo aquí y ahora, el despertar del yo subconsciente de la zona fronteriza y el reconocimiento de las propias limitaciones. Sólo la aceptación de que nada ni nadie excepto yo mismo le da sentido a mi vida, el reconocimiento de este vacío por lo tanto, es lo que me permite desarrollar una actividad libre. Y a este respecto yo entiendo mucho más la libertad como una oportunidad de ser yo mismo que como la posibilidad de hacer o dejar de hacer lo que quiera. El desarrollo de mi propia personalidad y la de mis semejantes se convierte en la meta de la existencia, de la vida y de todo lo que comporta. Quien ha aprendido a vivir y por lo tanto se ha visto confrontado con su propia nada, no puede matar a nadie. Para él son secundarios el poder, las cosas materiales, los ídolos y las ideologías. Su confianza en sí mismo, la consciencia de su propia identidad y con ella, también su seguridad, descansan sobre su creencia de lo que realmente es y puede hacer. Su capacidad para el pensamiento crítico no sólo se desarrolla a partir de la vida que le ha sido dada, también a partir de la muerte.
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte”.

Extrañas experiencias que se viven en la montaña

En el instante de la caída en que se es consciente de la muerte, aparece la liberación de todo miedo, toda la vida pasa ante un ojo interior, se pierde el sentido del tiempo y frecuentemente se recuerda afectivamente a la familia y a los amigos y se tiene la sensación de estar fuera del propio cuerpo.
En las experiencias límite a gran altitud también es típica la experiencia de estar observándose uno mismo. Además, en la zona de la muerte se producen ruidos extraños, alucinaciones y, frecuentemente, un sentimiento de plenitud, una capacidad de comunicarse sin tener que hablar de viva voz.
Sin embargo, todas estas “extrañas experiencias” no sólo son posibles durante la caída y en la zona de la muerte, sino que también pueden encontrarse frecuentemente en otras situaciones límite, como en tormentas, después de haber superado un pasaje difícil o vivaqueando.
Peter Habeler y yo dejamos de hablarnos mientras escalábamos en el verano de 1975 las pendientes superiores del Hidden Peak (8068 m) en el Karakorum. El esfuerzo necesario para hablar hubiese sido demasiado grande. Pero a pesar de ello, yo entendí todo lo que Peter quiso decirme. Y pude percibir su pensamiento de respuesta siempre que quise preguntarle como deberíamos seguir, frecuentemente incluso sin tener que mirarnos. Conversábamos entre nosotros sin hablar.
Arriba en la cumbre sentí una profunda paz interior, una especie de “nirvana”. Mi actitud ante la vida había cambiado considerablemente cuando estuve de vuelta en el valle. Esto mismo pude experimentarlo más intensamente en 1970 cuando me dejé caer completamente agotado al pie del Nanga Parbat en el valle de Diamir. Yo había aceptado entonces la muerte por primera vez, y esto tuvo unas consecuencias decisivas para mi existencia de ahí en adelante.
Hoy sé que el ser humano no es algo indestructible, sino mas bien un proceso, una circunstancia cambiante. Le tengo a la vida tan poco miedo como a la muerte, y quiero estar tan poco constreñido como sea posible, no saber aquello que no he vivido.
Reinhold MESSNER en “La zona de la muerte: terreno fronterizo“.

El orden de los factores no altera el producto

7 de julio del 2002.
Pocas veces he salido de excursión solo y esta vez ha sido una de ellas. Según mi madre, que aún tiene humor de leer los periódicos, en el día de hoy aparece un artículo en la prensa que dice que no hay que salir sólo a la montaña. Como a lo largo de mi vida me ha gustado sistemáticamente ir a la contra de todo lo que se supone que hay que hacer yo atiendo estas sabias indicaciones haciendo lo que no hay que hacer. La verdad es que no me lo he pasado mal dejando aparte el terrible calor que se notó ya desde las nueve de la mañana y de una acidez importante en el estómago resultado de un experimento culinario poco afortunado. Sería eso de las seis de la mañana, o algo antes, que estaba exprimiendo unos limones, cuatro para ser exactos, en mi cocina. Como ya sabía que iba a pasar mucho calor y que últimamente sufro unos ataques de sed impresionantes en la montaña no se me ocurre nada mejor que prepararme una limonada natural para combatir la futura sed. El resultado del concentrado de limón junto con una buena dosis de azúcar y una pequeña cucharadita de sal lo pongo en mi cantimplora y espero a añadirle agua a que llegue al Pirineo y recojerla de cualquier fuente o riachuelo. Otra cosa que no hay que hacer porque resulta que puedes salir contaminado … Pero como a estas alturas de mi vida ya debo estar requete-contaminado disfrutaré de una refrescante y fría bebida durante todo el día. Absorto en este pensamiento acabo de preparar la mochila y, un poco antes de las siete de la mañana, salgo por el portal. Sé que es algo antes de las siete porque la panadería que tengo delante de mi casa, aún y siendo domingo, no ha abierto sus puertas al público. Aunque tiene ya la luz abierta y, según tengo entendido, puedes intentar comprar lo que puedas necesitar si tienes un poco de paciencia después de llamar a la puerta. Y es que hoy día lo primero es el trabajo y luego la diversión. Aunque suelen ser los que acaban de divertirse los primeros clientes de los primeros que empiezan a trabajar. Pienso que quizás puedo comprarme algo de pan o algún que otro bollo pero la verdad es que voy ya desayunado y con el estómago lleno dicen que se suele comprar menos. Algo de verdad debe tener este dicho puesto que yo no compro nada y me voy al coche directamente.
Salgo de Girona cruzando una ciudad desierta. En la entrada de la ciudad no están los “Mossos” haciendo soplar al personal por lo que pienso que ya voy un poco tarde pero tanto da. Hoy no funciono al ritmo del reloj. Tengo tiempo de disfrutar de un amanecer algo sombrío porque todavía queda un cielo encapotado como continuación del mal tiempo que hizo ayer. Pienso hay que tener algo de fe en las predicciones del tiempo pero la verdad es que todos los pronósticos apuntan para el día de hoy un tiempo magnífico. ¡A ver si será verdad! La carretera me la conozco de memoria y voy más absorto en mis pensamientos que en la ruta que hay que seguir. Son algo menos de dos horas lo que hay de coche desde Girona hasta el aparcamiento de las pistas de esquí de VallTer 2000 por lo que llegaré sin ningún imprevisto remarcable a eso de las nueve menos cuarto de la mañana.
La cuestión es que voy todo el trayecto algo adormilado y se me queda en la cabeza eso del trabajar de la panadera y de un pensamiento salto a otro. Me viene a la memoria la conversación que tuve el día anterior con el director de la caja por teléfono. Resulta que me dice que termina las vacacines hoy domingo y que se ha ido a trabajar anteayer viernes. Es raro, ¿no? Debo estar muy dormido pienso yo … ¿Cómo es posible que alguien que termina unas vacaciones hoy vaya a trabajar anteayer viernes? Le van a pagar lo mismo … ¿o no? ¿Y porqué lo ha hecho? Y si lo ha hecho es porque seguramente se ha pasado unas vacaciones de “perros” pensando que le han quedado cosas importantes pendientes a la caja. Pero ¿qué cosas importantes pendientes puede tener alguien que trabaja para una caja y que cobra lo mismo tanto si la caja tiene cosas importantes pendientes como si no las tiene? ¿Será lo que me ha dicho por teléfono una cosa importante pendiente de la caja motivo suficiente para que un director de una oficina disfrute de un día menos de sus preciadas vacaciones? La verdad es que sigo conduciendo muy adormilado y la cadena de pensamientos continua … Vamos a ver … Pero si a mi me ha llamado por algo que es una estupidez. Claro que es una estupidez a mi modo de ver las cosas. Supongo que al modo de ver de una caja mi tema es importante y requiere una pronta resolución caso contrario le ejecutaremos lo que tenga hasta que se quede en calzoncillos y tal y tal … ¡Oooooossstraaasssss! En definitiva: no estoy adormecido lo que estoy es soñando porque esto es metafísicamente imposible. Algo que para mí no es importante y para otro sea cuestión de vida o muerte, más de muerte que de vida, no puede ser posible en el mundo real. Pero una vez más en esta vida estoy equivocado. Analicemos la cuestión. Resulta que me ha llamado, preocupado, amenazante, agobiado y sin un día menos de vacaciones porque en una cuenta tengo unos novecientos euros en negativo desde no sé cuantos días … ¿y qué? le respondo yo algo alucinado. ¿Eso es algo novedoso o realmente importante que merezca una llamada agonizante? me pregunto yo algo idiotizado. ¿No verdad?. Pues resulta que es algo importantísimo tanto que el mundo puede llegar a una crisis económica de índoles incalculables … ¿Veis? Nunca os ireis a dormir sin saber algo más … Os lo anuncio: voy a ser yo el responsable por deber no sé cuantos días algo más de cien mil cochinas pesetas a la caja de que se vaya esta inocente entidad a la quiebra. Y como resultado de ello no habrá podido cumplir con sus acreedores y ellos a su vez a sus otros acreedores y así hasta el infinito momento en el que el mundo va a llegar a un paro económico de gravedades irreversibles. Y todo por mi culpa. Tranquil@s. No todo está perdido … Se va a poder evitar la hecatombe económica mundial. Continuando con mi simpleza telefónica le contesto al representante legal de una caja a punto de quebrar por mis pasivos … oye … ¿y por qué no traspasas el dinero que te falta de forma tan imperiosa de alguna de las otras cuentas que tengo en tu agónica entidad y la salvamos del fiasco? ¡En fin! Miserias del mundo aparte. Ahora que estoy despierto sigo sin entenderlo. Pero a lo tonto a lo tonto ya he llegado al aparcamiento de las pistas de esquí y empiezo a ver algo de normalidad a mi alrededor. Salgo del coche y a pesar de que voy sólo oigo un agradable “bon dia” que me pone en situación.
Con las botas puestas me pongo a caminar hacia las ruinas del antiguo refugi de Ull de Ter para llenar mi cantimplora de fresca y contaminada agua para terminar de preparar mi limonada. Delante mío hay un grupo de un club excursionista que ha llegado en autobús. Lo típico. Después de bajar se oyen los consabidos consejos y recomendaciones de última hora y el guía o cabeza de grupo se las pira a toda velocidad dejando a la peña distraída a su suerte. Hay una pobre chica que ha pensado al bajar del bus que necesitaba embadurnarse con la crema para protegerse del Sol y ha necesitado rescatarla del fondo de la mochila. Para ello ha tenido que deshacerla toda en medio del aparcamiento, embadurnarse y rehacer la mochila de nuevo. Mucha tarea es esta en un mundo en el que impera la velocidad puesto que al terminar esta cadena de innumerables cosas y mira en busca de los integrantes de su club resulta que ya casi no se ven el horizonte. No tardaré en verla dentro de una hora, extenuada del esfuerzo que representa poder intentar alcanzarlos, en el coll de la Marrana planificando su abandono en lugar de disfrutar del paisaje reinante.
Al poco rato y a un paso realmente lento llego a las ruinas del antiguo refugio después de subir un par de largas cuestas herbosas. Me paro. Lleno la cantimplora de agua. La agito. La cantimplora … evidentemente … Y bebo el primer sorbo de mi refrescante limonada … ¡Agggggggggggggg! ¡Más ácida imposible! ¡Esto quita la sed hasta al mismo Mahoma después de cruzar el desierto y de haber perdido todo su aliento! La relleno de nuevo de agua para rebajar la acidez todo lo que pueda y continuo por unos suaves repechos rodeado de vacas. Al final del llaneo se llega al camino que es el GR-11 y empieza la subida propiamente dicha al coll de la Marrana. La palabra camino no es lo que lo define mejor puesto que la cosa se parece más a una autopista que a un camino. Aquí ya se puede ver a más gente y se aprecia bien los diferentes tipos de aficionados a la montaña en una situación de crudeza sin igual. El Sol aplasta con su agobiante calor. La subidita de marras conduce al coll de la Marrana por lo que la pendiente de la subida es una “marranada”. No es que sea lugar de paso del Tour pero en este tramo se suelen ver todas las miserias de la humanidad. Veo a una familia con el padre delante cargado con la mochila, los hijos quejándose a pesar de que no llevan mochila y allí, rezagada, a la madre que está dudando del porqué de su existencia viendo a sus seres queridos allí en la lontananza. Me adelanta un grupo de fornidos y jóvenes chicos vestidos todos con la misma kamiseta a todo “meter” y entre ellos una única chica con un paso igual de rápido que el de los machos y con la única diferencia de la kamiseta que, aparte de ser diferente, la lleva remangada al igual que los pantalones largos porque habrá pensado que hoy es una buena ocasión para rebajar alguna que otra caloría y es un buen momento para coger algo de morenez para su blanca piel. Unos minutos más tarde también me adelantará otra chica que ha perdido ya el tren de su grupo. Conozco a qué grupo pertenece por la kamiseta que lleva y entiendo que este es un buen sitio para rebajar esos molestos kilos que la sociedad se encarga de recordarnos que hay que perder y así mejoramos, de paso, la economía de los hospitales públicos. Como la subida es larga ya casi en la coronación del collado me alcanzan dos abueletes que han venido a pasar el domingo y haciendo uso de su incontestable experiencia ya van preguntándose si esas nieblas que se ven a lo lejos hoy van a derivar hacia una tremenda tempestad de consecuencias impredecibles. Aunque soy lento pero no tanto llego finalmente yo al coll de la Marrana y me los encuentro a todos retozando o recuperando el precioso aliento. No me entretengo mucho. Apunto los datos que me indica el GPS mientras muchos me miran intrigados y de reojo. Sólo un simpático y listo niño de unos cinco o seis años que sabe bien que el aparato que tengo entre las manos no es un móvil viene con toda naturalidad a preguntarme que es. Yo con la garganta algo dolorida por culpa de otro trago a mi exquisita y ácida limonada le contesto muy brevemente que es un GPS pero antes de que pueda explicarle algo más detalladamente su utilidad prefiere ir corriendo a preguntárselo a su madre que le reconoce desconocer qué aparato es un GPS. Mientras yo ya he recojido todos mis bártulos y emprendo camino hacia el coll de Tirapits siguiendo el GR-11.
Voy parando cada vez que encuentro algo que pueda ser de interés de medir con el GPS y me voy cruzando con la avanzada de otro grupo excursionista que ya van algo agobiados por la falta de agua y que van a poder saciar su sed en las fonts del Freser. En la cabaña de Tirapits aprovecho para comer aguna cosa y por uno de esos misterios que tiene la ciencia no se me queda grabado el punto en la memoria del aparato. No me doy cuenta de ello hasta que estoy ya en el coll de Tirapits y la verdad es que me da mucho palo volver a bajar para grabar el punto de nuevo. Paso de todo y me quedo analizando el paisaje. Me viene a la memoria lo mal que lo pasé aquí un mes de febrero del año 1979 haciendo la travesía Nuria – Setcases porque estábamos perdidos y también recuerdo lo que me comentaba en una carta mi primo Narcís que en este mismo sitio se perdieron aún y ser verano. No me extraña. El mapa está equivocado por lo que espero que mis datos GPS puedan servir algun día a alguien de ayuda. Me cruzo aquí con dos montañeros que aún y salir juntos de excursión cada uno va a su aire y a uno lo ves por aquí y al otro lo ves por allá pero que muy allá. No tanto como dos perdices que van muy juntitas y que no sé muy bien de qué marca son puesto que me llevan en plena coronilla una cresta de un rojo intenso que no había visto nunca. Ya se nota que no corre por esta zona mucha gente porque no huyen con mi presencia. A lo tonto a lo tonto llego a la primera cumbre del día el Pic Inferior de la Vaca (2832 m). Tiene muy buena vista hacia los Torreneules y la olla de Núria por un lado y hacia el Pic de l’Infern por el otro. En frente se empiezan a ver los lagos franceses y detrás quedan el Pastuira y el Balandrau.
Empieza aquí mi recorrido de hoy por unas cuantas cumbres de más de 2800 metros. A partir de aquí ya el camino deja el GR-11 y sigue ya siempre por la cresta cimera con pocas excepciones casi simbólicas. En la bajada al collado siguiente me encuentro de nuevo al grupo excursionista que me ha acompañado en la bajada del coll de la Marrana. Aquí la madre del niño que me preguntó qué era lo que tenía y que yo le dije que era un GPS no resiste su curiosidad. Me pregunta su utilidad y cuando comento que los datos van a ser publicados en una web ya me miran casi todos los del grupo con una cara de admiración que consigue disimular el evidente cansancio que tenían anteriormente. Más de uno dice que van a visitar mi web por lo que si leen la crónica aprovecho la ocasión para saludarlos. No sé por qué pero el jefe de este grupo que voy encontrando en estas últimas dos horas cada vez que me mira lo hace con una cara como si yo le hubiera hecho algo y estuviera dolido por ello … ¡En fin! Igual la cosa viene de mis anteriores reencarnaciones. No sé. Absorto en el pensamiento de la reencarnación dirijo mis pasos hacia el Pic de l’Infern. Me miro bien los repechones anteriores que hay antes de llegar a la cumbre para intentar descubrir el Pic dels Gorgs que aparece en el mapa de la Alpina. La verdad es que no lo se ver por ningún lado y concluyo que o es un pico fantasma o se trata de alguno de los repechones de la cresta que alguien lo debe considerar como si fuera un pico de verdad. Aún y seguir bastante por la cresta no sé resolver esta geográfica cuestión por lo que la voy a dejar como pendiente para resolverla en una próxima vez y después de estudiarme bien las fotos que he hecho hoy.

Llego al collado sur del Pic de l’Infern y me encuentro con otro grupo excusionista que llevan todos la misma kamiseta. Será que hoy va la cosa de kamisetas y yo no me he enterado. Hay un señor que se planta en el collado renunciando subir a la cumbre mientras comenta sus problemas de corazón y la cantidad de pastillas que debe tomar una y otra vez a casi todos los miembros del grupo a medida que van descendiendo de la cumbre. Otro lo consuela comentando los problemas que le ocasiona su gorda barriga. También hay una chica en el grupo que desentona de la tipología general que se la ve muy a lo suyo en plan “flipe fotográfico”. Veo que la cumbre después de tanto ajetreo me la han dejado para mí sólo y aprovecho para disfrutarla y comer algo acompañado de mi menos ácida limonada que la he podido hacer bebible gracias a que en las fuentes del Freser pude rebajar su ardor al rellenarla una vez más de agua. Eso sí cada vez antes de beber hay que agitarla bien. La cantimplora … evidentemente … más que nada para que el azúcar del fondo la suavice un poco. En la solitud de la cumbre oigo ruido a mi espalda. Es un simpático perro de un no tan simpático solitario excursionista francés. Y al rato llega otro algo más simpático excursionista solitario que me comenta el tremendo calor que hace hoy. Parece que todos llevan prisa y se quedan poco rato en la cumbre que está a 2880 metros. Yo como es la primera vez que sé seguro que la he subido después de muchos años de intentarla la disfruto algo más de tiempo y me voy sentado mirando un rato hacia alguna dirección diferente. Creo que como resultado de mi larga estancia puedo concluir que la mejor vista es hacia el lado francés.
Empiezo a bajar y la cosa va de parejas hasta que llego al Pic Freser (2843 m). La primera pareja es la del típico hombre que va como loco por la montaña de aquí para allá y la mujer que le intenta seguir bastante rezagada. Yo la saludo pero la pobre va tan cansada que no le sale ni tan siquiera un proyecto de saludo. La segunda pareja que me encuentro es de niñas que empiezan a ir por la montaña y van más de cháchara que de montaña. Y a la tercera pareja me la encuentro en el casi único lugar de la travesía que hay que utilizar las manos. Son dos abueletes que van preocupados por que no quieren que les pille la tormenta y nos quejamos de que ahora ya no hay nadie que se dedique a marcar los caminos. Total que estamos allí como tontos buscando el mejor paso posible. Pero como yo ya he hecho la mitad de la dificultad y ellos la otra mitad nos intercambiamos la información y así salimos todos airosos.
En la cumbre del Pic Freser ya no me encuentro más parejas me encuentro a un trío. Mientras una está preocupada porque no ve la cruz que indica que ha llegado a la cumbre otro comenta que le gusta mucho ir al Infierno. Después de leer en la guía excursionista la explicación del camino que deben realizar para ir al Infierno y confirmar que deberían estar en un sitio con una cruz repasan de nuevo todo lo leído con una brújula. Parece que no acaban de estar del todo seguros. Al final les acabo aclarando sus dudas indicándoles tanto el camino que deben tomar como que hace unos diez años yo ví justo en mis pies una pequeña cruz que hoy, efectivamente, ha desaparecido. Esperamos todos que no haya sido esta desaparición por algún fenómeno sobrenatural o infernal dado que estamos al lado del mismísimo Infierno. También comentamos que ellos hacen la travesía del Bastiments al Infierno y yo, en cambio, la hago en el sentido contrario. Discutiendo si puede ser mejor un sentido u otro acabamos concluyendo que el orden de los factores no altera el producto. Es decir, que cansado acabas igual de cansado tanto si lo haces de una manera como de la otra.

Una alegría grande en el día de hoy hubiera sido, por ejemplo, haber podido encontrar y tener de acompañante de excursión a la Araceli Segarra pero no ha sido así evidentemente. En cambio, gracias a que voy solo y alejado del bullicio que hacen los excursionistas en la collada de les Comes de Mal Infern me he encontrado, por primera vez desde hace muchos años por esta zona, a un solitario “isard”. El encuentro ha sido de las cosas más entrañables que me han sucedido en esta vida. Resulta que al vernos por primera vez él me lanza como un grito y yo le contesto intentando imitarlo lo mejor que sé. Sorprendidos tanto el uno como el otro vamos “hablándonos” y consigo irme acercando a él lentamente hasta tenerlo a unos pocos metros. Realmente es un animal inteligente mucho más que muchos de los hombres que nos presuponemos inteligentes. A mi me fascina. Una vez llego a la collada ya no nos gritamos empezamos a jugar. Primero el juego va de mirarnos y escondernos. Cuando yo me acerco él se esconde retirándose collado abajo. Cuando yo me retiro hacia el collado él se me acerca hasta que consigue verme. Si me escondo se me acerca hasta que me ve y al revés. Luego el juego deriva a las proezas animalísticas. Aquí él me gana la partida. Empiezo haciendo un salto. Menos mal que nadie humano me ve … A continuación me imita con unos botes impresionantes. A partir de aquí, de verdad, ya alucino. Me pasa el tiempo volando y yo debido a las miserias de esta sociedad debo partir puesto que me queda una subidita nada desdeñable hasta el Bastiments (2892 m). Me acompaña durante toda la subida el isard que me sigue siempre a distancia. Vuelve a lanzarme su grito característico pero con un tono algo más melancólico. A mí me da mucha pena. Al final también le grito esperando que me salga un tono menos melancólico que el suyo. No sé si lo conseguí o no. Él esperaba mi despedida. Con mi último grito alzó sus orejas. Nos miramos. Y parece que regresó tranquilizado a su reino, a su aire y sin prisas. Yo me encamino hacia el mío la cumbre del Bastiments que me hará parar alguna que otra vez para cojer aliento y es que mi forma física ya no me perdona y debo hacer los últimos metros mucho más despacio que el resto de las subidas.
En la cumbre me encuentro francamente mal. Me empieza a doler la cabeza y tengo un ardor de estómago impresionante como resultado de la limonada de las narices. Sed lo que es sed no he pasado nada de sed pero la acidez de estómago me hace pasar un mal rato. Me obligo a comerme una manzana y me voy a la segunda cumbre del Bastiments medio “grogui”. Allí me encuentro a un grupo de chicos y chicas que acaban de llegar. Les oigo decir que temen una tormenta. La verdad es que no estoy para conversaciones y no les digo nada porque me encuentro mal. Les iba a decir que no habrá tormenta hoy porque hay un isard arriba cerca de las cumbres de las montañas pero esto me requeriría un gran esfuerzo de pedagogía. Si quieres saber qué tiene que ver una cosa con la otra puedes verlo en mi artículo “Las vacas suben, los sarrios bajan; entonces … a las cuatro va a llover”. Son las tres de la tarde. Mientras los chicos del grupo van a la segunda cumbre y las chicas se quedan en la primera yo bajo lentamente hacia el valle. No sé si es que estoy muy “grogui” o que pero me parece ver a dos que estan subiendo al Bastiments a estas horas. Fueran chico y chica pensaría que éstos se lo han pasado de miedo esta noche y después se han decidido subir pero como son dos chicos no entiendo nada. Si yo ya he pasado calor imagínate ellos. Siempre es un consuelo.
Me pongo el piñón fijo y empiezo a bajar lento pero sin parar hasta que llego al río que hay cerca de las ruinas del antiguo refugi d’Ull de Ter. El agua me reanima y me pasa algo el dolor aunque me va a acompañar hasta que llegue al coche. Pienso tomarme una aspirina pero al final prefiero superar la crisis sin ella. Llegaré al coche a eso de las cinco de la tarde pero a medida que voy llegando acaba apareciendo el otro tipo de colectivo que frecuenta habitualmente la montaña: el “botejara”. Es decir, rollo familia incluidos normalmente abuelos, tíos y sobrinos que van a pasar el domingo al monte. A medida que desciendes hacia Setcases la cosa aumenta en “horterismo” puesto que acabas viendo al mismo tipo de familia pero incluyendo tumbona, mesa de camping y cesta de comida. Comprendo que es una actividad como otra, yo mismo lo he hecho, pero ponerse con la mesa a dos metros de la carretera ya es un poco patético, pienso yo, con la de sitios que hay en la montaña. Y es que hoy la gente sólo va hasta donde llega el coche y ni un metro más allá. Menos mal que el contrapunto lo ponen una pareja cargados con voluminosas mochilas que se ve de una hora lejos que están haciendo el trayecto del GR-11 hacia Setcases. Como no hacen autostop continuo. Me paro en la fuente que hay en la entrada de Setcases para beber y llenar la cantimplora de agua. Se acabó por hoy las limonadas. Y ahora ya sí sin parar voy bajando tranquilamente hacia Girona. Poco a poco se me va pasando el dolor de cabeza y la acidez de estómago hasta casi desaparecer.
Una vez llegado a casa me ducho y al poco rato llega mi ex que me trae a Néstor. ¿Dónde has estado que estés tan rojo? En la montaña. Papá, me dice mi hijo, la próxima vez que vayas a la montaña yo quiero ir contigo. Pues el fin de semana que viene nos vamos a intentar tú y yo el Montardo d’Aran …
Datos GPS de los puntos clave de la travesía desde el Coll de la Marrana
Coll de la Marrana (GR-11) 31T 437770.33 4696571 2536.33
Estany Feixa Llarga (GR-11) 31T 437114 4696616 2447
Fonts del Freser (GR-11) 31T 436527 4696790 2423
Cabaña de Tirapits 31T     2706
Coll de Tirapits (GR-11) 31T 435016 4696428 2790
Pic Inferior de la Vaca 31T 434840 4696603 2832
El Portell dels Gorgs 31T 435049 4696905 2747
Coll Sur del Pic de l’Infern 31T 435473 4697301 2854
Pic de l’Infern 31T 435413 4697354 2880
Coll Pic de l’Infern – Pic Freser 31T 435657 4697237 2802
Pic Freser 31T 435871 4697244 2843
Coll Pic Freser – Bastiments (secundario) 31T 436065 4697404 2744
Collada de les Comes de Mal Infern 31T 436287 4697551 2716
Pic de Bastiments II (piolet) 31T 436822 4697663.50 2882.50
Pic de Bastiments I (vértice geodésico) 31T 436988 4697590 2892
Coll de la Marrana (GR-11) 31T 437770.33 4696571 2536.33
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Con mucho: ‘Soley, Soley ….’ y después de mucho: ‘Tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac ….’ llegamos a la cima

ESTA CRÓNICA RELATA LAS HAZAÑAS QUE LES FUERON ACAESCIDAS A NUESTROS ONCE CABALLEROS DURANTE UN CAMPAMENTO INVERNAL DE CUATRO DÍAS EN LA SERRANÍA DE GREDOS.
Día 9 de noviembre de 1981.
Efectivamente. Así ocurrió. Miguel unos días antes había descubierto el “acueducto”. Era impresionante. Todo encaja. Todo lo previsible está a favor. Disponíamos de un fin de semana alargado con un lunes. El nueve de noviembre es la fiesta de La Almudena que es la patrona de la villa de Madrid. Las predicciones meteorológicas pronosticaban, como muy pronto, un cambio del tiempo para el lunes o el martes. Correspondía a unas noches con la Luna llena. Resumiendo. Todo a favor. Había que salir de excursión.
El plan a desarrollar era clarísimo. Desde muchos días antes estaba ya todo previsto (esto es lo que se debe decir siempre). El equipo organizador se ocupaba de todo.
El primer plan, fabuloso, era que: Nacho F., Quique A., Pablo L-P., Álvaro G. y Miguel irían en un coche a Sepúlveda. Es una zona que conoce muy bien Quique y es un lugar muy apropiado para realizar acampadas de varios días. El segundo, más ambicioso si cabe, fue ir a Granada en tren o Land Rover y con mucha gente. El tercero, reduciendo costes, fue ir a Gredos. ¡Bien! ¿A qué sitio de Gredos íbamos a ir? … Sólo Miguel lo sabe (mejor dicho: podía saberlo).
El jueves hacemos una reunión para preparar y explicar el plan. Ya se concretaron los últimos detalles. Vimos la gente que quería salir. Se resolvieron todas las dudas y se fijó la salida para las siete del día siguiente. Quedaba por detallar el medio de transporte pero esto no alteraba el plan a efectuar.
El viernes a primera hora Miguel pide las comidas para la excursión. Después se pone al teléfono para confirmar los horarios de autobuses y de trenes. Con los datos en la mano, el mapa de la zona, un mapa de carreteras nacional y una calculadora al son de la música de Super-Tramp repasa mentalmente el plan y pondera los posibles imprevistos que pueden suceder. Es una locura.
A media mañana llama Pedro L. para decirle que disponemos de la casa de sus parientes en Ávila pero que no puede dejarnos el coche. ¡No todo tenía que salir bien! Con las últimas noticias en la cabeza, preparo las cosas para la excursión y me voy a comer.
Por la tarde ya suceden las cosas muy rápidamente. Idas y venidas. Voy a buscar la tienda de campaña que falta y una mochila. Digo que volveré pronto y me voy a por las comidas que me las sacarán preparadas a media tarde. No están. Muevo hilos y me aseguran que estarán para las nueve de la noche. Vuelvo. Meriendo con Alfonso S. y al final no se decide a salir. Hablo con el padre de Chimo y me dice que me deja su coche para la excursión. Estupendo.
Noticias frescas. Quique A. se ha puesto enfermo esta misma mañana. Mariano R. ha ido al punto de encuentro y como no ha encontrado a nadie ha cogido los trastos y se ha ido a casa. Luego, por teléfono, dice que saldrá con el grupo que marchará al día siguiente. Jesús E. tenía el 99% en contra el día anterior por la tarde, el 51% en contra por la noche y en aquellos momentos había un 100% a favor de posibilidades. Tanto era así que allí estaba como un solo hombre. Miguel Ángel S. sin que le hubiese dicho nadie nada se había enterado y estaba allí dispuesto a ir a donde fuera preciso. Fenomenal.
Eran las nueve pasadas. Pusimos todas las cosas en el coche y nos fuimos al lugar donde habíamos quedado para juntarnos. Llego. Cuento los que van a salir y … ¡es evidente que no cabemos todos en el auto! Veo a: Xema L-P., José Mª G., Curro M., Gabriel E., Jesús E., Chimo G., Nacho F., Pablo L-P., Rafa S., Miguel Ángel S. y a mí marchándonos a la estación de tren de Chamartín ya que no hay otra forma de ir tanta gente que no sea en medios públicos. No cabemos todos en un coche.
Las mochilas y el material de excursión siguen en el coche del padre de Chimo. Resulta que Gabriel se ha ido con su padre a casa a recoger el carnet de familia numerosa que se le ha olvidado. Los demás vamos a esperar el autobús. Gus se ofrece a esperar a que llegue Gabriel, a que saquen la comida de una vez por todas y marchar luego, a la carrera, a la estación con el coche, las mochilas, Gabriel y algo de comida. En medio de todo este caos, que se contrapone a cosmos (orden, armonía, …), se ofrece el padre de Gabriel con una furgoneta Mercedes a llevarnos a todos a la estación. ¡Total! Que cambiamos todas las cosas de coche y con el acelerador a fondo llegamos a la estación a las diez menos veinte. Resulta que a las diez sale el último tren para Ávila. Ya estamos en el vestíbulo de Cercanías rellenando todos los vales para que nos hagan los descuentos por familia numerosa.
Voy a la ventanilla y nos dicen que no es allí. Esos billetes se despachan en la taquilla de venta anticipada. Dos gritos y ya estamos corriendo hacia allí. En el camino nos dicen que es un expreso que va a Gijón y, por lo tanto, más caro. Tanto da. Ahora ya no podemos echarnos para atrás. Llegando a la ventanilla nos dicen que hay otro que sale a las diez y veinte y que el de las diez ya lo hemos perdido. Al acabar de pulsar nuestras teclas en el ordenador se oye en la estación, por los altavoces, que el tren que va a Gijón tiene todas las plazas de sentado y de pie ocupadas. Habíamos sido los últimos.
En el tren nos hicimos amigos de todos. Esto, sin embargo, no fue motivo para que alguno de nosotros consiguiera asiento. Ya venía escrito muy clarito en el billete: “este viajero no tiene derecho a asiento”. Se rió de la nota hasta el revisor. Eso sí de pagar lo mismo que los demás. No lo entiendo. Creo que todos los viajeros del tren pasaron por nuestra zona de pasillo. Unos buscaban el bar, otros se habían equivocado de clase, otros no tenían asiento, otros iban al vagón contiguo, … Dada la enorme afluencia de gente nos pusimos a jugar a varias cosas. La que gustó más era que se formaba un pasillo de gente y el que pasaba por él tenía que acertar quién le daba un manotazo. Otro fue que nos tumbábamos en el suelo, como si se durmiera, y reírse de la gente que pasaba con sigilo para no despertarnos. También hicimos pasillo a la gente que pasaba con la misma pose que una jura de bandera. Jejeje! ¡casualidad! al poco rato pasó un militar de verdad tan o más cachondo que nosotros y simuló que hacía un reconocimiento médico de las tropas con un “sony”. Con tanto follón pasó lo que tenía que pasar y hubo que calmar los improperios de las abuelas cascarrabias y demás personajes que por lo visto querían conciliar el sueño. Por lo que se entiende resulta que nosotros echábamos por los suelos sus propósitos.
Poco antes de llegar a Ávila Pablo y Nacho ante la enorme cantidad de gente que pasaba por delante nuestro con latas de bebida se encaminaron hacia el bar. Hacía muy poco rato que lo habían abierto. A todos los que pasaban les pedían algo para beber. Viendo la jugada una tierna señora les preguntó:
– “¿Cuál es vuestro problema?
Y al unísono le contestaron:
– “La sed”.
Entonces, sin mediación de más palabras salieron del monedero 75 pesetas que tardaron muy poco en ser invertidas en la compra del líquido elemento. Una vez dieron buena cuenta de la Mirinda vinieron a contárnoslo los muy puñeteros.
A las dos horas llegamos a Ávila. Después de cruzar la ciudad “to tieso, to tieso” y, siempre y cuando, vayas a la izquierda o a la derecha en sus debidos momentos llegamos a la casa que nos habían dejado. Llegamos cantando y gritando canciones populares.
Las 12.30 de la noche. Emilio ya nos ha oído de lejos y nos ha abierto. Hay un problema. En Ávila cortan el agua por la noche. No podremos apagar la sed hasta mañana. Sin embargo, nos atiende estupendamente en todo lo demás. Nos enseña el lugar dónde podremos dormir y las otras dependencias de la casa. Después de cenar y de una guerra de sacos Miguel apaga las luces pasadas las dos de la noche.
La ciudad se despierta con la llegada del agua. Son las ocho de la mañana. Es un nuevo día. Nacho y Chimo desean salir a pasear pero no lo consiguen ya que la puerta está atrancada. Eso sí, las duchas empiezan a funcionar. Y en otra habitación ha empezado una batalla campal para ir abriendo boca.
Una vez todos duchados y desayunados se decretó que había un rato libre. La mayoría lo aprovechó para visitar la ciudad. Al principio cada uno fue un poco por su cuenta pero a media mañana nos reunimos para continuar la visita turística.

En la entrada de una de las Iglesias le dice un vigilante a Miguel que para entrar hay que pagar dos pesetas por persona. Después de una rápida conversación nos hace desistir de ello y probar suerte en otra. Vamos a la Iglesia de Santiago y también tiene guarda. Como vemos en un cartel que dicen misa a las once intentamos entrar sin pagar con la excusa de que queremos ir a la misa. Pero … según el guarda el sacerdote que decía esa misa se había muerto. Todo es ya un poco kafkiano por lo que debemos concluir que el horario de misas debe ser algo anticuado. Es una ciudad sin orden ni concierto. No se aclaran ni los mismos habitantes entre ellos. Preguntamos a todos y acabamos corriendo de un lado para otro. Como en Ávila lo que hay para ver son todo Iglesias de pago acabamos en las puertas de otra. En esta otra tampoco había misa. Nos hemos equivocado de nuevo. Pero … y ¿esa gente que hay dentro? Son de un entierro nos contesta con cara de circunstancias su cobrador. Total que como no nos ofrece ya mucho divertimento las escenas que devinieron optamos por marcharnos a pesar de que muchos excursionistas nunca habían asistido a un acto de estas características y resulta que no se lo querían perder. Acabamos en la plaza mayor de la ciudad. Aprovecho para comprar un carrete de diapositivas. Y decidimos ir a estrenarlo a las murallas puesto que el Sol estaba en su mejor momento.

Cansados de saltar, correr y posar para la cámara de Miguel nos fuimos a comer. Teníamos que hacerlo temprano para que nos diera tiempo a organizar toda la expedición y llegar a tiempo a la estación de autobuses.
Nos despedimos de Emilio. Se le notaba en la cara su alivio. Dejamos todo el peso que nos fue posible en la casa y con los disfraces de montañeros puestos nos fuimos a la estación de autobuses a primera hora de la tarde.
Cojimos el autobús que nos llevaría a Arenas de San Pedro y engañando al revisor y a los pasajeros nos pudimos instalar en la parte de atrás del autobús.
Aquí destacaron Pablo y Nacho que dieron el do de pecho. Estaban todos los viajeros asombrados. No sabían qué éramos. Unos debieron creer que éramos un grupo musical y otros, pocos, que éramos excursionistas. La verdad es que nos cantamos todas las canciones de la radio. Nos preguntaban a dónde íbamos. Los chicos contestaban que a Gredos y ante lo absurdo de la respuesta, puesto que ya estábamos en Gredos, dejaban de insistir sobre este tema. Las canciones eran a varias voces y nosotros mismos vocalizábamos los instrumentos musicales que la orquesta requería para la tonadilla. Yo con mi acusada timidez hice ni más ni menos que de presentador y animador al igual que los de la radio al resto del público del autobús.
Ha quedado para la posteridad como canción de la excursión la que dice algo parecido a:
“En la parada del autobús / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
y al picar el bono-bus / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac.
Un cigarrillo de fumar / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
para calmar mi ansiedad / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
mi corazón se pone a palpitar / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
y no lo puedo remedia-aaaar.”
Después de muchos giros a la derecha e izquierda, de subir y bajar, después de decenas de kilómetros e innumerables pueblos llegamos a Arenas de San Pedro. Era ya media tarde. Nos lanzamos en busca del panadero y de algún establecimiento que despachara vino. Cruzamos el pueblo y al final, allí, en la otra esquina conseguimos cinco barras de pan y un litro de vino que fue directamente a la bota.
A las ocho estábamos en marcha. Conocíamos ya a todos los pueblerinos. No se veía a un palmo de nuestras narices. Érase una noche a unos excursionistas pegada. Fuimos hacia Guisando siguiendo la carretera. Algunos se empecinaron en llamar al pueblo cocinando. Será, quizás, que no entienden bien el nombre. Unos meses más tarde me enteré que era el famoso pueblo que tiene eso de los toros prehistóricos. A los señores lectores no les sé decir si realmente eso es cierto o no ni si son tan interesantes como dicen ya que yo, personalmente, me dediqué al llegar a abrir latas debajo de la luz de una farola. Y dí tanto yo como los demás una buena cuenta a lo que había en el interior de las chapas. Seguimos hasta un lugar en el que los del Icona tienen un campamento. Estábamos a poco tiempo de la plataforma. Miramos a ver si nos podíamos colar en alguna cabaña pero como no había ninguna abierta plantamos la tienda de campaña y preparamos la sopa. En la sopa pusimos un ingrediente nuevo que unos lo llaman “barco” y otros “submarino” según sea la capacidad de inmersión del mismo. Los dos Miguel se instalaron un vivac al lado del fuego. Es el colmo del “morro” supongo yo: no sólo nos metemos en el terreno del Icona y plantamos una tienda sino que encima hacemos fuego y no nos dice absolutamente nada nadie.
El tiempo sigue inmejorable. A las nueve estamos en pie y a las diez y cuarto lo tenemos todo recogido, habíamos desayunado, nos habíamos lavado y proseguíamos la excursión.
Objetivo: llegar a comer al refugio Victory de los Galayos pasando por la cumbre de La Mira. El plan inicial era haber llegado a dormir allí pero esto nos fue imposible dadas las condiciones del camino que llevaban a él y por el enorme desnivel que nos quedaba por recorrer.
Al poco rato de empezar a andar se paró un coche preguntando por un lugar conocido por la “cabra”. Como no sabíamos lo que era ni a dónde era le recomendamos que subiera hasta la plataforma y allí se lo podrían indicar mejor. Se nos ofrecieron a subirnos las mochilas e incluso cupo alguno de nosotros. Llegamos a la plataforma y allí había una magna cabra en un pedestal. Cuando me dí cuenta estaban todos subidos allí y querían que les fotografiara. Creo que alguno se llegó incluso a colgar de los cuernos.

En la plataforma hay un refugio. Pero el refugio Victory estaba muy lejos aún. Pasando por las construcciones de la zona quisieron tirar algunos petardos pero fueron pillados con las manos en la mecha. Entonces fue cuando empezó la gran caminata. Anduvimos por un río seco, lleno de rocas, por el que estuvimos poco tiempo al encontrar un camino mejor algo más arriba y a nuestra derecha. Era más fácil de andar por él pero el cansancio ya empezaba a notarse. Seguimos. Después del bosque cambió el paisaje. Se divisó ya el refugio y toda la sierra de Gredos de esta zona. El refugio Victory estaba enfrente nuestro. A simple vista daba la sensación de estar en un sitio inaccesible. En realidad está justo en la ladera de La Mira. A la derecha va apareciendo todo el Galayar con esas paredes que desafían a cualquier escalador. Veo muy impresionante al Torreón cuya escalada por su cara norte está conceptuada como de máxima dificultad y fue conquistada por primera vez por Teógenes Díaz en 1934. La Torre Amézua, junto con la Aguja Negra, es una de las más bellas del Galayar y su cara oeste es también una de las más difíciles abierta en 1968 por Gerardo Blázquez y Rafael de Miguel. Aparte de las mencionadas las agujas de más difícil ascensión son el Gran Galayo de Puerta Falsa, que es la más alta, el Pequeño Galayo, el Galayo o Risco de la Ventana, la Punta Tonino Re, el Diedro de la Punta María Luisa, la Aguja Gemela Sur, la Punta Margarita, la Aguja Desconocida y la Aguja Nueva.
Poco a poco íbamos acercándonos al refugio. Desde la plataforma empezábamos a ir más acompañados. Se notaba por la gente que había que era un domingo correspondiente a un puente largo.

Faltan unos 40 minutos para llegar al refugio. Llegamos a una bifurcación. Se puede llegar a La Mira directamente cruzando el río Pelayos y si no se cruza se llega directamente al refugio. Nuestro camino va a complicarse un poco puesto que transcurre a través de unos pedregales. El grupo estaba fraccionado. Algunos ya casi en el refugio mientras que a los demás nos queda todavía un buen tramo. Detrás vamos cuatro Rafa, Xema, Jesús y yo que cierro siempre la comitiva. Andaba algo preocupado por lo que estaba viendo y oyendo. Eran las dos y media. Seguían ahora, imponentes, las paredes de los Galayos a nuestra derecha. Se veían cordadas progresar en ellas y en las vías conocidas había un grupo de aprendices dirijidos por monitores de algún club de montaña. En algunas de las vías se llegan a ver hasta cuatro cordadas evolucionando a la vez.
Observo. Escucho. Reflexiono. Me hace pensar todo lo que pondero que puede ocurrir un fatal desenlace. Lo comento con los demás y seguimos avanzando. ¿Qué se puede hacer? ¡Nada! Pero es que la situación es evidente. Lógica. Ya es tarde. Al poco se oyen voces de socorro. Ha sucedido. Nos enteramos de las primeras noticias por un grupo que baja corriendo a dar la alarma al pueblo. El resto de nuestro grupo, que ya estaba en el refugio, ha visto la caída perfectamente. Los que vienen conmigo no entienden qué me ha hecho deducir y predecir lo que ocurriría antes de que sucediese y el haberlo hecho con tanta rotundidad.
Al poco tiempo está todo el mundo ayudando a bajar el accidentado para llevarlo al pueblo. Por los gritos de dolor del herido nos damos cuenta de la magnitud de las heridas. Ha caído casi 80 metros. La ha salvado, si se salva, la cuerda que le dejó colgando a un par de metros de las piedras del suelo. Rebotó mucho en la pared. En nuestro pensamiento hay un sincero deseo de que todo tenga un desenlace feliz. Después de colaborar en lo que pudimos, comimos y reemprendemos la marcha hacia La Mira. A las cinco de la tarde todavía no había llegado ningún grupo de rescate a la bifurcación citada anteriormente por lo agreste del terreno.

Nosotros estábamos en un collado que no era el que queríamos y para colmo estábamos agotados por el esfuerzo realizado. Nos tomamos unos melocotones en almíbar y bajamos un poco para ir más a la izquierda. En la cumbre de La Mira vimos cómo empezaba a oscurecer. Memorizamos el camino de regreso y descansamos todo lo que quisimos. La Mira se llama así porque resulta que existe en su cumbre un torreón troncocónico utilizado en tiempos pasados para el telégrafo óptico que lo pusieron allí dada la extensión de terreno que desde allí se domina. Es también un vértice geodésico.
Desde la cumbre vemos las altas cumbres del circo de Gredos y del de Cinco Lagunas. A lo lejos se ve una granja que no parece que esté muy lejana y trataremos de llegar hasta allí puesto que nos puede servir bien de referencia.
Y se nos echó la noche encima y nos aplastó. Pasamos descaradamente por delante de unos toros bravos y alguién tuvo que salir corriendo porque no se le ocurrió cosa mejor que tirarles un par de buenas pedradas. Se lo tiene bien merecido.

Nos pusimos a bajar y con muchas peripecias llegamos a la carretera que conduce a Hoyos del Espino. Por la carretera comprobamos el tiempo empleado en recorrer un kilómetro. Exactamente son once minutos considerando que era bajada y que íbamos a un buen ritmo de marcha.
En las orillas del Tormes pusimos un nuevo campamento. El fuego esta noche no quería arder. Gabriel consiguió que tuviéramos sopa a base de soplar las brasas insistentemente. Molidos y con frío acabamos acostándonos el resto. Un nuevo vivac y arriba.
A las seis estábamos levantados y a las siete en la parada del autobús que nos llevaría a Ávila. Estuvimos esperando casi una hora. Una broma de muy mal gusto. Todos nos movíamos para no congelarnos de frío justo al lado del bar Gredos de Hoyos del Espino. No nos quedaba nada para comer. En el autobús esta vez se durmieron todos. El viaje fue para recuperar fuerzas y vitalidad. En Ávila ya nos conocíamos la senda a cojer “to tieso, to tieso” y después de comprar el pan llegamos a la casa. Estaba Emilio, nuestro sino, que nos preparó un desayuno que se recordará para siempre no por lo rico que estaba sino más bien por lo poco que sobró. Lo recojimos todo y nos fuimos a la estación. El tren estaba a punto de salir. Mientras se subían las cosas lo más pausadamente que pudieron yo compraba los billetes. El taquillero se lió con las prisas. A cambio de los billetes que nos despachó le dimos el dinero que quedaba de la excursión. Nos habíamos quedado sin un duro.
En el tren lo único que se puede resaltar es que dejamos las cuentas claras con la RENFE y que enfadamos de verdad al revisor. Seríamos algo sospechosos. Viajábamos en la parte final del tren que iba a Madrid Norte y resulta que los billetes eran para Madrid Chamartín. Chimo, que aún le quedaba humor para hacer travesuras, se había escondido en el cuarto de baño. Le dí todos los billetes al revisor y cuando éste quiso ver las fotocopias de familia numerosa empezó el lío. Había dos billetes con una reducción del 50% y un único viajero con la fotocopia correspondiente. De hecho ese billete era uno comprado de más pero no avancemos acontecimientos. Para aclarar el “gracioso” que se estaba colando repartimos a cada viajero su billete. Chimo, para aumentar el mosqueo del pica-pica, en el reparto sale del cuarto de baño para coger su billete. Sorpresa. Para el revisor también tenemos billete. Sobra uno pues el segundo con descuento del 50% se lo damos al acalorado buen hombre de recto quehacer en su tarea de revisar y encontrar maleantes que viajan sin pagar. Cachondeo, follón, aplausos, risas. El enfado, como es de suponer, llegó a extremos insospechados y nunca vistos en la empresa ferroviaria. Con ánimo de ser un viajero ejemplar organizo la situación. Todo el mundo en fila india y quietos en posición de firmes. Empezó a continuación un rastreo profundo por todos los rincones en busca del viajero escondido. Como llegó a la verdadera conclusión de que no existía se procedió al repaso uno por uno de cada billete expedido y realizando el acto supremo de picar el billete una vez comprobado que todo estuviera en perfecto orden. Como estamos en fila, cada uno con su billete, fotocopias y demás a presentar el revisor se puso en el pasillo y procedió a realizar su tarea. Para ello acordamos que una vez esté todo comprobado el viajero podrá proceder a entrar en el vagón y despejar el rellano intermedio. Nacho entra con su chequetren, todo correcto, no tiene que tener billete ya que el chequetren es lo mismo que un billete. Yo y Curro entramos con los billetes del 40% de descuento y la fotocopia correcta. Chema y Pablo también lo tienen todo correcto y tienen sus billetes normales. Rafa y Miguel Ángel tienen billetes con el descuento del 40% de descuento cuando en realidad sus fotocopias al estar mal sólo pueden tener un descuento del 20% por lo que deberemos pagar la diferencia. Anótelo. Chema y Jesús entran con billetes de ida y vuelta, un descuento del 25%, pero resulta que no estan sellados por el taquillero de la estación así que los debe sellar el revisor para que esté todo correcto. Chimo tiene la fotocopia caducada y aunque le vale el descuento practicado deberemos pagar una multa por ello. No se le olvide, apunte y siga. Gabriel lo tiene todo correcto. Sorpresa. Efectivamente, sigue sobrando un billete por lo que le rogamos nos devuelva su importe. Total que una vez aclarado todo empieza a sumar y restar acabando la cosa en que le debemos trescientas pesetas. Y empieza otro problema. No nos queda dinero. La discusión llega a límites inconcebibles a la mente humana. Pero un rayo de luz aparece por la ventanilla y le da de pleno en el cogote de Gabriel que no se sabe porqué pero resulta que empieza a revisar frenéticamente los bolsillos de su mochila y aparecen milagrosamente justo las trescientas pesetas que nos hacían falta. Le damos el dinero y quedamos en paz. La RENFE es eficaz.

Como no tenemos dinero no tenemos más remedio que ir andando desde la estación Norte hasta la Moncloa para coger el autobús. Resulta que la suerte nos acompañaba y entre todos los bono-buses que teníamos nos llegó para pagar un viaje para cada uno. Eso sí al final de la parada tuvimos que andar de nuevo y cruzar todo un barrio a pie para poder llegar a casa justo una hora más tarde de lo previsto gracias a la efectividad del transporte público. Cuando nos recuperamos del esfuerzo por la tarde ya empezábamos a recordar las horas pasadas y a pensar en la próxima oportunidad de huir del mundanal ruido.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Campamento Taga XV: agua constantemente (I)

Una excursión realizada el 18 de julio de 1978.
A pesar de la oposición declarada al deporte del montañismo por grandes sectores de la población gerundense y del mismo colegio, más por ignorancia que por otra cosa, nuestra afición a la montaña no decae y las llamadas para organizar el campamento han sido más numerosas que nunca. Unos días en los que la gente desea pasar el calor submergiéndose casi desnuda en las azules aguas de nuestra Costa Brava sin pensar en las colas que habrá que hacer para poder llegar. Y es que cansarse por cansarse yo prefiero el Pirineo a las planícies. Menos mal que para neutralizar un poco la cosa nos han puesto un Governador civil que el campamento le debe agradecimiento por su jamón y otras delicias del mismo calibre.
PK está levantado desde las tres y todo el mundo llega puntual al lugar de reunión mostrando una cierta impaciencia para abandonar esta muy inmortal y a la vez muy contaminada ciudad de los cuatro ríos. Las ganas se acrecientan más si cabe cuando vemos llegar las cajas de melocotones un tercer domingo bastante caluroso de julio. Los coches se van llenando de cosas útiles y de gente. No encontramos ya respuesta a la pregunta de si falta algo más.
La despedida pasa por la desagradable aduana que es el río Guell rojo de sangre animal que nos empuja a salir cuanto antes a buscar las aguas puras del Pirineo. Antes de llegar a la fuente hemos de soportar el para y avanza de los barceloneses que van a tostarse la barriga a Castelldefels, los relieves suaves y huérfanos de vegetación de la zona de Cabra, el Segre a su paso por Lleida y su complejo piscinícola lleno a rebentar, el río Sosa totalmente seco pero con el recuerdo de una destrozadora crecida que hizo caer el puente que lo cruzaba, la alegre compañía de Pere F. y sus compañeros en Graus bajando del Aneto en un día precioso, la salida de la bajada del Ésera con piraguas, la dura prueba de ir detrás de un tractor cargado de paja a paso de pulga después de ir a velocidades vertiginosas, la compra de una docena de huevos y un pan de menos (compensadas con un bastoncito de más), las advertencias de PK en Benasque, y, finalmente, la cascada que hay llegando a la presa de Senarta que nos anuncia un buen remojón en el puente del Plan de Baños.
Recibidos los primeros encargos, y esquivando a los mosquitos, nos disponemos a poner las tiendas tarea difícil si tenemos en cuenta la gran cantidad de piedras y la inclinación del terreno, en el que nos hemos puesto por un mal entendido. Faena que no habrá más remedio que terminarla con la luz del butano. La cena tiene hoy un tanto de improvisación fruto de otro mal entendido. Pasamos con poca cosa pues tampoco es que hayamos gastado tantas energías a parte de los conductores. En la sobremesa se nota el sueño y otros factores psicológico-físicos por lo que en lugar de contar chistes salen encargos, historias pasadas y avisos para un futuro campamental mejor.
Lunes día 17 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las ocho. El agua helada del Ésera despierta nuestro físico. Un par de vasos de leche con chocolate deshecho, galletas y mermelada preparan nuestro estómago para la apretada mañana que nos espera a los acampados.
Los corazonistas han tenido el buen corazón de dejarnos el mástil y sólo hay que desplazarlo y clavarlo entre unas piedras que van de perilla. En la cocina se desarrolla una tarea de búsqueda de losas, limpieza de ortigas, cálculo de la situación del fuego y la instalación de un cordel para colgar los utensilios. Con más pena que gloria avanza la excavación de un hoyo para la basura y la fabricación de una mesa de tal forma que para la comida ya la podremos usar eso sí vigilando no te caiga el cubierto, vaso o catimplora entre el ramaje de su superficie.
Después del café la parábola del niño que rompía geranios saliendo enfadado del vestuario porque había perdido el partido y que fue invitado por el profesor a plantarlo de nuevo me hace pensar que es lo que deberían practicar muchos de los ecologistas vociferantes de hoy día. Los practicantes de la montaña no solemos ir a patadas pero sí podemos utilizar indebidamente el piolet, las manos o la palabra. Sea como sea, con estos pensamientos en la cabeza empezamos a preparar la ascensión al Aneto por el valle de Coronas.
Los que tienen la suerte de hacer el camino hasta Vallhiverna a pie gozan del largo encanto de ver la maravillosa colección de cascadas que cuelgan de los verticales relieves de este valle tan característico. Los que tenemos que sufrir la agobiante prueba de hacerlo en coche con el objeto de subir el material de acampada y las mochilas reciben, para no dormirse, pesadas lecciones de geografía pirenaica y geología lacustre adornadas de comparaciones tan burdas como las que se establece entre el Lago de Banyolas con los de Cregüeña y Llosás. También presenciamos el paso de un rebaño de 2800 ovejas conducidas por dos únicos pastores y dos perros que son realmente algo que pronto veremos extinguir. Prueba de ello son sus quejas hacia el Ayuntamiento de Benasque por dejar pasar vehículos por esta pista y que les hacen ir mal en sus tareas cotidianas.
Con pesadas mochilas y tiendas emprendemos el camino de Coronas a paso calmoso. Tendremos que sacarnos el pañuelo del bolsillo para secar el sudor que nos cubre el rostro. Las peladas y retorcidas montañas de Vallhivierna y Culebras ofrecen un contraste patente con la cascada que ruidosa baja entre la hierba y los matojos del primer ibón de Coronas y las afiladas losas manchadas de nieve de la cresta de Cregüeña.
Un trueno, modesto por su ruido pero funesto por lo que anuncia, es el toque de atención. Algunos se dan prisa para plantar las tiendas pero en realidad no les da tiempo ni a poner la primera. Con la misma destreza que habían utilizado para clavar los clavos se disponen a desclavarlos y salir a esconderse. La tienda bajo una piedra y los que la ponían en una cueva cercana que resultará apta para ver los destellos de los rayos aunque tengo un molestísimo goteo que me va justo a la oreja. Los que vienen detrás sólo han podido llegar a un pequeño montículo que da justo encima del ibón y no nienen mas remedio que tumbarse al suelo con la única protección de su mochila ante el gran viento y pedrizo que les cae. Con el desconcierto se dejan en el lugar piolets, crampones y algún anorak.
Nota del traductor: querría ampliar el dantesco espectáculo que tuvimos… Yo estaba al final de la comitiva. Ni siquiera habíamos llegado al montículo. Teníamos enfrente la cascada que cae del ibón. En el grupo íbamos casi diez personas. La gente estaba más que aterrorizada. Para muchos era su primera excursión a la alta montaña. Se vio clarísimamente cómo el viento llegaba a tener tanta fuerza que el agua de la cascada no llegaba a caer al suelo. El viento huracanado y encajado levantaba por completo todo el agua de la cascada y la subía un centenar de metros con una violencia increíble. Agua por doquier de la lluvia y de la cascada. Un pedrizo nunca visto. Un chaparrón de los que hace historia. A todo esto vociferando espoleaba a la gente para ir al refugio de la cueva. Pero… cuando veías los rostros de la gente se veía claramente la expresión del horror… no avanzamos ni un paso así… hubo que esperar a que amainara… Pero la aventura no acaba así… Continua el cronista.
Pasados los primeros espantos y remojones acabamos todos bajo la gran cueva y nos cambiamos la ropa los que podemos.
Nota del traductor: ¿todos? igual como lo del Astérix… ¿todos, todos? ¡No! Resulta que los ánimos van calmándose bajo la cueva poco a poco y la gente se empieza a organizar. Ha parado de llover. Yo en eso que un no sé porqué cuento a los que estamos allí… ¿y? Pues que me faltan dos. Vuelvo a contar… Sí me siguen faltando dos… Le digo a Robert que disimuladamente cuente él… Y llega a la misma conclusión que yo. Faltan dos. Decidimos Robert y yo no decir nada a nadie. A PK le decimos que nos vamos a mear. Empieza el rastreo… Nada por aquí. Un piolet por allá. Un peazo tienda en esa rama. Una bolsa de comida en unas piedras. Y… ¡Por fin! Nos encontramos a los dos que nos faltaban. Acurrucados. Abrazados. Llorando… ¡de miedo! ¡de terror! Se habían quedado allí inmóviles y allí se hubieran quedado estoy seguro de ello si nadie va a por ellos. Una vez tranquilizados regresamos con el grupo… Continua el cronista.
Cuando para de llover es pronto pero oscurece pronto. Nos disponemos a plantar de nuevo las tiendas cerca del ibón y cenar un poco. Una especie de espanto y sordera acaba adueñando a todo el mundo. Un “broncón” que se queda paradójicamente sin respuestas. Se empieza a trabajar en silencio. Sigue faltando más material. Objetos de valor como los piolets y los crampones son necesarios para poder mañana subir al Aneto. Por suerte dos voluntariosos se pasan parte de la noche rastreando las cercanías y acaban dando con todo lo que falta justo en la cumbre del montículo. Nos ponemos a dormir entre las doce y la una de la noche. Aparecen las estrellas en el firmamento y con ellas la calma que le sigue a toda tormenta.
Martes día 18 de julio de 1.978.
El más impaciente se levanta a las cuatro. Un viento frío te hace venir una piel de gallina. Cuatro estrellas hacen que alguien empiece a tocar un impertinente pito a estas horas tan inoportunas. Nadie hace mucho caso al toque de diana y la verdad es que hacen bien. Finalmente se decide a despertar al jefe con el infalible sistema de hacerle cosquillas y percusión aunque no logra su objetivo a la primera. El viento y el frío han parado. La voz acaba siendo secundada y abandonamos el campamento a las cinco y media. Cuando el cielo se aclara unas nubes finas y no muy dispuestas a moverse hacen acto de presencia por el sur. Las piernas empiezan a enflaquecer y presienten nuevas tormentas como la de ayer. Poco tardamos en empezar a pisar grandes manchas de nieve no muy dura.
La llegada al segundo ibón constituye una alegría muy reconstituyente puesto que además del espectáculo que representan sus aguas azules, heladas en su zona central, comprendo que hemos pasado lo peor, el tarteral de piedra, y que ahora toca el turno a la nieve y a pasear. El tercer ibón es más grande y está totalmente helado. El bacon y la limonada tienen mucho éxito a pesar de que no son tan buenos como otras veces.
La larga subida por nieve hasta el collado de Coronas no se hace excesivamente pesada ya que la nieve está normal incluso tirando a dura en algunos lugares por lo que decidimos encordarnos con una visión del Posets sumamente animadora. El ibón Coronado con el hilo de agua que lo cruza y abandona por un hueco en el hielo viene a ser un oasis en este desierto de nieve y hielo “de dos brazos de ancho y cuatro o cinco de largo” que es el glaciar del Aneto. Llegando a él todavía hace falta realizar un último esfuerzo hasta la cumbre. Las palabras del poeta lo recuerdan y viendo el mar de nieblas con pequeñas islas y levantando la cabeza tímidamente por encima de la Vall d’Aran y del Garona francés me permito pronunciar junto con Verdaguer sus versos…

“los núvols, que voldrien volar sins a sa testa,
si no els hi puja l’ala de foc de la tempesta,
s’ajauen a sos peus”.

Hay una rara calma del aire y eso que estamos por encima de los 3300 metros. El Sol deja sentir su carícia quemando nuestra cara y ablandando la nieve a nuestros pies de tal forma que casi me ahogo al andar en cordada muy lentamente. En las frecuentes paradas me entretengo a mirar la afilada cresta que del Coronas sale hacia la Maladeta y la gran cuenca que se forma bajo su protección, a La Forcanada que sobresale entre las nieblas y el Ibón de Barrancs que parece una gota de agua fundida al pie de un vaso de hielo. Después de estirar la cuerda unas cuantas veces llegamos a la plataforma que hay antes de pasar el paso de Mahoma. Son las once. Hemos de esperar que los grupos que han llegado antes que nosotros pasen este temible accidente geográfico. Una espera que se hace larga sin el líquido elemento y sin nada sólido que poder echarse al estómago. El corto trayecto hasta la cumbre más alta del Pirineo es algo más que entretenido y culmina en la cruz y la Pilarica que lo presiden.
Desde aquí se puede apreciar a la cresta sur que parece asequible junto con las paredes que flanquean el Tempestades. Las fotos de ritual. La alegría es desbordante para muchos que han logrado su primer tresmil.
En la bajada la nieve se hunde más, aunque no en exceso, hasta el collado de Coronas. Encontramos a varias cordadas que justo ahora estan subiendo y una de ellas viene del Coronas que nos explica que allí la nieve está más dura. El agua del ibón Coronado sirve para llenar las catimploras de vitaminas que nos hacían mucha falta y para imprimir un poco de cautela a nuestros movimientos en el siguiente tramo del camino. La cuerda para muchos resbalones y acaba presenciando formas de descenso un tanto peculiares.
Una dosis de preocupación y tristeza nos entra cuando oímos gritos de socorro y pánico mientras vemos caer y chocar con las piedras de la vertical brecha inferior de Llosás a un excursionista que la pretendía bajar sentado cuando nosotros estamos en el segundo ibón de Coronas. Intentamos hacer algo enseguida y en su auxilio pero vemos como los compañeros suyos llegan y nos indican que no es necesario que subamos por lo que marchamos desconociendo la magnitud del accidente. Mientras, los primeros que han bajado han desplantado las tiendas y emprendemos entre fuentes y cascadas por todos los lados la bajada hasta la pista.
Llegando al campamento base las cosas han cambiado un poco para hacer la cosa más emocionante. El río baja mucho más caudaloso y acelerado por debajo del puente de troncos, el viento ha tumbado un par de tiendas y ha repartido por doquier todos los objetos de la cocina. Sacrificamos el baño, ya que el Sol también se ha ido, con el objeto de arreglar pronto los desperfectos y hacer una comida-cena ya que hay hambre y tampoco se va a cocinar nada más. Una nueva tormenta traslada al estado mayor del campamento a Los Baños de Benasque y en el bar se respira un ambiente muy amigal y familiar al ritmo de las melodías de Antonio Machín. En el campamento hay alguien que ha estornudado tan fuerte (no es exactamente así) que ha hecho caer el palo de la tienda y acaban siendo infructíferos los esfuerzos para levantarlo de nuevo por lo que acaban durmiendo con la cosa tal cual. Mañana será otro día.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

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2017 - Miquel Pavón